Los partidos Socialista, Por la Democracia, Radical y Liberal no han rechazado la denominación “Socialismo Democrático” con la que son identificados. Como son partidos serios, no cabe otra posibilidad que entender que aceptan la definición en reconocimiento implícito de la existencia de otro socialismo, uno no democrático. Este otro socialismo es -no existe otra posibilidad- la otra coalición oficialista, aquella que conforman el Frente Amplio y el Partido Comunista. Este último, a su vez, no parece presentar reparos a esta división entre socialistas “democráticos” y “no democráticos”, pues en el documento aprobado por el pleno de su Comité Central hace una semana, señaló: “Debemos actuar sin prejuicios ni sectarismo con los partidos del Socialismo Democrático…” A reconocimiento de parte… 

No se trata, desde luego, de una diferencia menor. De ello dan cuenta los esfuerzos que debe hacer el presidente Boric por mantener alguna concordia entre ambos socialismos y el dilema, al que tarde o temprano deberá enfrentarse, de optar por uno de los dos. Del tema se ha hablado ya mucho y el propio presidente no deja de ofrecernos ejemplos de lo duro de la tarea, avanzando y retrocediendo en sus decisiones al grado de que termina moviéndose con demasiada lentitud o simplemente no moviéndose hacia parte alguna. 

Algo de esto ocurrió cuando se dirigió al país la semana pasada, explicando las razones de quienes se movilizaron el 18 de octubre hace tres años. Lo hicieron, dijo, “para que ni el tamaño de la billetera ni el lugar de nacimiento fueran condición para acceder a una vida segura, a una salud digna, a una educación de calidad y por la necesidad de contar con pensiones que garanticen jubilaciones dignas tras una vida de esfuerzo”. Unos objetivos, desde luego, con los que muy pocos pueden no estar de acuerdo. Pero se equivocó de día porque quienes se manifestaron tras esos objetivos fueron quienes salieron pacíficamente a las calles el 25 de octubre de ese año. Quienes salieron el día 18, en cambio, lo hicieron exclusivamente para destruir (recordemos: ochenta estaciones de Metro dañadas, once de ellas totalmente destruidas). 

¿Es importante hacer esa distinción? ¿O es que la manifestación pacífica y la destrucción masiva son un todo inseparable? Sin duda que la distinción es importante porque es, justamente, el parteaguas que separa lo democrático de lo no democrático. Porque, a diferencia de la manifestación y el reclamo pacíficos, que expresan y fortalecen a la democracia, la violencia y el vandalismo son su negación. En realidad, al confundir el reclamo pacífico y democrático de más de un millón de chilenas y chilenos en muchas ciudades del país, con los actos vandálicos y de orientación subversiva de minorías violentas en las mismas ciudades, esto es, al confundir la democracia con la antidemocracia, el presidente no hizo otra cosa que tratar de conciliar los dos polos contradictorios de su base de apoyo: por hacerlas “empatar”. 

Pero el intento ha mostrado también que, más que un empate, lo que logra es una suerte de equilibrio, pero sobre una cuerda floja, muy floja en realidad. Una cuerda que debiera ser sostenida en ambos extremos por los partidos que se sitúan en los polos de su base de apoyo. Sin embargo, de ellos sólo el socialismo no democrático parece activo, pues, en el documento de su Comité Central ya mencionado, el PC declara que “El ciclo político iniciado con las luchas antineoliberales al comienzo de la transición política y que tiene su punto de inflexión el 18 de octubre de 2019, con el levantamiento popular que cristaliza en una ruptura constitucional y en la orientación transformadora de fuerzas sociales y políticas, aún no ha terminado…”. El socialismo democrático, en cambio, no ha tenido a lo largo del período que se inició el 18 de octubre de 2019 una actitud que lo distinga claramente de su polo opuesto y que trate de atraer al presidente hacia su extremo de la cuerda.

Nuevamente se hace necesario recordar: el día 12 de noviembre de 2019 todos los partidos del socialismo democrático (y también la Democracia Cristiana) firmaron, junto con los del socialismo no democrático, un acuerdo en la línea de lo que sostenía el PC en ese momento, llamando a una “asamblea constituyente” emanada de la “ciudadanía movilizada” y afirmando que “el proceso constituyente ya estaba establecido por la vía de los hechos”. El “Acuerdo por la Paz Social y la Nueva Constitución” alcanzado dos días más tarde, entregó un cauce constitucional y no insurreccional al proceso constituyente y, seguramente por ello, ni el PC ni el resto de los partidos del socialismo no democrática lo firmaron, aunque sí lo hizo el entonces diputado Boric a título personal.

Cuatro días después, el 19 de noviembre, el PC y partidos del Frente Amplio volvieron a la carga presentando una acusación constitucional en contra del presidente Piñera, acusación a la que concurrieron días más tarde los partidos del socialismo democrático; afortunadamente algunos senadores auténticamente socialistas democráticos no aprobaron la acusación y así se logró mantener la estabilidad constitucional.

En mayo de 2021, el Partido Socialista abandonó a la Democracia Cristiana, su hasta entonces aliado, para buscar una alianza electoral con el PC y el Frente Amplio: fue rechazado por estos, que vetaron al PPD y al Partido Liberal con los cuales los socialistas querían entrar a esa alianza… y los vetaron probablemente porque los consideraron demasiado “socialistas democráticos”.

A lo largo del período los parlamentarios del socialismo democrático concurrieron a aprobar el retiro indiscriminado de fondos de pensiones impulsados por la presión de sus colegas del socialismo no democrático y sin escuchar las voces, incluida la del actual ministro de Hacienda, entonces presidente del Banco Central, que les explicaron en todos los tonos posibles el desastroso efecto que esos retiros tendrían sobre la economía nacional y particularmente sobre los propietarios de esos fondos. 

En definitiva, los partidos del socialismo democrático no han mostrado mucho entusiasmo por distinguirse de sus aliados no democráticos. De seguir con esa actitud, ocurrirá que el presidente Boric deberá resolver su dilema sin su ayuda. Para ello, sólo deberá guiarse por sus principios que, creemos, son principios democráticos.

Quizás sea un buen aliciente para él recordar que decisiones tan importantes como la que él debe tomar y asumidas por personas tan importantes como lo es él hoy día para Chile, le valieron a esas personas burlas como la canción que sus opositores le cantaban a Abraham Lincoln luego que entrara en vigor la Proclamación de la Emancipación de los esclavos en enero de 1863: “El honesto Abe, cuando la guerra comenzó/Negó que la abolición fuera parte de su plan/El viejo honesto Abe después decretó/La guerra debe seguir hasta que no haya ya esclavos/Si honestos los dos no pueden ser ¿Quién me explicará/cómo, si honesto fue Abe entonces, es honesto hoy también?”. Lo cierto es que, sin preocuparse de lo pudieran decir de él, Lincoln fue finalmente leal a sus principios a pesar de que la política lo obligara en algún momento a mediatizar esos mismos principios. Esa lealtad lo convirtieron en lo que es: un líder hasta hoy amado por su pueblo. 

*Álvaro Briones es economista y escritor. Ex subsecretario de Economía y ex embajador de Chile.

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