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Publicado el 16 de mayo, 2019

Andrés Montero: Trabajar y estudiar más, no menos

Ingeniero Comercial UCH, Master en Relaciones Internacionales, The Fletcher School of Law and Diplomacy. Colaborador estable de ABC de Madrid Andrés Montero

La autoridad política, los parlamentarios, los dirigentes y los medios de comunicación jamás hablan de la necesidad de esforzase para lograr los recursos necesarios para vivir dignamente. Lo políticamente correcto es pedir cada día más al Estado y al gobierno de turno, mayores subsidios, beneficios, préstamos, asistencias de salud y educación gratis y de calidad.

Andrés Montero Ingeniero Comercial UCH, Master en Relaciones Internacionales, The Fletcher School of Law and Diplomacy. Colaborador estable de ABC de Madrid
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En algunos países de América Latina, como Chile, por ejemplo, está de moda trabajar y estudiar menos. Los líderes políticos, dirigentes sindicales y empresariales generalmente incorporan a su discurso elementos que apuntan a mejorar la “calidad de vida” de los trabajadores. Recientemente el gobierno del Presidente Sebastián Piñera ha presentado al Congreso un proyecto de flexibilidad laboral, el cual, entre otras cosas, contempla trabajar 8% menos a la semana. Muchos pretenden emular a Noruega, en donde se trabajan menos de 40 horas a la semana, pero con la salvedad de que ese país hace 50 años tenía el ingreso per cápita que Chile tiene hoy.

La llegada de cientos de miles de inmigrantes hace necesario adecuar estructuras para absorber nueva mano de obra. Se hacen muchas conjeturas respecto del trabajo a distancia, del home office y de los eventuales aumentos de la productividad al trabajar menos horas. Las ponencias han llegado al extremo en que algunos quieren incluir al menos parcialmente en la jornada laboral los tiempos de desplazamiento desde el hogar hacia el lugar de trabajo. En Chile hoy se trabajan 45 horas a la semana, lo que para muchos parece un exceso. Si realmente analizamos la disposición a trabajar de manera eficiente, nos sorprenderemos al constatar que, con la irrupción del teléfono celular, el tiempo dedicado a chatear y a revisar el móvil de manera constante hace que sean muchas las horas desperdiciadas por los trabajadores en tareas ajenas al trabajo mismo.

Los legisladores están muy lejos de la realidad de cada sector productivo. En el campo, se requiere de supervisión permanente y los períodos de siembras y de cosechas no admiten horarios reducidos. La agricultura, la construcción y el comercio en general son afectados directamente en sus costes laborales, al disminuir jornadas de trabajo por decreto y sin ninguna compensación. Los populistas de todo el espectro político siempre están atentos a nuevos “ofertones”, muchos de los cuales son irreversibles, pues una vez que la jornada laboral disminuye, jamás volverá a aumentar.

La reciente celebración del Día Internacional del Trabajo, nuevamente demostró que el discurso de los manifestantes es el mismo que hace 50 años.

Una situación parecida se hace presente en el mundo de la educación. Recientemente, un grupo de estudiantes de Arquitectura de la Universidad de Chile han reclamado públicamente por el exceso de carga académica y la obligación de hacer trabajos en casa, lo que les afectaría el sueño y les generaría estrés. El resumen del reclamo es que muchos jóvenes de hoy quieren estudiar menos y descansar más. Esta actitud es la que podríamos llamar: flojera colectiva. Los alumnos son expertos en derechos, pero ignorantes en deberes.

En este escenario, la autoridad política, los parlamentarios, los dirigentes y los medios de comunicación jamás hablan de la necesidad de esforzase para lograr los recursos necesarios para vivir dignamente. Nadie entrega un mensaje de apoyo a la austeridad, al sacrificio, al compromiso con el trabajo y con el estudio como medios de dignificación del ser humano. Lo políticamente correcto es pedir cada día más al Estado y al gobierno de turno, mayores subsidios, beneficios, préstamos, asistencias de salud y educación gratis y de calidad.

En este entorno desorbitado deambula parte importante de nuestra América Latina. Los organismos internacionales, liderados por la ONU, tampoco ayudan a fomentar el sacrificio personal, el trabajo diario, bien hecho y responsable. La reciente celebración del Día Internacional del Trabajo nuevamente demostró que el discurso de los manifestantes es el mismo que hace 50 años. La lucha de clases y el desprecio por quien da oportunidades laborales copó los titulares de la prensa.

Se requiere de líderes políticos valientes que digan las cosas por su nombre y no menosprecien la capacidad del ser humano para forjarse su propio destino.

Por su parte China, sigue invadiendo el mundo con sus productos y servicios, con un sistema político monolítico, con largas jornadas laborales y con millones de ingenieros y trabajadores produciendo trenes, automóviles, aviones, centrales solares y tecnología de punta en telecomunicaciones y en ciencia espacial.

Ningún extremo parece razonable. La solución no va con el totalitarismo chino ni con la relajación que muchos pretenden, trabajando poco y gastando recursos con alto endeudamiento familiar. Nuestra sociedad debe buscar un equilibrio en el que se trabaje más y no menos y en que la eficiencia y la responsabilidad de cada uno, tenga un justo premio a la hora de cobrar el salario. El socialismo de antes y el de hoy pretenden unos acuerdos colectivos, en que flojos y esforzados cobren lo mismo. También el socialismo busca homogenizar la sociedad y evitar que quienes estudian más y mejor puedan llegar más lejos.

Los países pobres y aquellos en desarrollo no tienen más camino que seguir trabajando para producir más y lograr acortar las brechas con aquellos países afortunados que algún día alcanzaron el desarrollo. Las soluciones mágicas al estilo Maduro, Ortega, Kirchner, Castro, Allende o Lula no van a ninguna parte. Se requiere de líderes políticos valientes que digan las cosas por su nombre y no menosprecien la capacidad del ser humano para forjarse su propio destino.

Esta columna apareció en el diario ABC de España el miércoles 15 de mayo de 2019.

FOTO: SEBASTIAN BELTRANGAETE/AGENCIAUNO

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