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Publicado el 01 de mayo, 2019

Alejandro San Francisco: Venezuela, golpes de Estado y futuro

Profesor de la U. San Sebastián y la UC. Director de Formación del Instituto Res Publica. Director general de "Historia de Chile 1960-2010" (USS). Alejandro San Francisco

El Presidente Encargado Juan Guaidó enfrenta una situación paradójica. Por un lado, es evidente que no tiene poder real, carece de mando militar y no controla la burocracia ni el sistema institucional bolivariano. Por otro, de inmediato concitó un gran apoyo dentro de su país y a nivel internacional, tanto en Europa como en América Latina.

Alejandro San Francisco Profesor de la U. San Sebastián y la UC. Director de Formación del Instituto Res Publica. Director general de "Historia de Chile 1960-2010" (USS).
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Este 30 de abril fue un día histórico, lleno de noticias desde muy temprano, con informaciones graves y contradictorias, a veces falsas e interesadas. Algunos hablaron de un eventual golpe de Estado, encabezado por Juan Guaidó, quien contaba con el apoyo de un grupo de uniformados en la base militar La Carlota. Con ello, a través de la Operación Libertad, podría estar encabezando el momento decisivo del derrocamiento de la dictadura de Nicolás Maduro. Como suele ocurrir, el problema era bastante más complejo y menos previsible: no bastaba la convicción y el entusiasmo, tampoco el espíritu democrático y el patriotismo.

Es muy difícil saber cómo terminará el régimen de Nicolás Maduro y si eso ocurrirá en semanas, meses o años. Muchas veces se ha hablado de que vive momentos definitivos, pero que nada han definido. Desde hace un buen tiempo Venezuela enfrenta una crisis múltiple, sistémica, que afecta a su organización política y constitucional, con una situación social insostenible, un profundo deterioro de la economía y la emigración de millones de personas. Y pese a todos esos problemas, Maduro y el Socialismo del siglo XXI permanecen inconmovibles en el poder.

¿Qué sostiene a la dictadura y por qué es tan difícil acabar con ella? Hay dos elementos que resultan fundamentales para comprender la perpetuación de Maduro en el gobierno venezolano. El primero es la determinación del chavismo por permanecer en el poder, que implica haber hecho elecciones en numerosas oportunidades, pero sin entregar espacios relevantes, como lo enseñaron teóricamente y con su ejemplo dos íconos de la revolución socialista: Fidel Castro y Hugo Chávez. El segundo se da porque la dictadura cuenta con un respaldo militar muy sólido, con escasas fisuras, que le permite controlar la fuerza y con ello seguir en el poder; no es casualidad que el primer tuit del día de Nicolás Maduro fuera para confirmar los respaldos castrenses. Determinación y fuerza militar son las dos claves del poder actual de Nicolás Maduro.

Quizá la jugada del 30 de abril de 2019 se considere fallida, pero la política -que de por sí es muy dinámica- en el caso venezolano está marcada por las numerosas contradicciones de años de dolor.

Se ha dicho que Guaidó intentó un golpe de Estado este 30 de abril. Con prescindencia de su forma de organización y de  su oportunidad, así como las reales posibilidades de éxito que tenía, es bastante claro que en materia de golpes de Estado la historia es más larga y no la inició la oposición venezolana. El primer golpe de Estado lo dio el propio Nicolás Maduro, cuando decidió clausurar la Asamblea Nacional -de clara mayoría opositora- y asumir el poder total en Venezuela. Los pasos restantes solo sirvieron para consolidar su dictadura: la formación de la Asamblea Constituyente, las elecciones presidenciales carentes de legitimidad y la pérdida objetiva de reconocimiento internacional. De esta manera, una rebelión anti dictatorial parte teniendo en cuenta esta realidad previa.

Sin embargo, para mayor complejidad, desde enero de 2019 tenemos un segundo gobierno en Venezuela, precisamente del Presidente Encargado Juan Guaidó, quien enfrenta una situación paradójica. Por un lado, es evidente que no tiene poder real, carece de mando militar y no controla la burocracia ni el sistema institucional bolivariano. Por otro, de inmediato concitó un gran apoyo dentro de su país y a nivel internacional, tanto en Europa como en América Latina. Este martes 30 de abril muchos vieron con ilusión la jugada de Guaidó, pero las ilusiones nuevamente fueron más grandes que las posibilidades reales de éxito.

¿Qué va a suceder en Venezuela? Es difícil saberlo y el futuro inmediato sigue estando abierto. En cualquier caso, la comunidad internacional ha señalado un objetivo y un medio para el proceso: debe existir una transición a la democracia y ella debe realizarse por medios pacíficos. Esto representa un anhelo noble, pero que exige una renuncia de Maduro al poder o una negociación con el régimen, alternativas que son inviables. Por lo mismo, solo parece posible continuar con una fórmula que contemple tanto el respaldo internacional permanente como una movilización social sin pausas y con sentido de victoria. En alguna medida, es la fórmula que experimentaron hace 30 años las sociedades al este de la Cortina de Hierro, cuando se produjo la caída de los regímenes comunistas, incluido el emblemático Muro de Berlín.

Quizá la jugada del 30 de abril de 2019 se considere fallida, pero la política -que de por sí es muy dinámica- en el caso venezolano está marcada por las numerosas contradicciones de años de dolor: la esperanza que se mezcla con la desesperación, la miseria acumulada en un país tan rico y sobre todo la dialéctica entre una dictadura que se niega a morir y una democracia que tarda demasiado en nacer.

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