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Publicado el 16 de junio, 2019

Álvaro Cruzat: Empresa, trabajo y felicidad

Vicepresidente de USEC Álvaro Cruzat

Tres noticias llegan por diferentes vías a la misma conclusión respecto del papel importantísimo que las empresas juegan en la felicidad de las personas. No sólo porque cubren sus necesidades y ofrecen trabajo, sino porque antes que todo, son un lugar de encuentro entre personas, que colaboran para conseguir ciertos objetivos comunes.

Álvaro Cruzat Vicepresidente de USEC
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Uno, bien. Dos, es casualidad. Pero si son tres, entonces ya parece ser una tendencia. Si tres eventos aislados te hablan de lo mismo es porque hay algo importante a lo que poner atención. Primero fue la publicación de un estudio sobre “engagement laboral” en las empresas chilenas; luego, una noticia sobre el esfuerzo del gobierno en Nueva Zelanda que, sin poca controversia, presentó su presupuesto fiscal como “presupuesto del bienestar y la felicidad”. Por último, el lanzamiento de un interesante libro de un psiquiatra chileno sobre la “felicidad sólida”.

El estudio sobre engagement laboral (PDF), elaborado por CircularHR, muestra que sólo el 18% de los trabajadores chilenos están motivados o comprometidos con su trabajo, y que un porcentaje similar se considera en estado de “total agotamiento”. Estos números se han mantenido estables desde 2014 y son consistentes con el estancamiento de la productividad laboral, sin duda, uno de los principales desafíos de nuestra economía, y de muchas empresas en particular.

La noticia sobre el cambio de foco de los neozelandeses desde el crecimiento del PIB a la búsqueda del bienestar se aplica sólo a los nuevos gastos fiscales, no a todo el presupuesto de ese país; pero es una respuesta concreta a algo que ya sabíamos: existe una  relación entre el dinero y la felicidad, pero no es lo único relevante ni lo único que debemos buscar si se quiere procurar el bienestar de la población. De hecho, la llamada “economía de la felicidad” muestra que cualquier aumento del ingreso per capita, cuando se sobrepasan los 20 mil dólares, no necesariamente incide en el bienestar, satisfacción con la vida o la felicidad de las personas. Resulta clave, entonces, incorporar estas nuevas variables en los análisis tanto a nivel de las empresas como de los gobiernos.

Por último, escuché una interesante entrevista al psiquiatra Ricardo Capponi  sobre su libro “Felicidad sólida”, de reciente publicación, que terminó por atar los cabos que dejaron sueltas las dos noticias anteriores. Conocer las motivaciones profundas de las personas y construir vínculos de afecto genuinos y sinceros –en todos los ámbitos– son palancas fundamentales para remover cualquier obstáculo; además, debemos aprender a sobreponernos a las emociones negativas como mecanismo eficaz para aumentar nuestro bienestar emocional, , decía Capponi.

Reconforta ver que la nueva evidencia refuerza la experiencia acumulada por innumerables hombres y mujeres de empresa en USEC. Que la empresa es, antes que todo, una comunidad de personas; por lo que en la base de su acción eficaz está el saber cultivar interna y externamente, sanas relaciones interpersonales de respeto, confianza, amistad y aprendizaje. A menudo esperamos que los cambios surjan de reformas políticas o cambios tecnológicos, cuando tenemos herramientas directas que dependen 100% de nosotros mismos para lograrlos.

Es responsabilidad directa de los directorios y la alta administración comprender la dignidad profunda del trabajo humano, apelar a la motivación trascendente y no al mero incentivo económico para movilizar la energía creadora y el compromiso de nuestros colaboradores. Esa es la principal fuente para promover la innovación, el desarrollo y retención del talento en las empresas.

Estas tres noticias que comento llegan por diferentes vías a la misma conclusión respecto del papel importantísimo que las empresas juegan en la felicidad de las personas. No sólo porque cubren sus necesidades y ofrecen trabajo, sino porque antes que todo, son un lugar de encuentro entre personas, que colaboran para conseguir ciertos objetivos comunes. Así, el trabajo no se circunscribe a la obtención de una recompensa –la remuneración–, sino que es una actividad que ennoblece e influye en la realización personal, satisfacción con la vida y en el bienestar familiar, emocional y espiritual de cada uno.

Estas tres noticias coinciden en que la felicidad está profundamente asociada a la calidad de las relaciones afectivas entre las personas –donde están obviamente incluidas las relaciones laborales–. Surgen así nuevos desafíos y preguntas para la alta dirección de las empresas. ¿Ayuda realmente mi empresa, con sus prácticas y cultura interna, a la felicidad y bienestar emocional de sus colaboradores? Bien valdría la pena que muchos gerentes de empresa, dedicáramos algo de nuestro tiempo a contestar sinceramente esta pregunta.

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