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Publicado el 15 de marzo, 2020

Alejandro San Francisco: Un mundo enfermo. A propósito del coronavirus

Profesor de la U. San Sebastián y la UC. Director de Formación del Instituto Res Publica. Director general de "Historia de Chile 1960-2010" (USS). Alejandro San Francisco

Aquí existe un deber de prevención, de atención de salud y también de comunicación efectiva hacia la población, que permita superar este momento de la mejor manera posible. No sería raro que -una vez terminado el ciclo del coronavirus-, veamos en algunos países adelantar procesos electorales y cambiar la ubicación de los candidatos en las encuestas.

Alejandro San Francisco Profesor de la U. San Sebastián y la UC. Director de Formación del Instituto Res Publica. Director general de "Historia de Chile 1960-2010" (USS).

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Coronavirus. Se ha convertido, sin lugar a dudas, en el concepto clave del 2020. En China, en Europa y Estados Unidos. Podríamos decir en el mundo entero, un mundo enfermo que sufre los efectos de un mal desconocido, de rápida expansión y mortal.

Las consecuencias de la expansión del coronavirus -que apareció junto con el final de 2019- se han sentido en los más diversos ámbitos, afectan a personas y razas en todo el mundo, gobiernos de todo signo y no hacen distinción en su avance entre las sociedades más desarrolladas y aquellas que sufren retrasos.

Desde luego, el impacto inmediato se ha manifestado en el ámbito de la salud, el tema propio de la pandemia que comenzó en Wuhan (China) y que hoy está extendida por los distintos continentes. Ha habido un crecimiento extraordinario en el número de países afectados, de personas infectadas y de muertos, así como de recursos humanos y económicos destinados a enfrentar la enfermedad. Al 14 de marzo -al mediodía europeo- había 144.357 infectados en el mundo, con 5.396 muertos a causa del coronavirus: de estos 3.194 eran de China y 1.518 de Europa.

Rápidamente el coronavirus cruzó las fronteras de la salud para afectar gravemente la economía mundial, especialmente en aquellos países más afectados. Italia decretó la cuarentena en Lombardía, responsable de la mayor producción del país; Estados Unidos ha cerrado sus fronteras a los vuelos desde los países afectados de Europa; España prácticamente ha paralizado sus actividades. Por otra parte, las bolsas del mundo han tenido sus peores resultados en décadas y ya se advierte el serio riesgo de la recesión en el horizonte. Las actividades perjudicadas son múltiples y los estragos todavía no permiten ver todos los efectos que tendrá esta crisis. Los vuelos internacionales han sufrido una merma inédita, que parece retrotraer la historia; el turismo y toda la vida que gira en torno a él están semiparalizados en diferentes lugares de Europa, con enormes costos e imágenes de soledad inimaginables hace solo unas semanas; se han detenido actividades deportivas y culturales, congresos científicos y han existido otras tantas alteraciones de la vida cotidiana cuyos efectos económicos ya se ven, pero que sin duda tendrán todavía otros daños profundos a la economía internacional.

El tema de fondo será la capacidad de los gobiernos para enfrentar un problema que está fuera de las preocupaciones normales de una administración en estos tiempos.

También es posible apreciar algunos efectos políticos en la propagación de la enfermedad. El gobierno de China pasó de un momento inicial errático hacia una forma seria de combatir el coronavirus, si bien con grandes costos humanos. En Europa la situación de Italia provocó disputas iniciales, que llevaron al líder de la Liga Matteo Salvini a pedir elecciones anticipadas, asegurando que existía un gobierno que había sido incompetente en situaciones de normalidad y que lo seguiría siendo ante la emergencia. Donald Trump, si bien en un principio no miró el problema con la gravedad que tenía, ahora ha declarado emergencia nacional en los Estados Unidos, consciente de que se puede estar jugando el éxito de su último año de gobierno y eventualmente su reelección. España se encuentra en estado de alarma y también han existido acusaciones contra el gobierno de Pedro Sánchez por la lentitud en tratar el problema e incluso por no haber detenido eventos como la marcha del 8M, a la que asistió la ministra Irene Montero, quien dio positivo por coronavirus. También han trascendido diferencias entre los líderes del PSOE y Pablo Iglesias -pareja de Montero-, de Unidas Podemos, quien pese a estar en cuarentena asistió al Consejo de Ministros citado para declarar el estado de alarma. Corea del Sur, por su parte, logró desarrollar un método invasivo pero que permitió evitar la propagación de los infectados y los muertos por la enfermedad.

