La baja aprobación que tiene el Presidente Gabriel Boric a solo cuatro meses de asumir el cargo, constituye una amenaza para la capacidad de su gobierno de avanzar en su agenda de reformas, pero también para la eficiencia con la que puede responder a los urgentes problemas de inflación y desempleo que enfrenta el país.

Ya que una posible derrota de la opción Apruebo en el plebiscito del 4 de septiembre golpearía duramente la línea de flotación de su gobierno, Boric debe actuar rápido para superar la crisis en la que se encuentra inmerso. Por eso, aunque su intuición sea proteger a sus amigos que ocupan cargos importantes de gobierno -como la ministra del Interior, Izkia Siches, y el ministro secretario general de la Presidencia, Giorgio Jackson-, Boric tiene que escoger entre proteger la estabilidad de su gobierno o proteger a sus amigos.

Desde que anunció a los miembros de su gabinete, el entonces Presidente electo dejó en claro que no entendía una de las obligaciones principales de un Presidente de la República. En vez de gobernar con aliados políticos que representaran la pluralidad de puntos de vista en su coalición y la diversidad del país, Boric nombró en dos de los puestos más importantes a amigos personales y compañeros de su meteórica ruta política que lo llevó desde el movimiento estudiantil al Palacio de la Moneda.

Salvo Sebastián Piñera, un Presidente que probablemente Boric no ve como un modelo a seguir, ninguno de los presidentes que ha tenido Chile desde el retorno de la democracia nombraron amigos personales en esos dos cargos de confianza tan esenciales para el gobierno como el Ministerio del Interior y el Ministerio Segpres. Aylwin nombró a Enrique Krauss, un aliado histórico, en Interior. Pero en Segpres nombró a Edgardo Boeninger, un tecnócrata que no compartía su misma trayectoria política. Frei comenzó su gobierno nombrando en Interior al presidente del Partido Socialista de la época. Lagos nombró a José Miguel Insulza en Interior, un político del que no era cercano. Bachelet, solo en su segundo gobierno, cometió el error de nombrar a un exasesor en Interior, Rodrigo Peñailillo. Los resultados no fueron buenos. Pero en Segpres, Bachelet nombró a Ximena Rincón, una senadora DC de la que no era cercana. Boric, en cambio, siguió el modelo de Sebastián Piñera, quien, en sus dos gobiernos, nombró personas cercanas en Interior -Rodrigo Hinzpeter y Andrés Chadwick- y en Segpres -Cristián Larroulet y Gonzalo Blumel-.

El error que cometen los presidentes cuando nombran personas cercanas en puestos así de importantes es que, cuando las cosas andan mal, las preocupaciones personales de amistad nublan las consideraciones políticas del Presidente de realizar un ajuste al gabinete. Porque no es lo mismo pedirle la renuncia a un político de carrera que ha vivido esa experiencia antes, que remover de su cargo a un compañero de ruta, los presidentes siempre demoran los necesarios cambios de gabinete cuando deben sacrificar a un aliado o un amigo.

Eso es precisamente lo que le está pasando ahora al Presidente Boric. A sabiendas que su gobierno no anda bien y ante el inmenso desafío que implica la crisis de seguridad y la alta inflación que existe en el país, Boric está paralizado en La Moneda. La incapacidad de Izkia Siches para hacerse cargo del problema de seguridad y la dificultad que ha tenido Giorgio Jackson para enrielar la agenda de reformas legislativas constituyen un serio problema para el gobierno de Boric.

Como si la situación no fuera de por sí compleja, Boric enfrentará el desafío más difícil de su cuatrienio el 4 de septiembre. Porque el futuro de sus reformas depende de una victoria del Apruebo, Boric no se puede dar el lujo de perder el referéndum. Como entonces ya no existirá la Convención Constitucional y la cara más visible del Apruebo será el propio Presidente de la República, Boric debe tomar hoy las medidas necesarias para optimizar las chances de victoria del Apruebo.

No se precisa ser un político experimentado para entender que Boric se encuentra en un momento difícil. Ningún político quiere pagar el alto costo de hacer un cambio de gabinete tan temprano en su gobierno. Pero el costo de no hacerlo es todavía mayor. A menos de 10 semanas del plebiscito del 4 de septiembre, el Presidente Boric necesita dar un golpe de timón que le permita a su gobierno retomar el control de la agenda política y optimizar las chances del Apruebo en el plebiscito de salida. Aunque le resulte doloroso sacrificar a sus amigos, su principal tarea y obligación hoy es salvar al gobierno y evitar una derrota el 4 de septiembre.

*Patricio Navia es sociólogo, analista político y profesor de la UDP.

Patricio Navia

Sociólogo, cientista político y académico UDP.

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