El pleno Convencional acaba de aprobar el crimen más alevoso que imaginarse pueda. Una mujer que lleva en su vientre la vida se dispone a terminar con ella, bajo el pretexto de ser “dueña de su cuerpo”. Un médico o varios médicos que juraron proteger la vida y trabajar para salvarla, se preparan para asesinar a sangre fría a la creatura que no puede defenderse. Y estas son las mismas personas que en nombre de los derechos humanos reclaman libertad para los delincuentes presos y exigen reparación para los lesionados en incidentes.

¿Qué pasó con la razón de aquellos que han aprobado este horroroso crimen? ¿Cómo pudo caber en esas cabezas semejante barbaridad? Claro, la mujer se defiende en la propiedad de su cuerpo y verdaderamente puede creer que la vida que lleva dentro es parte de su cuerpo. ¿Qué parte? ¿Un tumor? Pero, ¿qué extraño tumor se mueve y tiene vida propia, mueve pies y manitas y golpea el vientre de la madre? 

El cuerpo de la mujer es el lugar de la concepción, el nido donde se aloja el concebido principio de la vida. El lugar de la nutrición de la vida que comienza, el lugar de seguridad, de protección; pero, de pronto, la mujer se perturba y cree que lo que lleva dentro de sí es sólo una parte de su cuerpo, y como el cuerpo es sólo materia y no el continente del espíritu  que anima la vida y le da lugar, puede entonces disponer a voluntad y extirpar lo que le parezca problemático o indeseado; es su cuerpo y le pertenece, en un espacio de propiedad, ¡que sin discusión, se acepta aquí como absoluto!

Los que asesinan, en este caso, no son delincuentes; los que aprueban el crimen, no son cómplices y pueden dormir tranquilos. Este asesinato legalmente permitido no avergüenza a nadie, es sólo la realización de la verde esperanza que a modo de pañuelo adorna manos y cuellos de una juventud cuya ignorancia y falta de sentido conmueve y asusta.  

El final de la historia aún no se escribe. Los seres humanos cuerdos y responsables, con un lápiz, van sepultar tamaña ignominia; la casa de todos no puede estar manchada con la sangre de los inocentes.

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