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Publicado el 26 de octubre, 2015

Bachelet y empresarios: Una travesía sin señales (o malas señales)

El gobierno debe entender que los empresarios no son seres extraños, son ciudadanos también. Por ende debe salir al encuentro de este ciudadano, en terreno y con agenda.
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Si existe algo más complicado que navegar en aguas turbulentas, es navegar sin señales. Y lo que es peor aún, navegar con señales equivocadas.

Sobre todo cuando de ambos lados se hacen esfuerzos por ponerse en el lugar del otro, cuando se busca abrir los canales y restablecer la confianza. Situaciones como la acontecida el jueves recién pasado –la ausencia de la Presidenta a la cena de la SOFOFA- son un verdadero portazo en la cara. Es por ello que resulta difícil entenderlo, sobre todo cuando lo que más se necesita hoy es aumentar las certezas, generar credibilidad y buen entendimiento. Actitudes como ésta no son coherentes ni tampoco una buena señal.

Cuando la credibilidad y la reputación del gobierno están en tela de juicio, cuando el empresariado busca acercar posiciones, cuando el ambiente está enrarecido, no podemos caer en estas puestas en escena y generar este tipo de señales. Todas potentes y muy malas señales.

Malas y que no contribuyen. Que amplifican una mala percepción y que logran que el argumento (o relato gubernamental) pierda peso. Más aún cuando se invocan razones casi infantiles de agenda o la necesidad de mostrar un gobierno en terreno. Craso error.

Craso error, cuando para cualquiera es obvio que uno de los terrenos donde debe darse la conversación es justamente en este tipo de instancias (cena SOFOFA). No resulta entonces coherente, lógico, razonable, ni mucho menos creíble.

Digo que no es coherente, pues no se condice con el discurso público y descartemos también que pueda ser una estrategia, pues de serlo denota improvisación y poco cuidado.

En este contexto, durante los últimos días surgieron trascendidos que aludían a la posibilidad de que esta inasistencia fuera producto de cierta molestia de La Moneda con las críticas esbozadas desde la industria a la conducción económica del país. Si bien este fue uno de los argumentos planteados para justificar lo que pasaría al final, tampoco es razonable, ya que el diálogo y la crítica son parte de una democracia sana, de un gobierno en terreno y ciudadano.

Como guinda de la torta surgen luego las críticas de un diputado del PS, quien aludiendo a los empresarios que lamentaron la ausencia de Bachelet a la mencionada cena, señala que “se sienten dueños del país y que debemos rendirle tributo”.

Declaraciones poco afortunadas como estas contribuyen a crear un clima crispado, de baja tolerancia, poco entendimiento y distancia. No ayuda, no aporta y no sirve.

Por lo mismo, conviene recordar que en los últimos años hemos vivido una transformación importante en lo que es el paradigma empresarial y el entorno de la comunicación, que ha llevado a las empresas a enfrentarse a nuevos y complejos retos, como los vividos durante estos los últimos años de reformas. Estos cambios exigen a todas las organizaciones adaptarse a fenómenos nuevos y a reacciones inesperadas, en algunos casos incluso desmedidas.

Hoy existe una exigencia imperativa por reconstruir la confianza en el empresariado, en su modelo de negocio y en la promesa de valor de las compañías entre sus stakeholders, en un contexto en el cual la ciudadanía exige cada vez más este tipo de confianzas.

Ahora bien, es importante entender de qué manera este ciudadano puede convivir en un entorno cada vez más adverso. ¿Imponiéndose con amenazas? ¿Planteando puestas en escena o desaires como los que ellos mismos han vivido? NO.

Es otro el camino, un camino de transparencia, de ser más y demostrarlo que de querer ser. Un camino cimentado en decisiones a conciencia y con foco en el país. Por mucho que el viento arrecie, hay que seguir enfocado y yendo hacia adelante.

Tomando las palabras y parafraseando el discurso del Presidente de un grupo empresarial en una premiación realizada en estos días: hoy es esencial que los ciudadanos confíen en sus autoridades pero también en el sector empresarial. Es necesario que los conozcan, que no sean seres extraños.

El gobierno debe entender que los empresarios no son seres extraños, son ciudadanos también. Por ende debe salir al encuentro de este ciudadano, en terreno y con agenda.

 

Claudio Ramírez, socio y gerente general Llorente y Cuenca.

 

 

FOTO: PABLO VERA LISPERGUER/AGENCIAUNO

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