Este 4 de septiembre de 2022 Chile vive una de las elecciones más importantes de toda su historia, el final de un camino nacido bajo la revolución de octubre de 2019, y que ha resultado más largo y controversial de lo que era esperable: los ciudadanos concurren a las urnas para votar Apruebo o Rechazo ante la constitución propuesta por la Convención Constituyente.

El país define su futuro y millones de personas tienen cifradas sus esperanzas en los resultados contradictorios que puedan darse en esta jornada. Podríamos pensar que esto es lo habitual en las democracias: los diferentes comicios tienen vencedores y vencidos. Sin embargo, no ocurre lo mismo con los procesos constituyentes formulados en democracia: el 6 de diciembre de 1978, el 91,78% de los españoles dieron su apoyo a la Constitución de 1978, por mencionar un ejemplo que hizo historia.

Sin duda, para Chile resulta una notable casualidad que el plebiscito constitucional se realice en esta fecha. El 4 de septiembre de 1946 hubo elecciones presidenciales en el país, en las cuales Gabriel González Videla, del Partido Radical, obtuvo el 40% de los votos: con él se inauguró esa fecha para los comicios presidenciales, que muchos consideran los más importantes de la democracia chilena.

Seis años más tarde Carlos Ibáñez del Campo regresó a La Moneda con una fuerza impresionante, y logró casi el 47% de los sufragios; en 1958 Jorge Alessandri obtuvo el 31% y en 1970 Salvador Allende logró el 36%, en una de las elecciones más disputadas e importantes de toda la historia nacional. Todos ellos pasarían a gobernar un par de meses después, dentro de un sistema que no contaba con segunda vuelta, sino en el cual el Congreso Pleno elegía entre las dos primeras mayorías relativas: en los cuatro casos prefirió a la primera mayoría, González Videla, Ibáñez, Alessandri y Allende. La única excepción en esos años, que obtuvo mayoría absoluta en su respectiva elección presidencial, fue Eduardo Frei Montalva, quien logró un sólido 56% de los sufragios en 1964.

Hay un hecho que, desde una perspectiva histórica, me parece todavía más importante. Este 4 de septiembre de 2022 se cumplen 70 años desde la primera vez que las mujeres pudieron votar en una elección presidencial en Chile. Sin duda, fue necesario recorrer un largo camino para llegar a esa jornada histórica, desde el discurso de Abdón Cifuentes en 1865, la acción y trabajo de diversos movimientos de mujeres, la decisión del Congreso Nacional que aprobó la ley que permitió el sufragio femenino amplio, el gobierno de Gabriel González Videla –bajo cuya administración se promulgó la ley en 1949– así como el trabajo de la primera dama Miti Markmann. Desde entonces en adelante creció el cuerpo electoral de una manera nunca antes vista, así como las mujeres pasaron a ser participantes activas del sistema político, como diputadas, senadoras y, más tarde, con una Presidenta de la República.

Por muchas razones, como se puede apreciar, el 4 de septiembre ha sido un día muy importante en la historia electoral de Chile. No cabe duda que también lo será este día domingo, en pleno 2022, cuando nuevamente la ciudadanía ha sido convocada a las urnas, en una época histórica marcada por la coyuntura de una crisis profunda y de sucesivos comicios presidenciales, parlamentarios, de elección de convencionales, plebiscito constituyente de entrada y ahora de salida. El cuerpo electoral ha ido mutando parcialmente en estos años, así como las personas movilizadas para sufragar también han cambiado en número y opciones. El 25 de octubre de 2020 votaron 7.562.173 personas, la mayor cantidad de la historia en términos absolutos. El 15 y 16 de mayo de 2021 la cifra disminuyó en la elección de convencionales: solo asistieron a sufragar 6.184.594 ciudadanos, cifra que se explica en parte por el contexto de pandemia. En la elección presidencial y parlamentaria del 21 de noviembre de 2021 acudieron a las urnas 7.114.800 personas, en tanto en la segunda vuelta que enfrentó a Gabriel Boric con José Antonio Kast emitieron su voto 8.270.978, una cifra sin duda impresionante.

¿Cuántos ciudadanos participarán este 4 de septiembre? Se estima, por diferentes razones, que esta será la elección más concurrida de la historia de Chile. A ello contribuyen al menos dos circunstancias. Desde luego, que se trata de un plebiscito con “voto obligatorio”; a esto se suma la naturaleza de la consulta, que puede decidir el futuro de Chile por varias décadas. Obviamente no todos concurrirán a votar: el carácter obligatorio y la amenaza de multas poco pueden hacer ante el estado de anomia que ha sufrido el país en los últimos años, que hace percibir poco creíble que se vaya a producir una masiva sanción económica a millones de chilenos, por muy alicaídas que estén las arcas del fisco. El tema es más complejo, de carácter cultural, y por lo mismo mucha gente no votará; aún así los análisis más optimistas estiman que podrían sufragar más de diez millones de personas, lo que sin duda es una cifra histórica e impresionante.

Sin embargo, el tema de fondo se refiere a la importancia efectiva del plebiscito constituyente, que podría significar un cambio profundo, estructural, en el país: una refundación de Chile, en palabras de la primera presidenta de la Convención. Mirado en la perspectiva del proceso iniciado con la revolución de octubre de 2019, el triunfo del Apruebo significará la consolidación jurídica del camino comenzado en las calles, institucionalizado posteriormente y que podría estar llegando a su fin. En caso de resultar vencedor el Rechazo, no está claro cómo terminará el itinerario constituyente, aunque es previsible que el camino de la reforma siga adelante, considerando la inédita doble manifestación electoral de la discordia constitucional: con el plebiscito de entrada, que exigía un cambio en la carta fundamental, y la del plebiscito de salida, que rechazaría eventualmente la propuesta de la Convención.

Por último, este 4 de septiembre habrá un coletazo adicional, producto de lo que se define políticamente en el plebiscito. Si, en el plano jurídico, se trata de una aprobación o rechazo de la “nueva constitución”, desde una perspectiva política el tema es más complejo, considerando que hay un juicio a la Convención y su trabajo, así como –más importante todavía– se realiza una evaluación del gobierno de Gabriel Boric. Por lo mismo, una victoria del Apruebo sería un triunfo personal y político del Presidente de la República, en tanto de ganar el Rechazo sería un nuevo golpe para el gobierno y para el propio Boric, afectado por las encuestas y los numerosos errores en el equipo ministerial. En tal caso se produciría una derrota puntual del proceso revolucionario, pero este no necesariamente habrá llegado a su fin. De esta manera, el discurso de una elección sin vencedores ni vencidos puede ser una manifestación de buena voluntad tras un tiempo de polarización, pero es claro que el resultado no es indiferente, sino crucial y controversial para el futuro de Chile.

Después de todo, el proceso no solo demostró ser inédito en la composición de la Convención o en la participación ciudadana en diferentes etapas, sino que también en su resultado: la propuesta de constitución más rupturista de la historia de Chile, que podría ser la consolidación jurídica de la revolución de octubre. Queda muy poco para saberlo.

*Alejandro San Francisco es académico de la Universidad San Sebastián y Universidad Católica de Chile. Director de Formación Instituto Res Publica.

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