Columnas de opinión es presentado por:
Publicado el 11 octubre, 2020

Alejandro San Francisco: Pensar la revolución de octubre de 2019

Profesor de la U. San Sebastián y la UC. Director de Formación del Instituto Res Publica. Director general de "Historia de Chile 1960-2010" (USS). Alejandro San Francisco

Todavía es demasiado pronto para comprender el proceso que comenzó a vivir Chile desde el 18 de octubre de 2019, y además este 2020 ha sido particularmente complejo e impensado.

Alejandro San Francisco Profesor de la U. San Sebastián y la UC. Director de Formación del Instituto Res Publica. Director general de "Historia de Chile 1960-2010" (USS).
Recibe en tu correo Lo mejor de la prensa
Suscribirse

En estos días ha llegado a mis manos la revista Punto y coma, interesante y bien cuidada publicación del Instituto de Estudios de la Sociedad (IES). El número 3 está dedicado a los sucesos de octubre de 2019, procurando analizarlos desde perspectivas diversas, que tienen en común la reflexión y el intento de comprender el complejo escenario que ha vivido Chile en los últimos meses. Tarea nada fácil, sin duda alguna.

El tema es de la mayor importancia, por cuanto es necesario poner a la revolución de octubre en una perspectiva histórica, analizarla sociológicamente, en sus formas de comunicación, comprenderla desde la ciencia política y analizar sus proyecciones constitucionales. En estos momentos es particularmente necesario pensar la revolución de octubre, cuando se cumplen los primeros doce meses del conflicto que alteró la agenda política chilena –superando al Ejecutivo y al Congreso–, en la mayor movilización social desde la restauración de la democracia en 1990.

La producción bibliográfica ha sido abundante en los últimos meses, y se podría decir que comenzó a desarrollarse en forma paralela a las protestas que siguieron al estallido. Primero, las páginas de los diarios y revistas se llenaron de columnas políticas, económicas, periodísticas o históricas, hubo análisis en las radios y canales de televisión; posteriormente surgieron debates académicos y en otras instancias, así como diversas publicaciones, que procuraban procesar qué había ocurrido el 18 de octubre y por qué, cuál era el significado de las movilizaciones, las razones de la violencia y sus justificaciones, la paralización política y los efectos múltiples del estallido social, como se le denominó de forma repetida.

Los acontecimientos de octubre han recibido distintas denominaciones: rebelión o revolución, movilización social o ruptura, aunque estallido social sigue siendo la más utilizada, mientras algunos la descalifican movilización como antisocial. En cualquier caso, y con prescindencia de las posiciones personales sobre la crisis del 18 de octubre y las semanas siguientes, así como del proceso constituyente que se inició, o de los afectos o desacuerdos con el gobierno del presidente Sebastián Piñera, lo cierto es que es necesario hacer un trabajo intelectual más riguroso y permanente, que ha sido sin duda una de las tareas pendientes en el mundo político de los últimos años.

Entre las obras que han aparecido en estos últimos meses, hay tres escritas por historiadores que analizan el tema desde su perspectiva de análisis e incluyen la dimensión popular constituyente, tanto hacia el pasado como en su proyección futura. Ello son Gabriel Salazar, Acción constituyente. Un texto ciudadano y dos ensayos históricos (Tajamar Editores, 2020); Sergio Grez, Asamblea constituyente. La alternativa democrática para Chile (América en Movimiento, 2019, Tercera edición corregida y aumentada [Primera edición, 2015]); y Mario Garcés, Estallido social y una Nueva Constitución para Chile (LOM, 2020). Su perspectiva del proceso constituyente es diferente a la que se está dando, ya que piensan más bien en un proceso desde la base social y no conducido por los partidos políticos.

