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Publicado el 04 de agosto, 2020

Ángel Soto: Economía en una lección

Profesor Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales, Universidad de los Andes. Co autor “Historia de Chile 1960-2010”. Ángel Soto

Lamentablemente la mala economía propaga los sofismas de manera atractiva y populista presentando “verdades a media”; y cuando se le dan argumentos consistentes incapaces de ser rebatidos con evidencia, viene la descalificación, burla, “meme”, funa y -peor aún- la violencia.

Ángel Soto Profesor Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales, Universidad de los Andes. Co autor “Historia de Chile 1960-2010”.
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“La economía se halla asediada por mayor número de sofismas que cualquier otra disciplina cultivada por el hombre”. La cita pertenece el escritor y periodista del Wall Street Journal y New York Times, Henry Hazlitt (1894-1994), quien en su clásico libro “La economía en una lección”, recoge lo que en el siglo XIX señaló el francés Frédéric Bastiat, al distinguir entre la buena y la mala economía. Un mal economista solo advierte la inmediatez, mientras que el buen economista es capaz de ver más allá. El primero se queda en las consecuencias directas de las decisiones, mientras que el segundo “no desatiende las indirectas y más lejanas”.

Hazlitt afirma que tenemos intereses egoístas, contrapuestos e idénticos a los demás, pero lo que no puede suceder es que sólo concentremos la atención en la inmediatez, pasando por alto las consecuencias secundarias, especialmente por su impacto en toda la comunidad. Si bien el libro fue publicado en 1946, observando la actualidad chilena, encontramos que sus afirmaciones tienen más vigencia que nunca. La reciente decisión tomada en el Parlamento sobre el retiro del 10% de los fondos en las AFP, la discusión sobre el “impuesto a los súper ricos”, las afirmaciones respecto de dónde está el dinero, la incapacidad de entender qué es un activo o un patrimonio, el ataque a quienes crean riqueza, el ingreso a discusión en el Congreso sobre una eventual expropiación de los ahorros que miles de chilenos tenemos en las AFP, más una cantidad enorme de comentarios que suelen emitirse desde la elite opinante hasta los matinales de televisión, no hacen sino que algunos miremos horrorizados el desconocimiento de cómo funciona la economía.

No hay duda que la imaginación y creatividad económica abundan, pero el problema es que lo pagaremos con creces tanto las generaciones presentes como las futuras. Lamentablemente la mala economía propaga los sofismas de manera atractiva y populista presentando “verdades a media”; y cuando se le dan argumentos consistentes incapaces de ser rebatidos con evidencia, viene la descalificación, burla, “meme”, funa y -peor aún- la violencia.

Sin embargo, ¿qué tan buena es la réplica? ¿Debiera estar basada principalmente en “simulaciones” y ecuaciones? Evidentemente no.

No dudo de la buena intención de las propuestas. Pero, como dicen los dichos populares, “el camino al infierno está lleno de buenas intenciones” y “no hay peor ciego que aquel que no quiere ver”. Estoy seguro que quieren el bien para toda la sociedad, pero no pueden seguir tomándose decisiones en base a las encuestas de la calle, los deseos de los “opinólogos y opinológas” y el voluntarismo político, la ceguera de la ideología, el odio en base al pasado, ni los “modelamientos” matemáticos con variables que no siempre se ajustan a la realidad.

A riesgo de ser calificado como un nostálgico ochentero o ser encasillado en tal o cual “escuela económica”, cito a otro clásico, el profesor de la Universidad de Chicago -perdón la herejía- Henry Simons (1899-1946), quien decía que el propósito básico de la economía era ser una herramienta “profiláctica” contra las falacias del populismo. Ellas reflejan ignorancia, pero tampoco nos engañemos: también responden a los objetivos de grupos de interés. Hazlitt concluye que la totalidad de la economía puede reducirse a una lección única: “El arte de la Economía consiste en considerar los efectos más remotos de cualquier acto o medida política y no meramente sus consecuencias inmediatas; en calcular las repercusiones de tal política no sobre un grupo, sino sobre todos los grupos”. En síntesis, en “examinar los problemas en su integridad y no fragmentariamente: tal es la meta de la ciencia económica”.

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