En la empresa el servicio y la ganancia están íntimamente relacionados. De hecho, que la empresa obtuviese beneficios sin servir sería considerada una actividad “gangsteril”, y que sirviese sin ganar correspondería a un ideologismo socialista puro (se sabe que no funciona). Una organización de negocios no puede eximirse del derecho de obtener un beneficio por sus actividades de oferta de bienes y, tampoco del deber de que la utilidad recibida sea proporcional a las prestaciones entregadas. Sabiendo que en una sociedad bien constituida el beneficio y el servicio son inseparables, resulta imprescindible plantearse a continuación el problema de la prioridad entre ambos propósitos.

A primera vista, parecería que, dado el carácter mercantil de la empresa, habría que concordar en que la prioridad como fin la tuviese sin duda el beneficio: se trataría de “ganar sirviendo”. El servir sería la acción a través de la cual se llevaría a cabo el proceso de ganancia. El servicio, aunque no se considerase rigurosamente un medio, se supeditaría entonces a la obtención de utilidades. No obstante, aun mirando la propia empresa de negocios, en cuanto tal, la alternativa de ganar sirviendo no debe ser considerada como la única ni la mejor. Hay que optar entre ella y su posibilidad opuesta, esto es, “servir ganando”. Esta elección define, a su vez, el difícil asunto de determinar la misión de la empresa. Desde el punto de vista ético y antropológico, la alternativa por servir es de grado más alto que la de ganar, ya que el procurar por los demás es mejor que el procurar por sí mismo. El hombre no puede adquirir una vida lograda, plena y feliz, si no es pensando en los demás antes que en sí mismo. El servicio entraña una relación con la persona y con su crecimiento mucho más estrecha que el mero ganar, que aquí se refiere a bienes exteriores y materiales. Luego, puesto que en la empresa la persona debe ser el punto de referencia por excelencia, el servicio ha de ser preferido a la ganancia.

La moral clásica ofrece una respuesta complementaria para este presunto conflicto de prioridad entre los fines de servicio y beneficio. El fin institucional de la empresa ha de ser el servicio; lo que no impediría que el fin personal de quien trabaja en ella pueda ser la ganancia. La ética es realista al permitir que los fines individuales (ganar dinero, fama, poder…) puedan ser diversos a los fines institucionales (prestar un servicio legítimo, de cualquier naturaleza), siempre que los individuales no desvirtúen un ápice a los institucionales, sino que, en todo caso, los incentiven. Lo dicho, además, sin desmedro alguno de que en el trabajo profesional la persona también puede alcanzar, a través de su disposición de servicio, un fin más alto que la mera consecución de recursos económicos.

En términos generales, la alternativa de “ganar sirviendo” podría ser considerada como más propia de la corriente económica que se ha dado en denominar neoliberalismo, mientras que la opción de “servir ganando” sería más próxima a la vertiente conocida como economía social de mercado.

*Álvaro Pezoa es Director Centro Ética Empresarial ESE Business School

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