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Publicado el 04 de marzo, 2020

Angel Soto: “Una guerra brillante”: Empresa y creación de riqueza

Profesor Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales, Universidad de los Andes. Co autor “Historia de Chile 1960-2010”. Ángel Soto

Estudiar la historia empresarial permite analizar las acciones de quienes han debido tomar decisiones a veces no tan racionales como se cree, sino bajo incertidumbre, corriendo riesgos y muchas veces guiados más por su instinto y percepción del mercado en que están insertos o son capaces de crear. Esta película debiera hacernos pensar sobre cuál es nuestra percepción de los empresarios más allá de una dicotomía héroes/villanos.

Ángel Soto Profesor Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales, Universidad de los Andes. Co autor “Historia de Chile 1960-2010”.

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“Una guerra brillante” es el título de la película que recientemente fue estrenada en cines. A través de ella tuvimos la oportunidad de transportarnos al Estados Unidos de fines del siglo XIX y comienzos del XX, contemplando la batalla por comercializar dos sistemas eléctricos nacientes: la corriente continua de Thomas Edison versus la corriente alterna, desarrollada por George Westinghouse. En paralelo aparece la figura de un Nikola Tesla, que fue empleado del primero y socio del segundo, retratado como un brillante inventor, pero de escasa capacidad comercial. Distinto a lo que sucede con J.P. Morgan, quien aprovechó y generó oportunidades de hacer negocios.

Lamentablemente, el film no transmite el ambiente pujante que se vivía en aquella época. Una segunda revolución industrial en Inglaterra y que en el caso de los Estados Unidos hizo que convivieran no solo estos inventores, sino que varios de los que hicieron avanzar la rueda del progreso con la electricidad, el ferrocarril, el acero, el petróleo. Unos “gigantes de la industria” como Vanderbilt, Rockefeller, Carnegie, Ford, quienes –como se observa en la serie de History Channel The Men Who Built America – fueron aportando a la construcción de una nación y demostrando que ciertos entornos virtuosos potencian la creatividad.

Son contextos que, permitiendo la libre iniciativa de quienes ahí participan, son capaces de generar el surgimiento de esa destrucción creativa de la que nos habló el economista Joseph Schumpeter, y que como escribió el historiador Alejandro Gómez en su libro “Creadores de Riqueza”, permite que sean los emprendedores quienes aportan parte importante del cambio en nuestras vidas.

No se trata de tener una mirada puramente materialista, ni visiones heroicas ni estatuas de sus hazañas. Tampoco de hacer una defensa ni mucho menos santificar a los empresarios y sus negocios; los buenos se defienden solos. Algunos, como los de la película dieron una batalla compitiendo –usando mecanismos más o menos éticos-, en tanto que otros apostaron por el monopolio y los mercados protegidos. Todo eso es parte de la historia que debe contarse, pero, tal como afirma Gómez, aquella realidad no quita que en general los empresarios sean “agentes promotores de civilización y progreso social” y no es extraño que donde hay mayor número de emprendedores/empresarios exitosos, es donde “se encuentran las mejores condiciones de vida para la población”.

Siguiendo con este historiador, dicha riqueza es tanto material como inmaterial, ya que al introducir una innovación, ahorra “tiempo en los quehaceres diarios de las personas, o permiten acceder a un bien a un precio más bajo”, permitiendo al consumidor disponer de más tiempo para otras actividades -las que quiera-, muchas de las cuales no necesariamente se cuantifican económicamente, pero “sin duda contribuyen directamente a mejorar la calidad de vida de las personas”. Así, por ejemplo, ocurrió con el desarrollo de la electricidad, que, tras iluminar la casa del banquero J.P. Morgan en New York, su competencia finalmente permitió llegar a miles de usuarios, democratizando su consumo.

La discusión ética, el respeto de las instituciones, el rol del Estado tanto en las regulaciones como en los incentivos son aspectos fundamentales de la historia empresarial. Sin embargo, “Una guerra brillante” debiera hacernos pensar sobre cuál es nuestra percepción de los empresarios más allá de una dicotomía héroes/villanos.

Como señala el libro “Creadores de riqueza”, estudiar la historia empresarial nos permite analizar las acciones de quienes han debido tomar decisiones a veces no tan racionales como se cree, sino bajo incertidumbre, corriendo riesgos y muchas veces guiados más por su instinto y percepción del mercado en que están insertos o son capaces de crear. Pero su éxito no solo “se debe a su capacidad de anticipar aquellas necesidades insatisfechas del mercado, que han sido ignoradas o desconocidas por el resto de sus competidores”, sino –fundamentalmente- por el beneficio que finalmente aportan a toda la sociedad.

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