Otros autores han desarrollado diversos ensayos en los últimos años para analizar la transición y la democracia, la situación de Chile en el siglo XXI y los cambios sociales y culturales del país. Hoy han vuelto a presentar sus reflexiones a propósito de los sucesos de octubre: Hugo Herrera, Octubre en Chile. Acontecimiento y comprensión política: hacia un republicanismo popular (Katankura, 2019); Alberto Mayol, Big Bang. Estallido social 2019. Modelo derrumbado-Sociedad rota-Política inútil (Catalonia, 2019); Eugenio Tironi, El desborde. Vislumbres y aprendizajes del 18-O (Planeta, 2020); Carlos Ruiz Encina, Octubre chileno. La irrupción de un nuevo pueblo (Taurus, 2020); Carlos Peña, Pensar el malestar (Taurus, 2020); Sergio Muñoz Riveros, La democracia necesita defensores. Chile después del 18 de octubre (El Líbero, 2020). Para el aniversario del estallido se anuncia la obra de Luis Larraín, El otro golpe: 18 de octubre de 2019 (Ediciones LyD, 2020); mientras para noviembre está programada la publicación del libro de Andrés Jouannet, Golpe al Estado. El octubre chileno (Historia Chilena, 2020).

Hay otros trabajos que tienen un carácter interdisciplinario, o que aportan miradas plurales, como es la publicación mencionada del IES, así como el libro editado por Benjamín Ugalde, Felipe Schwember y Valentina Verbal, El octubre chileno. Reflexiones sobre democracia y libertad (Democracia y Libertad, 2020), obra en la que además escriben Alfredo Jocelyn-Holt, Carlos Newland, Cristóbal Bellolio, Daniel Brieba, Emilio Ocampo, Francisca Dusaillant, José de la Cruz Garrido, José Miguel Aldunate, Luis Placencia y Natalia González.

A estas obras podemos sumar las reflexiones realizadas por periodistas como Patricio Fernández, Sobre la marcha. Acerca del estallido social en Chile  (Debate, 2020), y Daniel Matamala, La ciudad de la furia (Catalonia, 2019). En este segundo caso se trata de columnas publicadas en La Tercera durante el año del estallido, que muestran una serie de problemas sociales acumulados y que podrían estar en las raíces de la crisis social de fines de 2019. Por cierto, quizá todas estas publicaciones no agotan los trabajos que han aparecido en este último año, en el cual destacan diversos títulos específicos sobre temas constitucionales que vale la pena considerar. También podríamos mencionar el número 4 de revista Átomo (otoño de 2020), de la Fundación para el Progreso, que analiza el tema de la violencia, con valiosos artículos de Carla Cordua, Héctor Soto, Miguel Saralegui, Mauricio Rojas y Patricio Domínguez, entre otros.

Los temas abordados y los problemas planteados por las distintas publicaciones son numerosos. El poder constituyente, con énfasis en su base popular, aparece con claridad en los libros de Gabriel Salazar, Sergio Grez y Mario Garcés, como una demanda histórica y una exigencia para el presente. Patricio Fernández y Carlos Ruiz Encina afirman con claridad que “no hay vuelta atrás”, después del cambio que se produjo el 18 de octubre pasado, aunque el futuro está abierto y es necesario estar atentos a la forma específica que tomará la transformación que comenzó el 2019. El tema de las desigualdades aparece de manera bastante transversal en las distintas publicaciones, si bien con diferentes énfasis y profundidad. Predomina el ensayo histórico o sociológico, político/filosófico o periodístico, pero también hay algunos libros que incorporan estudios con datos empíricos, trabajo de campo y otro tipo de investigaciones (muy claro en el libro de Mayol, en la obra colectiva editada por Ugalde, Schwember y Verbal, y en la interesante entrevista de Claudio Alvarado a Kathya Araujo en Punto y coma).

Como suele ocurrir en estos problemas complejos, pareciera que todos aciertan en algunos focos o asuntos que tratan, pero todavía no logramos tener una explicación del problema en su conjunto. Esto no se debe a debilidades de análisis, sino a una cuestión de perspectiva: todavía es demasiado pronto para comprender el proceso que comenzó a vivir Chile desde el 18 de octubre de 2019, y además este 2020 ha sido particularmente complejo e impensado; por otra parte, los esfuerzos de síntesis ayudan a ver parte de la crisis, pero en modo alguno cierran un asunto que tiene una realidad muy compleja y una multiplicidad de factores que influyen en su desarrollo.

