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Publicado el 17 de diciembre, 2015

¿América Latina y el advenimiento de la cuarta ola democratizadora?

Que se produzca una sinergia positiva entre las fuerzas promotoras de la sociedad libre en América Latina, dependerá en buena medida de la estrategia a utilizar por cada actor opositor al neo-populismo.
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Nuevos aires soplan en el concierto político latinoamericano. Los triunfos de Mauricio Macri con la coalición Cambiemos y de la oposición venezolana articulada en la Mesa de Unidad Democrática abren una esperanzadora ruta para las ideas de la sociedad libre en la región. Y es que las dinámicas de replicación y apropiación son connaturales a los procesos políticos de escala regional. El efecto contagio y la imposición de nuevos discursos permean las barreras nacionales, inciden en la dinámica de las relaciones comerciales así como de sus rutas económicas y configuran la estructuración de bloques. Sólo así es posible concebir la concatenación de patrones políticos como la consolidación de regímenes o, por el contrario, sus colapsos, bajo «efecto dominó».

El politólogo Samuel Huntington teorizó al respecto, acuñando el concepto de «oleadas democráticas». El autor de El orden político en las sociedades en cambio identificó tres grandes olas, cada una de ellas acompañada de su respectiva «contra ola». Una primera entre 1828-1926, con la respuesta de la primera contra-ola del periodo entre guerras mundiales, marcada por el surgimiento del fascismo y el totalitarismo Nazi. Una segunda ola, surgida tras del fin de la II Guerra Mundial, sucedida por la contra-ola caracterizada por el auge de los autoritarismos, que inclusive llega a América Latina entre el periodo 1958-1974. Para finalmente, determinar el ascenso de la tercera ola democrática que se inicia con posterioridad a 1974, con la «Revolución de los Claveles» en Portugal, impulso democratizador que significó que más de 30 países de América, Asia y Europa pasaran hasta 1989 desde regímenes autoritarios a democráticos; Chile incluido.

¿Representan el declive del peronismo en Argentina, el prospectivo colapso de la estructura chavista en Venezuela, el inicio de un juicio político a Dilma Roussef por corrupción y el tambaleante soporte de Rafael Correa en Ecuador, señales del advenimiento de una cuarta ola democratizadora, auténticamente latinoamericana? Aventurada tesis.

Sin lugar a dudas que la últimas décadas de la política en América Latina han tenido como elemento central al populismo como estilo de praxis política. La máxima de «cómo salir de la pobreza sin crear riqueza» a través de una hipertrofia del gasto público y del tamaño del Estado, gracias a condiciones coyunturales como el denominado boom de los commodities, posibilitó el abultamiento de las billeteras de cuanto demagogo hiciera puesta en escena en el anfiteatro de la fauna política latinoamericana. Sin embargo, aquel ciclo terminó, recrudeciendo la estrechez y los constreñimientos económicos, con todas las repercusiones sociales que posibilitan un cambio en la mirada interna hacia los respectivos regímenes. En tiempos de abundancias, las violaciones a garantías fundamentales como la libertad de expresión, asociación, la corrupción de las instituciones y la nula vigencia de la separación de poderes, pueden ser socialmente soslayadas. Pero distinta es la situación cuando esos regímenes de pseudo «dictadores benevolentes» ya no logran la legitimidad por resultados, vía distribución por gasto social.

Que se produzca una sinergia positiva entre las fuerzas promotoras de la sociedad libre en América Latina, dependerá en buena medida de la estrategia a utilizar por cada actor opositor al neo-populismo. De ahí la importancia, nuevamente, de los conceptos de replicación y apropiaciónReplicar las experiencias de Cambiemos en Argentina o del MUD en Venezuela, a realidades completamente disímiles -como la chilena, por de pronto, donde nunca hemos conocido algo ni similar al peronismo- no tiene sentido alguno. Distinta es la estrategia de una apropiación inteligente de elementos discursivos e inclusive tácticos, que sean pertinentes de cara a las realidades locales.

El «contagio» exitoso de las oleadas democratizadoras tiene más de apropiación que de replicación. Al respecto, la Primavera Árabe más que un fracaso, fue una lección de que, en materia de democratización, una golondrina no hace veranos, donde replicar por replicar, finalmente deviene en la mera reproducción del fracaso.

Esperemos que lo de Argentina, Venezuela y quizás Brasil y Ecuador no sea un espejismo más en términos de democratización, dentro del aún vasto desierto neopopulista latinoamericano.

 

Jorge Ramírez, Coordinador Programa Sociedad y Política Libertad y Desarrollo.

 

 

 

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