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Publicado el 9 diciembre, 2020

Angel Soto: Libertad y estatismo

Profesor Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales. Universidad de los Andes Ángel Soto

Hace 30 años, el escritor mexicano Octavio Paz recibió el Nobel de Literatura. Para este hombre de su tiempo, nacido en 1914 y fallecido en 1998, el “corto siglo veinte” concluía con el triunfo de la libertad, la democracia, pero especialmente con el cuestionamiento al Estado todopoderoso. Terminada la segunda década del siglo XXI, ¿podemos decir lo mismo?

Ángel Soto Profesor Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales. Universidad de los Andes
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La libertad “no se define, se ejerce”. Más que una idea filosófica, es un acto. Una conquista cuya experiencia vivimos, sentimos y pensamos cada vez que decimos sí o no. Es un “no al poder”, cuya decisión individual permite descubrirse a sí mismo, pero al hacerlo incluye y descubre al otro.

Esta reflexión sencilla y profunda pertenece al poeta y escritor mexicano Octavio Paz, quien hace 30 años, el 10 de diciembre de 1990, recibió el Premio Nobel de Literatura. El galardón llegó en un momento en que la historia se transformaba ante nuestros ojos. Mientras en Alemania caía el muro de Berlín, Chile avanzaba en su proceso de transición a la democracia. Si bien en Paz la “historia es lenta”, era una época -como hoy- de aceleración histórica que precipitó el cambio.

Una “Pequeña crónica de grandes días”, como se titula otra de sus obras, escrita por fidelidad a sí mismo, pero por sobre todo por “ser testigo de un cambio que no esperábamos”, como fue el derrumbe del socialismo totalitario. Un relato que será recordado “por varias generaciones”.

Para este hombre de su tiempo, nacido en 1914 y fallecido en 1998, el “corto siglo veinte” concluía con el triunfo de la libertad, la democracia, pero especialmente con el cuestionamiento al Estado todopoderoso. Terminada la segunda década del siglo XXI, ¿podemos decir lo mismo?

Su crítica era al “Estado providencia” que creció y se burocratizó durante el siglo XX, amparándonos y apaleándonos -dice Paz- “según el humor del príncipe o el capricho de la hora”, que se llena de escribanos, leguleyos, astrólogos y expertos de las más distintas ciencias y artes -muchas ocultas- para hacer planes que “el viento arrastra hasta confundirlos con el polvo grisáceo del altiplano”. Al leer esta cita, es imposible no pensar en los palacios de gobierno latinoamericanos, en cuyos segundos pisos y Parlamentos -en clave Hayekiana- habitan verdaderos exponentes de una “fatal arrogancia” que creen saber lo que es bueno para los otros y pretenden decidir por nosotros. Un Estado convertido en “Ogro filantrópico” que durante el siglo XX se reveló -dice- “como una fuerza más poderosa que la de los antiguos imperios y como un amo más terrible que los viejos tiranos y déspotas. Un amo sin rostro, desalmado y que obra no como un demonio sino como una máquina”.

La lucha de este mexicano universal fue contra la “estatización planetaria”, dejando claro que se equivocan quienes creen que más Estado es más democracia. Como se creía, y muchos siguen creyendo. Desde una perspectiva Popperiana, es una lucha de la “sociedad abierta” contra “sus enemigos”, que mantiene plena vigencia en  la actualidad, donde Chile no es una excepción.

Lo sorprendente -en este último país- es que este arrinconamiento a la libertad se haya producido precisamente durante un gobierno que creíamos defensor de la sociedad libre. Contradicción que observamos -entre tantas- estos días al ver que mientras el ministro de Hacienda portaba una mascarilla con el símbolo Ama-gi, palabra sumeria que es la primera expresión escrita de libertad, su actuar empeoró el proyecto de la oposición sobre el retiro del 10% imponiendo un impuesto. ¿Qué cambió para que cobren ahora y no en el primer retiro? ¿Fue el humor del Príncipe o el capricho de la hora? ¿Una idea de los escribanos o los astrólogos?

La libertad requiere tanto responsabilidad como certeza institucional. ¿Tenemos esta última, no solo respecto de los fondos de pensiones sino de nuestro modelo de desarrollo? Las vestimentas al igual que el papel lo aguantan todo. La pregunta es ¿cuánto hemos avanzado en Chile en materia de libertad estos últimos años? Me temo que el silencio sea la respuesta. ¿Será que -extrapolando la mexicaneidad descrita en “El Laberinto de la Soledad”- estamos en un espacio cerrado cuyo camino de salida no conocemos?

En Octavio Paz, el intelectual es un crítico que debe salir a la Plaza Pública e insertarse en el debate contingente constituyéndose en un “ser de ideas” y “de acción” en quien cabe la responsabilidad de aportar a un proyecto de sociedad. No es “el hombre del poder” ni “del partido”. Es una conciencia que, a diferencia del político, no representa a nadie. Nace de un “desacuerdo con el mundo o consigo mismo”, pero cuya literatura “desnuda a los jefes de su poder y los humaniza” devolviéndolos a “su mortalidad”.

En estos tiempos de dominio populista, cabe regresar a este escritor quien ante el derrumbe del socialismo real hizo un llamado a cuidarse del Estado y “devolver a la sociedad la iniciativa económica, limitar el estatismo”, “la proliferación de la burocracia” y renunciar “al populismo, a la ineficacia y al despilfarro”, aunque eso no significa una “una vuelta a un capitalismo salvaje”.

En “El Ogro Filantrópico” nos recordó que los liberales creen que la libre empresa es la que permitirá florecer la sociedad civil. Por eso, finalmente, cabe recordar sus palabras de “Pequeña Crónica de grandes días”, donde afirmó: “El Estado justo no pretende suplantar a los verdaderos protagonistas del proceso económico: empresarios y trabajadores, comerciantes y consumidores. Una lógica rige a la actividad económica y otra a la política. Respetarlas es el comienzo del arte de gobernar. El Estado justo no es productor pero vela porque los productores –empresarios y trabajadores- realicen sus funciones en las mejores condiciones posibles y, dentro de los límites legales, con la mayor libertad.  Tampoco es distribuidor: garantiza la libertad de comercio, protege a los consumidores y se esfuerza porque los distribuidores no engañen, abusen o cometan excesos. El Estado justo no es omnipotente y muchas veces falla; lo reconoce y no castiga a sus críticos. No es omnisciente y se equivoca; sabe que el remedio está en el libre juego de las fuerzas sociales. Confía en el doble control del mercado y de la democracia. El mercado acaba de expulsar del circuito comercial a los productos caros y malos; la democracia no consiente por mucho tiempo los abusos y los fraudes”.

  1. Sergio Menares dice:

    Muy interesante el artículo del profesor Angel Soto: ´´Libertad y estatismo´´. Para nosotros los Trabajadores no marxistas Socialistas Democraticos, un Estado equilibrado socialmente justo controlando un Capitalismo para que no se transforme en un Capitalismo Salvaje, es lo ideal. Nuestro lema : ´´Pan sin Cadenas´´, lo dice todo. Sergio Menares.

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