En las últimas semanas han aparecido diversos dirigentes de los artistas y del mundo de la cultura criticando la poca relevancia que se le daría al derecho a la propiedad intelectual en la Convención Constitucional y en la propuesta de nueva constitución.

El tema del derecho de propiedad ha sido uno de aquellos álgidos en la discusión constitucional, especialmente porque se le daría una protección precaria frente a la eventual arbitrariedad del Estado. Es que el problema no es su mera declaración, sino lo que dice posteriormente. Por ejemplo, en lo referente con la expropiación.

Volviendo al punto inicial, cuando no se garantizan aspectos esenciales de este derecho, como son la propiedad intelectual y la de sus frutos, se da espacio a que los creadores de obras o bienes incorporales no sean retribuidos de la manera adecuada y terceros se aprovechen de sus creaciones. Esto en el corto plazo produce una injusticia manifiesta, pero en el largo plazo también genera un desincentivo a la producción creativa, afectándose la cultura, la industria del entretenimiento y también la elaboración y producción de otros bienes y servicios.

Frente a estos hechos, una de las críticas de algunas personas del mundo del arte ha sido que las personas encargadas de regular estas materias, en este caso los convencionales constituyentes, están legislando sobre aspectos que desconocen, y eso trae un gran perjuicio a la industria cultural. Estoy de acuerdo.

Sin embargo, parece necesario también recordarles a los artistas que el problema que ellos están viviendo en carne propia se está produciendo en todas las áreas en las que está interviniendo la Convención Constitucional, como por ejemplo en las normas relativas a la agricultura, a la minería, a las energías, y un amplio etc.

Muchos artistas, principalmente del mundo de la televisión, se comprometieron activamente con el proceso constituyente, hicieron campaña, e incluso aparecieron en la franja electoral. No parece honesto que solamente alcen la voz cuando sus propios intereses se ven afectados cuando hasta hace muy poco tiempo nos dijeron a los chilenos que debíamos plegarnos abiertamente a este proceso.

La idea del “compromiso” que algunos intelectuales y personas del mundo cultural tuvieron con el proceso constituyente se está desfigurando, al verse directamente afectados. Esperemos que ellos también le concedan la misma legitimidad al resto de los ciudadanos cuando se pronuncien respecto a lo que a cada uno le importa.

*José Francisco Lagos es director Ejecutivo del Instituto Res Publica.

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