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Publicado el 19 de febrero, 2019

Camilo Cammas: El sida y los inmigrantes

Abogado, analista legislativo Camilo Cammás Brangier

En 2015, nuestro país estaba cercano a erradicar la transmisión vertical del sida (madre a hijo), situación que podría retroceder por diversos motivos. Más que un “discurso xenófobo”, lo del ministro de Salud Emilio Santelices es una legítima preocupación por una realidad que podría generar un serio problema de salud pública.

Camilo Cammás Brangier Abogado, analista legislativo
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Una vez más, el tema de los inmigrantes vuelve a ser causa de polémica en la prensa. Esta vez, a raíz de las declaraciones hechas recientemente por el ministro de Salud, Emilio Santelices, quien tuvo la osadía de desafiar los cánones de la corrección política imperante al decir que el aumento de contagio de VIH corresponde mayormente, en términos relativos, a casos de extranjeros avecindados en el país.

En efecto, según el ministro, entre 2017 y 2018, hubo un incremento total de un 19% de nuevas personas que viven con VIH. En la población chilena, el aumento fue de un 0,8%, mientras que un 75% dentro del universo de la población extranjera.

Al respecto, un integrante de la comunidad venezolana, Luis Zurita, mostró su preocupación, culpando a la falta de políticas públicas existentes e indicando que el “discurso” que se instala con estas declaraciones busca crear enemigos externos en el combate contra el SIDA. Asimismo, representando a la comunidad colombiana, Yesid Castaño culpó a la falta de una cultura de educación sexual en nuestro país.

Evitaré referirme a las expresiones de compasión, buenismo y falso humanitarismo, así como también a las clásicas acusaciones de racismo y xenofobia, propias de los Guerreros de la Justicia Social, que rasgan vestiduras cada vez que ocurren cosas como estas. Por el contrario, me enfocaré más bien en cifras y datos duros, pues los números no mienten. Expondré el caso de la migración haitiana, que probablemente ha sido la más polémica en nuestro país.

Es bien sabido que el sida se ha convertido en una epidemia en Haití, situación que sólo se ve superada por África. Estos altos índices han causado problemas a países tales como la vecina República Dominicana, donde se gasta alrededor de un 20% del presupuesto anual de salud en haitianos indocumentados. 600 millones de pesos dominicanos (alrededor de $11.857.000 de dólares) corresponden a la partida presupuestaria destinada a medicamentos antirretrovirales, los que se ocupan mayormente en pacientes de sida provenientes de Haití. Más aún, el director ejecutivo del Consejo Nacional para el VIH y el SIDA de República Dominicana informó que los inmigrantes haitianos aportan el 47,83% de nos nuevos afectados con el virus.

¿Por qué me refiero al caso haitiano, que corresponde al segundo mayor en Chile y no al venezolano, que ocupa el primer lugar? En la sesión 47ª ordinaria de la Comisión de Salud de la Cámara de Diputados, de 18 de diciembre de 2018, la que presencié personalmente, el ministro expuso, entre otras cosas, que la población haitiana es reacia a tratarse dicha enfermedad, pues considera que es una especie de “mal de ojo”, cosa que no es de extrañar debido a la amplia práctica del Vudú y la Santería en ese país. El ministro señaló también que, debido a lo anterior, es sumamente difícil prevenir la transmisión vertical, es decir, de la madre al hijo. En aquella ocasión, la diputada Cariola, también presente, ni chistó.

Lo anterior parece absurdo y podría calificarse de estigmatizante, sin embargo, a pesar de que en los últimos años ha habido cierta contención de la enfermedad y reducción de los contagios en la isla, índices proporcionados por ONUSIDA respaldan lo dicho, siendo una cifra relevante aquella que corresponde a la transmisión vertical. En efecto, según la entidad, a 2016 había 150.000 personas con VIH viviendo en Haití. Hubo un total de 7.900 nuevos contagios y 4.600 muertes relacionadas con la enfermedad. De estos nuevos contagios, un estimado de entre 500 y 1.000 niños fueron infectados por transmisión de madre a hijo. Por el contrario, en 2015 nuestro país estaba cercano a erradicar la transmisión vertical, situación que podría retroceder, por los motivos anteriormente expuestos.

En lugar de tratar de racistas y xenófobos a quienes dan a conocer estas verdades incómodas, es necesario escucharlos y analizar la información que proporcionan, pues tras este aparente “discurso xenófobo” puede haber legítimas preocupaciones por una realidad que podría generar un serio problema de salud pública. Es deber del estado informar y preocuparse por estas realidades. ¿Frívolo, irresponsable y estigmatizante lo dicho por el ministro Santelices? Mi respuesta es un rotundo no.

FOTO: LEONARDO RUBILAR CHANDIA/AGENCIAUNO

 

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