El domingo 4 de septiembre de 2022 se verificó el triunfo del rechazo a la proposición de una nueva constitución, redactada por la convención constitucional a esos efectos. Aunque los estudios de opinión habían pronosticado el resultado del plebiscito, situaciones puntuales habían logrado crear la sensación de que el concurso electoral tendría un estrecho margen final.

No fue así, la ciudadanía rechazó por un amplio margen esa proposición dando cuenta que el electorado de Chile es moderado y lejano a las proposiciones extremas de la izquierda totalitaria.

El impresionante caudal electoral que se hizo presente ese día para votar conformó la peor derrota electoral de la izquierda chilena y al mismo tiempo la mayor participación del padrón electoral de toda su historia. También determinó que el mayor derrotado era nada menos que el presidente de la República, Gabriel Boric. En un artículo anterior en este mismo espacio, destaqué la extraordinaria debilidad en que quedó. En una audaz decisión arriesgó todo su capital político, basado en que nunca había perdido una elección popular y en el resultado de la segunda vuelta presidencial, para que el texto propuesto se convirtiera en su programa de gobierno. Esto es, sacrificó seis meses de su administración, para dirigir la campaña del Apruebo en lugar de dirigir el país.

La economía está inmersa en una profunda crisis, que requerirá la máxima atención de las autoridades. El contexto del gobierno es además el de un conflicto político de proporciones incubado entre las dos «coaliciones» que lo conforman.

La discusión política se dirige a las presiones para constituir a la brevedad una nueva convención para redactar un nuevo texto constitucional, y los mecanismos para realizar esa acción. Incluso con una audacia sin límites, la ministra Vallejo hace pocos días anunció un acuerdo que incluía las mismas materias que fueron rechazadas por la ciudadanía pocos días atrás. Después del aberrante proceso producido durante la discusión del texto plebiscitado, por un grupo extremo y fanático, la prudencia aconseja entrar en un proceso de reflexión y sobre todo escuchar a la ciudadanía que, sin descartar una nueva constitución pretende más bien que aquel proceso se realice por parte de expertos, y que además las autoridades se concentren en la economía y en el combate al terrorismo y la delincuencia.

Mientras tanto, La Moneda omite un proceso de autocrítica, haciendo como si nada hubiera ocurrido el 4 de septiembre, en un ambiente donde los hechos de violencia, terrorismo y delincuencia siguen sucediendo y la economía sigue con una trayectoria de inflación que amenaza con un desplome, lo que afetará seriamente a la trayectoria de desempleo y los bolsillos de los más pobres.

Desde aquí le pido al Presidente que se dedique a gobernar y que sus ministros se abstengan de manipular el acuerdo para instalar nuevamente un proceso constitucional. El poder constituyente se ha trasladado al Parlamento y corresponderá aquel acordar las bases de una nueva y buena constitución.

* Alejandro Alarcón es economista.

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