Expertos en psicoanálisis cuentan que Freud llegó a advertir súbitas mejorías en algunos de sus pacientes cuando él les comunicaba una fecha precisa en que habría de concluir la terapia. Los mismos u otros expertos afirman que Lacan sacó una adecuada conclusión de esa experiencia y la aplicó interrumpiendo al cabo de pocos minutos sesiones que normalmente debían durar una hora. El resultado del experimento de Lacan fue que esos pacientes, luego de sufrirlo en más de una oportunidad, en las sesiones que seguían se preocupaban de aprovechar al máximo el tiempo.

¿Qué conclusión de validez general podemos sacar de esa información quienes, aparte de poder reconocer los nombres de dos sicoanalistas famosos, no sabemos mucho más de psicoanálisis? Pues que el tiempo importa y que, en el psicoanálisis como en cualquier otra actividad humana, saber cuándo llegó el momento de cada cosa, y sobre todo cuándo llegó el momento en que cada cosa debe terminar, no sólo importa, sino que importa mucho. Y es importante porque dejar que algo se pase de su tiempo es casi como convocar su descomposición, su pudrición. Una mala manera de terminar.

Es muy probable que reflexiones relativas al tiempo y al momento de terminar con algo, ronden en estos momentos las cabezas de los dirigentes del Socialismo Democrático. Porque, para ellos, la decisión de ir en una lista separada de Apruebo Dignidad en la elección de consejeros constituyentes es equivalente a establecer la imposibilidad futura de cualquier alianza electoral con ese socio inconveniente. O, de otro modo, es equivalente a decir: “…sí, podemos seguir apoyando a este Gobierno por razones que van desde la patriótica necesidad de dotar de estabilidad al país, hasta la más práctica de que siempre es preferible estar dentro del Gobierno que fuera de él, pero no se hagan la ilusión de que vamos a compartir con ustedes la aventura de una candidatura presidencial única”. Es decir, es dar por terminado el frente político que sostiene al Presidente Boric… aunque sigan apoyando al Presidente y siendo parte de su Gobierno.

Desde luego la decisión no se ofrece a los ojos del país con esa crudeza. Hasta ahora el tema se ha presentado elegantemente envuelto en considerandos relativos a cuántos votos más o cuántos votos menos puede obtener el gobierno en esa elección. Pero lo cierto es que esos considerandos son sólo eso: el paquete que envuelve el verdadero contenido porque, unidas o separadas, las fuerzas políticas que apoyan al Gobierno de todos modos van a sacar en la elección de consejeros constituyentes menos votos que aquellos que saquen -unidos o separados- quienes no pertenecen al oficialismo.

Más aún, que unidos o separados elijan más o menos integrantes de ese Consejo Constituyente también da exactamente lo mismo, porque hasta ahora ningún político oficialista, ni el gobierno mismo, han expresado alguna opinión acerca de lo que quieren o esperan como contenidos de la nueva Constitución, es decir la cuestión del contenido de la nueva Constitución importa bien poco y por lo tanto también importa poco cuántos votos se necesiten para defender ese inexistente contenido.

Por último, que la derrota de los candidatos del oficialismo, esto es del Gobierno, sea más o menos clamorosa, también va a significar bien poco: más allá del beneficio mediático que pueda sacar de ello la oposición, que el Gobierno obtenga más o menos votos en esa elección no va a modificar ni la composición del Congreso ni la voluntad política del propio Gobierno, que son los lugares en donde la política habita y se decide el andar cotidiano del país.

En resumen, para efectos prácticos la elección de constituyentes es políticamente neutra y, por lo tanto, es el mejor momento que se le puede presentar al Socialismo Democrático para notificar a Apruebo Dignidad que no deben contar con ellos en ningún emprendimiento electoral futuro y, sobre todo, que no cuenten con ellos en una elección presidencial.

¿Es una buena decisión para el Socialismo Democrático? Sin duda lo es. Seguir inexplicablemente unidos con el Partido Comunista y el Frente Amplio, sólo sirve para confundir a sus seguidores.

El corto lapso durante el cual, sobre todo en el Partido Socialista, algunos antiguos militantes confundieron a sus dirigentes abrigando la ilusión de que Gabriel Boric era una suerte de Salvador Allende redivivo, ha quedado atrás. Lo dejaron en claro las afirmaciones de superioridad moral provenientes del Frente Amplio y la actitud práctica que, más allá de decisiones puntualmente equivocadas y excesos de incontinencia verbal, ha mostrado el Presidente sujetándose en la política substantiva a la medida de lo posible. Lo cierto es que esa izquierda apasionada por valores identitarios de última generación y para la cual la gradualidad en política es una mala palabra, poco tiene que ver con aquella centroizquierda que permitió al país avanzar decididamente por el camino del progreso durante los pasados treinta años. Una centroizquierda en la que el ahora denominado Socialismo Democrático fue pieza central.

La izquierda identitaria, unida al Partido Comunista, tiene en Chile un peso electoral que no supera el 25%, según demostró la primera vuelta de la pasada elección presidencial. Y es absolutamente improbable que, después de la experiencia del actual Gobierno, y sobre todo del veredicto que entregó el plebiscito del 4-S, el electorado de centro vuelva a apoyar una proposición extrema como la que apoyó con Boric. En lugar de ello podría incluso inclinarse por un candidato o candidata de derecha, pues ya lo ha hecho antes cuando la izquierda democrática no ha sido capaz de ofrecerle una alternativa presidencial inteligente.

Así pues, aún manteniéndose leales al gobierno de Gabriel Boric, la decisión freudiana y lacaniana del Socialismo Democrático es obvia. Como también deberá ser inevitablemente obvia su actitud futura de volcarse a la búsqueda de aliados electorales en el lugar en el que naturalmente deben buscarlos: en el centro y la centroderecha. Ese, en realidad, es el verdadero sentido y significado que tiene la decisión que ahora enfrentan y lo que decidan probablemente será el hecho más importante de todo el período presidencial de Gabriel Boric.

*Álvaro Briones es economista y escritor. Ex subsecretario de Economía y ex embajador de Chile.

Álvaro Briones

Economista y escritor. Exsubsecretario de Economía y exembajador de Chile

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