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Publicado el 11 de septiembre, 2018

Antonio Barchiesi: Gobierno: atrapado en las expectativas 

Director Ejecutivo Acción Republicana Antonio Barchiesi

Los «tiempos mejores» no están siendo palpados por los chilenos. El gobierno anterior fue a tal punto nocivo, que sus consecuencias permanecen hasta hoy, y en esto la actual administración ha fallado, en comunicar de forma efectiva el real estado en el que recibió el país y cómo piensa recuperarlo.

Antonio Barchiesi Director Ejecutivo Acción Republicana
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Este lunes la encuesta Plaza Pública Cadem vino a confirmar una tendencia que ya podía preverse en mediciones anteriores. Sin embargo, en esta versión se incorpora el componente simbólico de que hoy, por primera vez, la desaprobación del Presidente Piñera superó a la aprobación, marcando una ruta muy similar, en lo que a encuestas se refiere, a la expresidente Bachelet.

 

Se pueden dar muchas explicaciones del fenómeno, casi todas circunstanciales: la contaminación en Quintero, el impasse del salario mínimo, el libro de Mauricio Rojas o los bingos de Varela. Sin embargo, el paulatino incremento de la desaprobación avanza casi sin atender los aciertos y desaciertos del momento, siempre fugaces. Pareciera que hay razones más profundas para explicar este proceso, que se repite respecto del gobierno anterior como una misma melodía que hoy se interpreta con otros instrumentos.

 

Esas razones, a mi juicio, podemos encontrarlas en las expectativas insatisfechas, en la confianza frustrada. El año 2013 los chilenos votaron por un ‘Chile de Todos’, en el que los beneficios del desarrollo alcanzarían también a los más postergados; no fue así y el país tardó pocos meses en entenderlo. Hoy, a seis meses de haber asumido la actual administración, cabe preguntarnos si no es acaso el mismo fenómeno, las mismas expectativas insatisfechas, la misma confianza frustrada de quienes habiendo votado por un Gobierno  de derecha no se sienten representados por él. Sí, es cierto que del ‘Chile de Todos’ pasamos a los ‘Tiempos Mejores’, porque antes de pensar en beneficios teníamos que recuperar el camino del desarrollo; pero la meta no es tan diferente, los tiempos mejores son para mejorar la vida de todos. Los votantes miran metas, no rutas.

 

Necesitamos, por lo tanto, reformas profundas que vuelvan a poner a nuestro país en movimiento, cuestión que exige proponer y dar una batalla de ideas, dos asuntos a los que nuestro sector no está acostumbrado.

 

Los tiempos mejores no están siendo palpados por los chilenos, el concepto comienza a contrastar con una percepción dramática que empieza a hacerse habitual, y que hemos podido ver en nuestros recorridos por el país: “El Gobierno no está conectado con las reales urgencias sociales de la gente”. El problema es que en algún momento los “tiempos mejores” se percibieron como algo inmediato, automático, como si bastara el cambio de mando para que el país recobrara el dinamismo. Sin embargo, el gobierno anterior fue a tal punto nocivo, especialmente respecto del aumento descontrolado de gasto público y de las modificaciones estructurales que desincentivaron la inversión y la contratación laboral, que sus consecuencias permanecen hasta hoy, y en esto el actual gobierno ha fallado, en comunicar de forma efectiva el real estado en el que recibió el país y cómo piensa recuperarlo.

 

Hay una diferencia radical entre este Gobierno y la primera administración del Presidente Piñera. Para el cambio de mando del año 2010, el país acababa de ser azotado por las más duras manifestaciones de la naturaleza; nuestras instituciones, sin embargo, seguían en pie, la certeza y la confianza estaban incólumes, y pudimos entre todos reconstruir el país y crecer como no lo habíamos hecho en mucho tiempo. Este año, en cambio, el Gobierno recibió un país que acababa de ser azotado por las manifestaciones más duras del populismo, hoy son nuestras instituciones las que están dañadas, es la confianza la que hay que reconstruir. No basta con comunicar el estado en el que se recibió el país. Tampoco con administrar un buen ciclo, porque todo daño estructural requiere modificaciones estructurales, y ese es el gran desafío, volver a incentivar la inversión, volver a conectarse con la ciudadanía y la contratación laboral, devolver la certeza a los inversionistas. Necesitamos, por lo tanto, reformas profundas que vuelvan a poner a nuestro país en movimiento, cuestión que exige proponer y dar una batalla de ideas, dos asuntos a los que nuestro sector no está acostumbrado.

 

Si no se recupera la confianza, toda buena proyección económica y toda denuncia al gobierno anterior será en vano. El Presidente Piñera debe demostrar que son las ideas de la libertad y el orden las que engrandecen a los países para que los chilenos no sean seducidos por el populismo una vez más. En definitiva, para que lleguen los tiempos mejores y estos alcancen con sus bienes a todos los chilenos, antes necesitamos recuperar la confianza y la fe en nuestro país, antes necesitamos volver a creer.

 

FOTO:FRANCISCO FLORES SEGUEL/AGENCIAUNO

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