De paso por Madrid, percibo sensaciones y hechos. En Madrid no se da propina en los restaurantes. No se ven rayadas las murallas por grafitis. No vi encerronas, ni asaltos, ni asesinatos. Los museos son fabulosos y la cultura aflora en cada rincón de la ciudad. La policía es respetada y en las esquinas se respeta el paso de los peatones. Hay muchos madrileños que van en bicicleta a su trabajo y no observé vendedores ambulantes. El comercio de barrio sigue vivo. Panaderías, cafés, cervecerías, peluquerías, almacenes, librerías  y tiendas de ropa por doquier. El Parque del Retiro goza de esplendor. La mayoría de las iglesias están bien mantenidas y los edificios públicos pintados y bien presentados. Muchos kioskos en distintos lugares venden diarios y revistas. El Metro y la locomoción colectiva funcionan.

Madrid ha desplazado a Barcelona y su gobierno, encabezado por Isabel Díaz Ayuso, es muy popular. Muchos empresarios chilenos ven en Madrid un lugar para entrar a España y a Europa. No se ve agresividad en las calles y en general los madrileños son amables y educados.

Muchos me preguntan por Chile. Me piden las razones de lo que le pasó a nuestro país. Cuesta explicar tanta estupidez, tanta soberbia y tanta ignorancia. Para ser empleado público en España se debe presentar “oposiciones”, que son pruebas teóricas y prácticas. El hijo abogado de un amigo lleva tres años preparándose. En Chile, en cambio, estamos repletos de ignorantes en instituciones del Estado, en Santiago y en provincias.

Tras pasar por Madrid y regresar a Chilito, da pena, da rabia y también da susto de que a uno lo maten en cualquier momento. En el Mercado de la Paz, en pleno barrio de Salamanca, un buen menú con 2 platos, cerveza y postre, cuesta 13 euros. En lugares más populares de la ciudad, por 9 euros se come bien.

Para acercarnos a Madrid necesitamos educación. Necesitamos profesores que tengan cultura. Necesitamos que los niños que nos gobiernan entiendan que deben ser más humildes y reconocer su ignorancia. La diferencia es cultural y en general al comparar Madrid con Santiago, debemos concluir que estamos a años luz. Es responsabilidad de todos trabajar más y no menos. La reducción de jornada laboral, la inflexibilidad laboral y las medidas tendientes a copiar lo que se hace en Europa, sin reconocer las diferencias, solo nos alejará más de Madrid.

Cuando mis amigos españoles van a Chile no los llevo al centro pues me da vergüenza. Ojalá que nuestras autoridades, empezando por la alcaldesa de Santiago, reflexionen, no repitan más lugares comunes y se dediquen a trabajar con equipos que tengan cultura.

*Andrés Montero es ingeniero comercial.

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