Durante el gobierno anterior se produjo la mayor escalada de violencia en la Araucanía desde 1990 y el Mandatario decretó el estado de excepción. Ante hechos delictuales tan dramáticos, hasta la dura oposición aprobó prorrogarlo. La presencia militar redujo los atentados observados –40% según cifras oficiales—, pero no la gravedad de los delitos; abundaron asesinatos e incendios.

Esta medida no basta, y eso explicaría la decisión del presidente Boric de no renovarla. Pero en vez de presentar un plan integral con actores de la zona, tuvimos la fallida visita de la ministra a Temucuicui y del subsecretario Monsalve a Cañete. Urge un camino hacia el entendimiento y paz, donde las claves sean el diálogo y la acción. 

Se ha intentado instalar que el conflicto es entre mapuches contra el Estado, las forestales y los “colonos”. Las miradas simplistas ignoran la complejidad del problema y la cantidad de intereses presentes. Hay que sentar en la mesa a autoridades políticas, comunidades indígenas, forestales, agricultores, iglesias y gremios, sin dar espacio a terroristas como la CAM y la Resistencia Mapuche Lavkenche, que le han dado un ultimátum al gobierno. Como dijo el senador Huenchumilla: “el diálogo es un modo de trabajo, no una solución”. Desde ahí debe nacer un plan integral, que sea propio, nacido de la realidad cultural e histórica de la zona, y no impuesto, que considere medidas transversales. 

Y luego la acción, que al parecer es el talón de Aquiles de este gobierno, cargado hacia los símbolos y palabras. Para implementarlo se necesitará decisión para enfrentar a agrupaciones terroristas escudadas en nobles causas, redes de narcotráfico y una millonaria industria del robo de madera, entre otros. Será necesario utilizar todas las herramientas legales disponibles para imponer el Estado de Derecho, en lugares en que ni siquiera las autoridades encargadas del orden público pueden ingresar o transitar libremente. Recién este fin de semana se quemaron 16 viviendas en Contulmo. ¿Habrá sido precoz el fin del estado de excepción? 

Sin Estado de Derecho no existe justicia. Si no se persigue a los culpables y ofrece auxilio a las víctimas —todas—, el sentimiento de impunidad seguirá dañando aún más la fragmentada vida en comunidad. Solamente así podremos caminar hacia la paz. Esto no tiene un color político, es un asunto de Estado, pues es él quien falla hace años en mantener el orden público en la región más pobre de Chile.

Finalmente, solamente un hecho ofrece algo de esperanza: la futura Cumbre por la paz. Esperemos que esta sea el comienzo de un nuevo proceso, pues en la Araucanía sufrimos todos: hombres y mujeres, niños y ancianos, mapuches y no mapuches. 

*José Ignacio Sepúlveda es Director de Desarrollo en IdeaPaís.

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