El tema de fondo será la capacidad de los gobiernos para enfrentar un problema que está fuera de las preocupaciones normales de una administración en estos tiempos, que irrumpió de manera impensada y que pocos han tomado desde un comienzo con la seriedad que correspondía, o bien se han dejado llevar por excesos de confianza. Aquí existe un deber de prevención, de atención de salud y también de comunicación efectiva hacia la población, que permita superar este momento de la mejor manera posible. No sería raro que -una vez terminado el ciclo del coronavirus-, veamos en algunos países adelantar procesos electorales y cambiar la ubicación de los candidatos en las encuestas.

Habrá que verlo, como habrá que observar también los eventuales efectos diplomáticos de medidas como las tomadas por el presidente Donald Trump, que cierra la entrada a los Estados Unidos de vuelos provenientes de la Unión Europea, lo que genera rápidamente un enorme impacto económico y político. Ciertamente, Gran Bretaña queda excluida de esta drástica medida.

Chile, sin duda alguna, puede aprovechar esta ocasión para enfrentar unidos una situación difícil y de resultado incierto, en medio de la división de los últimos meses.

Pese a todo, la crisis de salud y económica representa también una gran oportunidad para las distintas sociedades afectadas.

En primer lugar, es una gran ocasión para enfrentar el problema con sentido de país o no con la lógica partidista que suele predominar en el debate cotidiano. La polarización debe dar paso a la colaboración y las querellas pequeñas deben abrir espacio a los grandes temas nacionales: un sistema de salud de calidad, la relevancia de la investigación científica y la necesidad de contar con información transparente y veraz. En el caso de los gobiernos, deben estar conscientes de que es muy relevante la efectividad de las medidas y la credibilidad de las autoridades, frente a la retórica estéril, la declaración simplemente ideológica o la incapacidad de enfrentar los problemas como realmente se presentan. Chile, sin duda alguna, puede aprovechar esta ocasión para enfrentar unidos una situación difícil y de resultado incierto, en medio de la división de los últimos meses.

En segundo lugar, es necesario replantear la forma de comprender la situación actual del mundo, donde numerosos aspectos están interrelacionados y un problema puntual rápidamente provoca un efecto dominó difícil de controlar. Una guerra, un virus, una crisis económica, una elección decisiva: todos esos acontecimientos pueden provocar un cambio de eje que termine precipitando una crisis profunda o extendida. Quienes tengan capacidad para huir del simplismo y abarcar los problemas en su real complejidad, tendrán más posibilidades de salir bien parados de la actual situación y, seguramente, sus países tendrán un futuro con más oportunidades.

En tercer lugar, nuestras miradas deben ser necesariamente más integrales. Al análisis científico que corresponde a problemas de salud como el coronavirus, es necesario añadir una mirada histórica que permita observar situaciones análogas en el pasado (“las pandemias han tenido profundos efectos económicos durante toda la historia”, nos recuerda el The Economist en su edición del 12 de marzo); el conocimiento de la sicología o la sociología son sin duda relevantes para comprender los comportamientos personales y grupales en circunstancias como las que vive actualmente el mundo; debemos escuchar a los pequeños emprendedores, cuyo negocio puede caer por una circunstancia absolutamente ajena a su trabajo, provocando un inmediato dolor a muchas familias.

El coronavirus todavía está en fase de desarrollo, en distintos momentos según el lugar del mundo de que se trate. Sin embargo, es claro que tendrá una incidencia creciente en la agenda política y social, así como también en los análisis futuros que se hagan sobre este imprevisible 2020.

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