Se ha ido una de las grandes personalidades que llenó la historia mundial en los últimos 70 años; y lo hace con el respeto y admiración, no sólo de sus súbditos, sino de gran parte de la humanidad, incluidos los chilenos que llevaron a que nuestros medios de comunicación se llenaran de noticias referentes a la vida de la soberana británica.

¿Qué provoca este respeto y admiración tan extendidos? No son decisiones políticas de gobierno, pues su tarea como monarca constitucional, la cual respetó sin excepción en todas estas décadas, fue reinar pero no gobernar. Sin embargo, en los últimos años su adhesión popular superó el 70%, muy superior a cualquier líder político contemporáneo.

Sin duda la presencia de la Reina y su ascendiente en el Reino Unido han ayudado a la persistencia del importante aporte inglés a la paz y progreso mundiales, pero eso no logra explicar la masiva adhesión y respeto que provoca en el mundo. Por ejemplo, días antes murió Mijaíl Gorbachov, personaje clave en el término de la guerra fría y que, sin duda, hizo un aporte enorme a la paz y el avance de la libertad en muchos países, pero no sólo no tuvo el reconocimiento debido en su país, sino que los numerosos elogios internacionales no tuvieron la masividad ciudadana y popular que produjo Isabel II.

Tampoco el cariño y admiración se deben a su cargo. Por el contrario, en esta época las monarquías en general para muchos son un vestigio del pasado y objeto de numerosas críticas. Pero no en el caso de Isabel II, quien aún seguía siendo jefa de Estado de países como Canadá, Australia y Nueva Zelanda, junto a otras 11 naciones. Además, seguía liderando la Commonwealth con sus más de 30 países. Incluso quienes hace algún tiempo apoyaban el plebiscito por la separación de Escocia dejaban en claro que, si hubieran triunfado, Isabel II continuaría siendo su monarca.

A todo lo anterior se suma que estos 70 años no han sido fáciles. Al nacer la Reina, su abuelo reinaba sobre un Imperio que cubría al 25 % de la población mundial, lo cual se fue desintegrando y dio paso a la emergencia de otras grandes potencias. En sus 7 décadas de reinado debió enfrentar 7 guerras, la unión y el quiebre con Europa, una pandemia global y varias crisis económicas, sociales y políticas.

¿Cómo logró una mujer -en un tiempo de escasa participación femenina en los liderazgos, de grandes cambios sociales en la dirección de mayor horizontalidad, de decadencia del Imperio y de surgimiento de otras enormes potencias mundiales, de divisiones políticas y sociales- no sólo prevalecer y mantener la realeza, sino conquistar un masivo apoyo popular, ser el símbolo de la unidad de su país y convertirse en figura de primer nivel mundial aún a su muy avanzada edad? ¿Por qué millones alrededor del mundo lloran su partida?

Sin duda, lo primero que destaca es su sentido del deber. Prometió dedicar su vida al servicio de su pueblo y así lo hizo, con su trabajo incansable.

Además, respetó plenamente las instituciones y nunca interfirió con el gobierno o las disputas políticas por relevantes que fueran. Por ejemplo, durante la campaña del Brexit, que dividió profundamente a los británicos, el primer ministro David Cameron dijo que la reina “debería al menos levantar una ceja” para mostrar su posición, pero la soberana solo hizo un llamado a recordar que, cualquiera fuera el resultado, lo importante era permanecer unidos.

Esta búsqueda incansable de la unidad, entendiendo a la monarquía no solo como un símbolo, sino precisamente como una potente herramienta para mantener la cohesión de su pueblo, fue también un sello distintivo.

Por las mismas razones, la Reina fue una celosa defensora de las tradiciones inglesas. Siempre las apoyó y fomentó, pues en ellas se encuentran las raíces que han permitido la  unidad del pueblo inglés durante muchos siglos. Son ellas las que unen el pasado con el presente, pero, más importante aún, apoyan la unidad necesaria para enfrentar exitosamente el futuro.

Estas características de Isabel II causaron la admiración, el respeto y el cariño de sus súbditos y de millones alrededor del mundo. Pero entender la política y los cargos públicos como un compromiso para servir a los demás; respetar las instituciones; privilegiar siempre la unidad, y proteger y fomentar las tradiciones que constituyen nuestras raíces, son también lecciones universales y permanentes que todos quienes aspiran a ejercer el servicio público debieran aprender.

*Alfredo Moreno Charme fue ministro de Relaciones Exteriores, Obras Públicas y Desarrollo Social. Compartió junto a la Reina en varias oportunidades, siendo quizás la más significativa en 2016, cuando -a petición de ella- junto a la Escuadra Ecuestre Palmas de Peñaflor montaron un espectáculo especial para ella en el castillo de Windsor.

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