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Publicado el 22 de enero, 2020

Angel Soto: La Agenda 2030 para Latinoamérica

Profesor Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales, Universidad de los Andes. Co autor “Historia de Chile 1960-2010”. Ángel Soto

¿Será que finalmente algunos entendieron que para alcanzar el ansiado estatus de país desarrollado no basta con un PIB determinado o, como incansablemente lo hemos dicho, que el progreso está en la cultura, la dignidad de las personas, su entorno ambiental, su realización personal y su libertad?

Ángel Soto Profesor Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales, Universidad de los Andes. Co autor “Historia de Chile 1960-2010”.

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El inicio de la década nos lleva a pensar respecto del cumplimiento por parte de los países latinoamericanos de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), aprobados en el 2015 por la Asamblea General de las Naciones Unidas. En un documento titulado “Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible” -que reemplazó los “Objetivos del Mileno” vigentes desde el 2000- se indicaron 17 ODS que buscaron orientar las políticas hacia la sostenibilidad económica, social y ambiental.

Una combinación de aspiraciones viejas y permanentes con otras nuevas. Poner fin a la pobreza, al hambre y garantizar la vida sana. Una educación inclusiva y equitativa. La igualdad de género junto al empoderamiento de la mujer. La disponibilidad del agua, el acceso a la energía, el crecimiento económico inclusivo y sostenible; la construcción de infraestructura y de asentamientos humanos más seguros, modalidades de consumo y producción sostenibles. Adopción de medidas para combatir el cambio climático, conservación y utilización sostenible de los océanos y recursos marinos, la protección de los ecosistemas terrestres deteniendo e invirtiendo en frenar la degradación y pérdida de la biodiversidad; así como un acceso a la justicia que permita contar con instituciones pacíficas, eficientes e inclusivas, son algunas de las tareas a las que debiéramos estar abocados en los próximo años.

Iniciado el 2020, ¿estamos en condiciones de hacerlo? ¿Llegaremos al 2030 con un balance satisfactorio en el cual estos temas sean parte de la historia? El incierto panorama actual podría hacer pensar que será una nueva década perdida, como tantas del pasado. Sin embargo, también está la posibilidad de actuar a nivel regional en pro de un progreso que se plantee el desafío de ir más allá de lo económico. Centrarse en las personas con una mirada más cultural como parte de un entorno actual que sea propicio para hacer ese giro.

Los ODS recogen esta perspectiva. En el libro “Diálogos y propuestas. Latinoamérica al 2030” (2018) nos preguntamos: “¿Será que finalmente algunos entendieron que para alcanzar el ansiado estatus de país desarrollado no basta con un PIB determinado ni estar invitado como miembro de segunda categoría en los clubes mundiales?” ¿Será, como incansablemente lo hemos dicho, que finalmente se entendió que el progreso está en la cultura, la dignidad de las personas, su entorno ambiental, su realización personal y su libertad? Las variables macroeconómicas son de igual importancia que estos indicadores.

A los clásicos problemas de fragilidad democrática y carencia de desarrollo económico-social, se suman una incertidumbre global que asimila problemas de índole universal. ¿Estaremos pensando más allá de las fronteras continentales y a largo plazo? Quizás sea difícil pensar globalmente y en un futuro. Moisés Naim, en el libro que citamos más arriba, se pregunta, ¿quién lo hace?

Sin embargo, considerando la magnitud de temas que están entre nosotros, debiéramos tener cuidado con no postergar ciertos diálogos que ya se venían dando y continuar con una Agenda 2030 que provee ese encuadre menos reactivo y más propositivo.

Las sociedades se piensan en clave pasada, presente y futura. No hacerlo tiene el riesgo de llevarnos a una nueva década perdida, arrastrando a otra generación que quedaría –al igual que tantas veces- con las expectativas frustradas.

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