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Publicado el 19 de octubre, 2015

Alta incertidumbre en la recta final de las elecciones argentinas

El desafío de Mauricio Macri es entonces recuperar los votos del electorado independiente que hoy está eligiendo a Massa y a Stolizer. Para ello está haciendo una fuerte campaña apelando al voto estratégico, lo que localmente se llama “voto útil”: “No elija a quien prefiere, elija al menos malo”.
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A menos de dos semanas de las elecciones presidenciales en la Argentina se vive un clima de alta incertidumbre respecto de quién será el próximo Presidente. El sistema electoral establece que ganará en primera vuelta aquel candidato que obtenga más votos siempre que supere el 45%, o que sobrepase el 40% y saque 10 puntos de ventaja sobre la segunda mayoría. De lo contrario, habrá segunda vuelta.

Hoy, ninguna encuesta pública da a la primera mayoría, encabezada por el candidato de Cristina Kirchner, Daniel Scioli, más de 39% de intención de voto y se mantienen, dentro del margen de error, las proporciones obtenidas en las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO), cuando el Frente para la Victoria, que encabeza Scioli, obtuvo el 38,65%; el Frente Cambiemos, con Mauricio Macri, el 30,11% y la Alianza UNA, con Sergio Massa, el 20,57%.

Esos resultados son similares a los que arrojan las encuestas de intención de voto para el 25 de octubre. De confirmarse, habría una segunda vuelta entre Scioli y Macri.

Los últimos sondeos muestran que el candidato oficialista, Scioli, se mantiene con el mismo caudal de votos y los candidatos opositores Macri y Massa se disputan el electorado independiente, con algunas fluctuaciones.

Macri arrancó la campaña post-PASO afianzando el electorado de sus socios en “Cambiemos” (la centenaria Unión Cívica Radical y la Coalición Cívica) y sumando votos de otros opositores independientes, algunas encuestas llegaron a estimar 33% de intención de votos. A Massa, en cambio, le costó al principio mantener su posicionamiento como alternativa, pero gracias a un pequeño escándalo de corrupción que salpicó al primer candidato a Diputado Nacional de Cambiemos en la provincia de Buenos Aires, el periodista deportivo Fernando Niembro, no solo habría consolidado los votos de su aliado, José Manuel De la Sota, sino que habría también sumado nuevos electores provenientes de Cambiemos, en detrimento de Macri.

El macrismo, por su parte, tras el repunte inicial, y a causa del traspié de Niembro, habría perdido además de algunos votos independientes que migraron a Massa, el de viejos radicales y  progresistas que simpatizan con la cuarta candidata en intención de voto Margarita Stolbizer. Ésta, también de origen radical como los socios de Macri en Cambiemos, tiene una intención de voto de 3,5% concentrado en la provincia de Buenos Aires que sostiene apelando al voto progresista “por convicción”.

La última encuesta publicada por el diario La Nación, realizada entre el 2 y el 7 de octubre (sobre 1838 casos) muestra una intención de voto por la fórmula Scioli-Carlos Zannini (FPV) de 37,1%; Mauricio Macri-Gabriela Michetti (Cambiemos), 26,2%, y Sergio Massa-Gustavo Sáenz (UNA), 20,1%.

Con una distancia de más de diez puntos con respecto al segundo favorito, el candidato oficial, proyectando los indecisos, podría estar ganando en primera vuelta. Aun así, ninguna de las encuestas difundidas muestra ese resultado.

El desafío de Mauricio Macri es entonces recuperar los votos del electorado independiente que hoy está eligiendo a Massa y a Stolizer. Para ello está haciendo una fuerte campaña apelando al voto estratégico, lo que localmente se llama “voto útil”: “No elija a quien prefiere, elija al menos malo”. Éste, en la medida en que el electorado tuviese información perfecta y comprendiese las reglas del juego, sería el comportamiento esperable para todo actor racional. Pero en el mundo real no hay conocimiento perfecto de las opciones ni de las reglas. A esto se suman los intentos de cada candidato de manipular la información en su propio beneficio. Durante el último fin de semana, por ejemplo, se difundieron audios telefónicos donde se daba por empatados a los dos candidatos opositores y con una clara intención de aumentar el voto del tercero en detrimento del segundo, se decía que solo Massa podía ganar en la segunda vuelta contra Scioli.

Mientras este es el escenario a nivel nacional, otra pelea se está dando en la Provincia de Buenos Aires. Allí, la gobernación se define en una sola elección, sin ballotage: la primera  mayoría gana. Tanto en el resultado de las PASO como en las encuestas de intención de voto, quien sale primera es la candidata respaldada por Macri, María Eugenia Vidal. En segundo lugar, a pocos puntos de distancia, se posiciona el candidato oficialista.

La provincia de Buenos Aires es considerada “la madre de todas las batallas”, en efecto, su electorado representa el 37% del padrón nacional. Esto, sumado a que las distintas categorías por las que se vota están impresas en una misma boleta y el corte de boleta no es una práctica habitual, ni sencilla, da como resultado que salvo en una excepción, el gobernador y Presidente electos resultaron del mismo signo político. Una de las mayores interrogantes en estas elecciones es precisamente cómo incidirá el voto a gobernador en el resultado de la elección Presidencial.

Hay tres factores a tener en cuenta:

  • La candidata favorita en la provincia, María Eugenia Vidal(Cambiemos), es de signo contrario al favorito en la elección nacional, Daniel Scioli (Frente para la Victoria).
  • El candidato oficialista, Aníbal Fernández (Frente para la Victoria) tiene un fuerte e intenso rechazo dentro de la mayoría de los electores de la provincia de Buenos Aires.
  • Históricamente existe un bajo índice de corte de boleta.

La pregunta que actualmente se hacen en todos los equipos de campaña es: ¿En qué medida Aníbal Fernández “tirará abajo” la boleta de Daniel Scioli, o cuánto la boleta del candidato presidencial oficialista levantará la de gobernador?

En la respuesta a esto está la clave de quién será el próximo gobernador y si habrá o no segunda vuelta. A poco más de una semana de la contienda electoral, las opciones están abiertas y nadie en Argentina se atreve a arriesgar.

 

Marina Carbaja, Marina Carbajal, Lic. Estudios Internacionales y M.A. Political Economy y Electoral Behavior.

 

 

FOTO:CRISTOBAL ESCOBAR/AGENCIAUNO

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