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Publicado el 07 de junio, 2015

Breve historia de una crisis económica

Economista Patricio Arrau
El reciente cambio de gabinete, que reemplazó al jefe económico y al equipo político completo, no hace más que corroborar este estado de crisis inducido por la conducción de las reformas. Además de la base ideológica, representada por la metáfora de la retroexcavadora o refundación del modelo económico, se sumó el estilo aplanadora de imponer reformas técnicamente desprolijas y desprovistas de acuerdos amplios previos.
Patricio Arrau Economista
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Hace un año atrás, en esta misma época, llevábamos 2 meses discutiendo una radical reforma tributaria para financiar una aún desconocida reforma educacional. Las autoridades aseguraban que la economía venía de menos a más y que la reforma tributaria no afectaría el ahorro, la inversión o el crecimiento. Al revés, pregonaba el equipo político-económico que dirigía el país, la reforma tributaria y la reforma educacional eran la combinación que Chile necesitaba para crecer con equidad e inclusión social. Luego vino la reforma educacional que puso fin a la historia de educación mixta en Chile y la reemplaza por una educación dicotómica. Privada sin subsidio alguno, que se estima será para el 10% más acomodado de la población, y educación gratuita, financiada por el Estado, que abarcará al 90% restante. Se invertirán entre US$ 5.000 y US$ US$ 7.000 millones de recursos con aval estatal para adquirir la infraestructura educacional que invirtieron los empresarios de la educación que se aventuraron con la invitación que el presidente Aylwin les hiciera hace 25 años atrás cuando se incorpora el copago. Un modelo público-privado que venía de menos a más es interrumpido en forma extrema, inspirado en una ideología igualmente extrema, que pregona que lo público y lo privado son dicotómicos.

Una ideología que no ha estado en el debate público ni electoral, que pasó colada en un programa más vago y general de lo que sostienen sus autores. Después vino la reforma laboral, enfatizando precisamente los temas en los cuales no hubo consenso en la Comisión Meller del primer gobierno de la presidenta Michelle Bachelet. Se privilegió los aspectos más sindicalistas de la CUT y se posterga nuevamente los temas de flexibilidad y adaptabilidad laboral que tanto necesita nuestra economía. Un reforma desconectada de las tendencias del futuro que terminará estimulando la sustitución del trabajo remunerado por capital y servicios externalizados amparados en las nuevas tecnologías. La reforma no tiene defensores técnicos, solo políticos, y es percibida por el sector empresarial como una muy seria amenaza a la estabilidad de las decisiones de inversión. Finalmente, en el contexto de los necesarios cambios que requiere nuestra Constitución, se abre un debate sin delimitación alguna, tanto del fondo como de las formas en que estos cambios tendrán lugar, desconociendo nuestro mejoramiento institucional gradual y generando una significativa dosis adicional de incertidumbre.

El Banco Central de Chile acaba de reducir su rango de proyección de crecimiento para este año, desde una estimación central de 3% a una de 2,75%, para una economía cuyo producto potencial se encuentra, en mi opinión, cerca del 4% anual. El crecimiento del mes de abril fue un magro 1,7%. Hace un año atrás se discutía qué porcentaje de la desaceleración podía atribuirse a la discusión doméstica y que porcentaje podía atribuirse al entorno externo. Ya no más. El entorno externo ha estado muy estable y sin variaciones significativas. Hoy nadie discute que el desplome de la inversión y la fuerte desaceleración del crecimiento fue la consecuencia de la incertidumbre imperante por las reformas y por el estado crispado del debate político interno. Todo ello se agrava al develarse este año la oscura forma en que se financia la política en Chile, que crecientemente enloda y pone un manto de sospecha de corrupción y cohecho a toda la clase política y al mundo empresarial.

El reciente cambio de gabinete, que reemplazó al jefe económico y al equipo político completo, no hace más que corroborar este estado de crisis inducido por la conducción de las reformas. Además de la base ideológica, representada por la metáfora de la retroexcavadora o refundación del modelo económico, se sumó el estilo aplanadora de imponer reformas técnicamente desprolijas y desprovistas de acuerdos amplios previos.

El nuevo equipo político y económico tiene la titánica tarea de revertir el estado de expectativas negativas que hoy mantiene muestra economía a mitad de crecimiento, y retomar así la tendencia de largo plazo. Para ello es imprescindible despejar las incertidumbres que permanecen y despejar las dudas sobre la naturaleza y profundidad de los cambios. Abandonar las aspiraciones refundacionales y retomar el mejoramiento institucional gradual que ha permitido un importante desarrollo en los últimos 30 años.

Se debe descartar la Asamblea Constituyente y limitar el ámbito de discusión de los cambios constituciones. Se debe balancear la reforma laboral e incorporar una significativa libertad para negociar jornadas flexibles. Se requiere una significativa simplificación y corrección de la reforma tributaria y volver a un modelo de educación superior donde los recursos fiscales se limitan a los estudiantes más vulnerables, descartando la regresiva gratuidad universal propuesta y la injusta transición anunciada recientemente. Volver a privilegiar el crecimiento económico e institucional, con acuerdos amplios, es el camino al desarrollo que eligió Chile.

 

Patricio Arrau, Doctor en Economía y Consejero Fuerza Pública.

FOTO: AGENCIA UNO

 

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