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Publicado el 20 noviembre, 2020

Ángela Novoa y Adriana Velasco: Las redes sociales: ¿Qué está en juego?

Investigadoras de redes sociales, videojuegos y familia Angela Novoa y Adriana Velasco

Toda persona tiene la potencialidad de discernir si el uso que les está dando es adecuado o excesivo, de discriminar las fuentes según su grado de fiabilidad y de elaborar un juicio propio de lo que le parece correcto, sano y ético. Potencial que es necesario transformar en capacidad, de ahí la importancia de que, tanto adultos como niños y jóvenes, desarrollen competencias digitales.

Angela Novoa y Adriana Velasco Investigadoras de redes sociales, videojuegos y familia
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El 9 de septiembre de este año se transmitió por Netflix el documental “El Dilema de las Redes Sociales”, el cual rápidamente adquirió popularidad y ha sido objeto de debates y polémica, porque muestra una mirada muy cruda de estas plataformas. Si bien no presenta cuestiones nuevas, pareciera que la opinión pública no está del todo consciente de las implicancias del uso de tecnologías digitales -entre ellas las redes sociales- en el ser humano.

No tenemos el afán de demonizar a las redes; tampoco a sus usuarios. Ambos son agentes de la actual coexistencia híbrida o semipresencial que hoy nos caracteriza. Por ello, nos gustaría enfatizar en una serie de aspectos propios de lo humano que, si interactúan de forma prudente con las tecnologías digitales, pueden ofrecer múltiples beneficios para nuestra vida.

El documental invita a una serie de reflexiones. En un primer momento puede atemorizarnos, pero también puede constituir una invitación a entender las lógicas del mundo virtual. A partir de ellas, utilizar las tecnologías de una forma más consciente y crítica. Tomando esta primera reflexión como punto de partida, en esta columna nos referiremos a dos áreas de suma relevancia al momento de analizar el fenómeno social en red: a) el ámbito educativo y de formación personal; y, b) el aspecto ético.

El documental muestra la realidad de que las diferentes redes sociales, buscadores web y el mercado online, funcionan sobre la base de algoritmos que van captando los productos, temas y personas de interés para cada usuario, con el fin de mantenerlo constantemente alerta de las notificaciones sobre aquellos aspectos que le interesan. Por lo tanto, tal como dice el documental, las redes y el dispositivo tecnológico del usuario, se transforman en una constante fuente de atención y placer inmediato, generando la sensación de que existen muchas personas que “opinan como yo” o “le interesan las mismas cosas”. Lo anterior podría generar una falsa ilusión, como es el caso ocurrido en algunos fenómenos electorales recientes, donde las encuestas han fallado en predecir resultados y tendencias. Ejemplos de estos fenómenos son muchos, como el caso del Brexit, en Reino Unido, o de las elecciones presidenciales estadounidenses, en 2016.

Visto así, “en crudo”, esta realidad suena hasta espeluznante y peligrosa para el usuario, quien pierde su capacidad para concordar su pensamiento con la realidad y, de ese modo, abrirse al diálogo con quienes piensan distinto. Cuando nos referimos a jóvenes, adolescentes o niños, el riesgo parece ser mayor. Sin embargo, el documental olvida una realidad fundamental y primera; esto es, que la persona es un ser libre, porque posee inteligencia y voluntad y, por lo tanto, está llamada a ser activa en todos los ámbitos de su vida, inclusive en las redes sociales y herramientas web 2.0 de las que es partícipe. Toda persona tiene la potencialidad de discernir si el uso que les está dando es adecuado o excesivo, de discriminar las fuentes según su grado de fiabilidad y de elaborar un juicio propio de lo que le parece correcto, sano y ético. Potencial que es necesario transformar en capacidad, de ahí la importancia de que, tanto adultos como niños y jóvenes, desarrollen competencias digitales. Nos referimos específicamente a las habilidades de los individuos para utilizar las tecnologías digitales de forma creativa, crítica y segura, para aprovechar sus potencialidades en diversos ámbitos de la vida humana, tales como: el tiempo libre, el aprendizaje, el trabajo y la participación en sociedad.

“La tecnología no tiene límites”, puede ser. Sin embargo, las personas, justamente porque somos libres, sí los tenemos: se manifiestan a través de nuestra responsabilidad. Los educadores -padres y docentes- , debemos establecer límites, siendo un modelo para nuestros educandos: límites en cuanto al tiempo de conexión; límites sobre el tipo de redes sociales, videojuegos, plataformas de noticias y sitios web que visitamos; límites en la manera en que nos relacionamos con las tecnologías y nos dejamos influenciar por ellas… Algo similar ocurre cuando un padre enseña a su hijo a cruzar la calle por primera vez: lo toma de la mano, le explica el significado de las señaléticas y las normas de tránsito, así como las formas de transgredirlas. Lo mismo debe hacer ese padre con su hijo en lo referente a su convivencia social en las redes, para que sea un verdadero ciudadano y no se deje esclavizar por la dimensión digital de su vida.

El documental refleja la discusión presente sobre la neutralidad de las tecnologías digitales. ¿Son meras herramientas pasivas? Nos parece que el fenómeno es más complejo. Entran en juego aspectos éticos, referidos principalmente a la privacidad de las personas y al punto al que los desarrolladores de tecnologías digitales pueden considerar nuestro comportamiento como un producto. La perspectiva de la ética del cuidado es interesante al momento de analizar el complejo fenómeno digital. En ella se propicia el resguardo propio y de los demás, la consideración del contexto y de las relaciones interpersonales en la toma de decisiones. En este sentido, regresamos a nuestra reflexión sobre la libertad, la responsabilidad y la necesidad de fomentar un juicio crítico sobre los potenciales beneficios y perjuicios de las redes.

Si bien las tecnologías digitales pueden perjudicarnos, la responsabilidad es doble: como seres humanos, tenemos la capacidad para evitarlos y la educación -familiar y escolar- es la instancia propicia para promover una reflexión crítica sobre estos aspectos. En tiempos de pandemia, donde las tecnologías han adquirido un rol más preponderante en nuestras vidas, somos testigos de cómo el mundo digital nos ha ayudado a fortalecer vínculos interpersonales en medio del confinamiento. Esto nos lleva a concluir que, tanto padres como docentes, tenemos el desafío de visibilizar y comprender profundamente las diferentes dimensiones de nuestra coexistencia híbrida, así como ofrecer instancias de discusión y evaluación de la misma.

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