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Publicado el 13 de mayo, 2020

Angel Soto: La libertad no ha muerto

Profesor Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales, Universidad de los Andes. Co autor “Historia de Chile 1960-2010”. Angel Soto

La búsqueda de libertad y oportunidades es más que una cuestión económica. Es forjarse un destino por sí mismo que está en la esencia del individuo, desplazándolo en la historia y por el mundo a su encuentro.

Angel Soto Profesor Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales, Universidad de los Andes. Co autor “Historia de Chile 1960-2010”.

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¿Por qué esta vez debiera ser distinto? La pregunta la tomé prestada de los economistas Carmen M. Reinhart y Kenneth S. Rogoff, quienes hace 10 años publicaron el libro Esta vez es distinto. Ocho siglos de necedad financiera (2009). Lo hice teniendo a la vista los artículos que estan sentenciando la muerte del capitalismo como sinónimo del fin del libre mercado. ¿Por qué debiera morir? ¿Es que acaso no es más libertad lo que necesitamos?

Esas afirmaciones más bien contienen deseos individuales de quienes no comparten el libre mercado, reduciendo todo a un juego de oferta y demanda, pero esa es una cuestión distinta.

Desde 1848, cuando Karl Marx y Friedrich Engels escribieron el Manifiesto Comunista, se viene sentenciando que las contradicciones propias del capitalismo le llevarán a su fin. Lo único que se ha conseguido es la dictadura del proletariado, que como toda utopía que atenta contra la naturaleza del ser humano, finalmente termina en fracaso y opresión.

La búsqueda de libertad y oportunidades es más que una cuestión económica. Es forjarse un destino por sí mismo que está en la esencia del individuo, desplazándolo en la historia y por el mundo a su encuentro.

Es cierto que la crisis económica actual es distinta a la que estudian Reinhart y Rogoff. Para algunos es la primera verdaderamente mundial. Sin embargo, tiendo a pensar con ellos que “hemos estado aquí antes” y así como la historia económica enseña que la excesiva acumulación de deuda tiene riesgos estructurales, las inyecciones de capital podrían “hacer creer que el gobierno está logrando un gran crecimiento económico, cuando no es así”.

¿Este es el tiro de gracia para el “libremercado”? Más bien podría ser una oportunidad. La pregunta debiera ser ¿en que momento se deja de intervenir para que el mercado vuelva a funcionar y de esa manera no genere las distorsiones que ya conocemos?

Se requiere ampliar las libertades: económicas, políticas y sociales. Rectificar errores, fortalecer las instituciones y sobre todo terminar con malas prácticas que nada tienen que ver con el sistema económico liberal, como son la colusión, los monopolios y los abusos. Estos no son por un exceso de libertad económica, sino que dicen relación con cuestiones de delincuencia y falta de ética.

El historiador Niall Ferguson en su libro La gran degeneración. Cómo decaen las instituciones y mueren las economías (2012) afirma que el éxito de los países desarrollados (capitalistas) ha sido “instalar” en sus economías “aplicaciones demoledoras” (killer apps): “la competencia económica, la revolución científica, la medicina moderna, la sociedad de consumo y la ética del trabajo”.

Estas pueden ser actualizadas o algunos países las pueden desinstalar, pero ¿no sería mejor sumar otras como la confianza en el individuo y las enormes posibilidades que éste tiene cuando usa su libertad? “Qué idea más materialista e individualista”, más de alguien podría pensar.

En 1759, Adam Smith –el “padre de la economía”- escribió en su libro La Teoría de los Sentimientos Morales: “¡que repelente nos resulta el hombre cuyo corazón duro y obstinado sólo late para sí mismo y es completamente insensible ante la felicidad o la desgracia ajena!”.

Tom Palmer del CATO Institute se preguntó hace unos años ¿Por qué la libertad? (2013), e invitó a reflexionar sobre nuestra forma de actuar: si usted no golpea a otras personas cuando discrepa, no roba, no estafa ni le gusta conducir a los demas al fracaso y se alegra cuando al otro le va bien. Si vive ejerciendo su propia libertad con respeto a los demás, a sus derechos e instituciones, ¿no será ese el camino para que nosotros mismos nos labremos un futuro?

La libertad no ha muerto, ni debe morir. Al contrario, larga vida a la libertad.

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