Algunos de ellos aparecen con más o menos fuerza en los distintos libros. De partida, el problema de la desigualdad, no exclusivamente en su dimensión económica, sino también en relación al reconocimiento social de las personas o al trato recibido por la ley o los tribunales. La desconfianza hacia las instituciones también es un tema recurrente, y probablemente seguirá acompañando a Chile por algún tiempo. La existencia de una crisis social y política parece evidente, pero han emergido este 2020 las perspectivas social y económica del problema, retrotrayendo al país a momentos de mayor pobreza que parecían superados. En general, los trabajos coinciden en la necesidad de estudiar los temas de las últimas cuatro décadas y no exclusivamente de los últimos años.

En cualquier caso, los diagnósticos no logran resolver algunos problemas de fondo que sin duda necesitan mayor pensamiento y análisis. Además de lo que han hecho algunos en los últimos años, ahora convendría vincular la crisis de octubre con diversos estudios de opinión, con la crisis extendida de la política, el problema constitucional o las posibilidades de cambio de o en el modelo de desarrollo que ha tenido Chile en las últimas décadas. Lo mismo vale para la superación del serio conflicto social y político que vive el país y de la violencia desatada, a veces justificada por algunos y temida por casi todos, problema que ciertamente no ha sido resuelto por las familias, por los tribunales o por el orden político. También es necesario volver sobre un eventual proceso constituyente, que podría llevar tanto a una deliberación ciudadana y política seria y madura como podría conducir al país a una cancha donde predominen las descalificaciones, las amenazas, las frases para la galería y los célebres ofertones populistas.

Lo que será especialmente difícil resolver es la proliferación de demandas sociales y ofertas políticas en medio de un movimiento mediocre de la economía. Después de todo, cuando Chile mejoró sustancialmente las condiciones de vida de la población, disminuyó la pobreza y amplió las oportunidades fue cuando su economía creció de manera sistemática durante mucho tiempo, permitiendo un progreso social sostenido, aunque con problemas. Después de todo, mejorar las condiciones de vida de los pueblos no es resultado del azar o del voluntarismo, tampoco de la demagogia política o las ilusiones constituyentes, sino del trabajo serio, permanente y comprometido de la sociedad en su conjunto, de gobernantes y gobernados, de gobiernos y oposiciones.

Debemos comprender con claridad que diagnosticar los problemas es una cosa, pero resolverlos es otra, mucho más difícil. En ambos casos, es necesario pensar la revolución de octubre de 2019 y también el momento constituyente que vive Chile, así como la necesidad urgente de mejorar la política nacional.

  1. Claudio Haase B dice:

    Muy interesante análisis.vale la pena leer dos veces

Las columnas de Opinión son presentadas por:
Ver más

APOYA AL LÍBERO

A diferencia de muchos medios de comunicación en EL LÍBERO hemos mantenido nuestra web y noticias sin costos para todos. Creemos que hoy, más que nunca, es necesario que la mirada de EL LÍBERO llegue a más personas y cubra más contenido.

Si quieres ayudarnos a lo anterior suscríbete, hoy mismo, a la Red Líbero, por 1 U.F. mensual (o 0,5 U.F. para los menores de 40 años) con lo que estarás realizando un aporte fundamental para que podemos ampliar nuestra labor.

Suscríbete

También te puede interesar:

Cerrar mensaje

APOYA AL LÍBERO

A diferencia de muchos medios de comunicación en EL LÍBERO hemos mantenido nuestra web y noticias sin costos para todos. Creemos que hoy, más que nunca, es necesario que la mirada de EL LÍBERO llegue a más personas y cubra más contenido.

Si quieres ayudarnos a lo anterior suscríbete, hoy mismo, a la Red Líbero, por 1 U.F. mensual (o 0,5 U.F. para los menores de 40 años) con lo que estarás realizando un aporte fundamental para que podemos ampliar nuestra labor.

Suscríbete