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Publicado el 01 de agosto, 2020

Alejandro San Francisco: “Normalidad” después de la pandemia

Profesor de la U. San Sebastián y la UC. Director de Formación del Instituto Res Publica. Director general de "Historia de Chile 1960-2010" (USS). Alejandro San Francisco

Se ha dicho en repetidas oportunidades que el mundo no volverá a ser igual después de la pandemia del coronavirus, cuyos daños humanos, económicos y sociales han sido inmensos en estos últimos meses, como se ha dejado sentir en muchos países en los distintos continentes.

Alejandro San Francisco Profesor de la U. San Sebastián y la UC. Director de Formación del Instituto Res Publica. Director general de "Historia de Chile 1960-2010" (USS).

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El problema del retorno a la normalidad después de la pandemia ya es una realidad en diversos países de Europa, así como también en China, mientras espera que llegue su momento en Estados Unidos y América Latina. Con todo, una de las mayores contradicciones presentes en el mundo es comprobar que la normalidad no es tal, sino que está limitada por muchas razones y que lo seguirá estando por un tiempo hasta ahora indefinido. Haber pasado lo peor del coronavirus no significa haberlo superado por completo y los meses de confinamiento si bien han desaparecido o se han reducido en muchas partes no han terminado con las múltiples restricciones al ejercicio de las libertades personales y de la vida social a las que estábamos acostumbrados.

De partida, los países que han abierto parcialmente su funcionamiento social normal, lo han hecho con restricciones muy claras. Numerosas actividades siguen prohibidas, las vacaciones no han sido las mismas este verano europeo del 2020, existen restricciones de viajes en determinados países y el flujo de turistas ha disminuido de manera impresionante en países que atraían decenas de millones de visitantes cada año. Otras actividades de relevancia social no se desarrollan con la misma intensidad y participación que en el pasado, como muestra el caso del fútbol, que vio terminar las ligas europeas sin público, alterando su programación e incluso el negocio asociado al deporte. El regreso a las clases presenciales en establecimientos escolares o universitarios ha sido desigual, y es probable que siga la educación a distancia en muchas partes, mientras en otros lugares el retorno a las clases presenciales habría sido foco de nuevos contagios que obligan a reevaluar las decisiones, como muestra el caso de Israel.

El impacto económico de la crisis ha sido no solo significativo, sino derechamente desastroso, demoledor. En Europa los resultados del último trimestre muestran caídas históricas. La Eurozona se contrajo un 12,1% en este periodo, con resultados desiguales, pero ciertamente lamentables, como muestran algunos ejemplos: Portugal se redujo un 14,1%, Francia el 14%, Italia el 12,4% y Alemania el 10,1%. En este contexto, España es un país que se encuentra especialmente afectado, considerando que entre abril y junio el PIB cayó un 18,5%, lo que se puede considerar su peor resultado desde la Guerra Civil Española, en la década de 1930. Como es previsible, Europa no solo será más pobre sino que también vivirá un momento inédito para una generación, especialmente privilegiada en términos de riqueza y calidad de vida. El regreso a la normalidad deberá ponderar en su momento la pérdida de empleos, la destrucción de algunas áreas de la economía y las dificultades objetivas que habrá para una recuperación pronta y real, especialmente en áreas como el turismo, que se han visto especialmente afectadas y que son un bastión del progreso y el flujo de dinero en el Viejo Continente.

Por otra parte, existen también consecuencias políticas del complejo proceso que han vivido las sociedades, que muestran nuevamente problemas que afectan la normalidad democrática, como ha podido verse con la suspensión de las elecciones en Bolivia. En Estados Unidos país que sufre una dura contracción económica, Donald Trump manifestó la posibilidad de retrasar las elecciones presidenciales, ante los riesgos de inseguridad y fraude, y ciertamente de su propia derrota. En Chile, el plebiscito que debía inaugurar el eventual proceso constituyente en abril pasado debió ser suspendido para octubre, pero ya hay voces que alertan sobre eventuales dificultades para la normal realización de estos comicios. En España, Vox anunció que realizará una moción de censura contra el gobierno de Pedro Sánchez, aunque es improbable que logre un perjuicio real contra la administración liderada por la izquierda socialista y de Unidas Podemos. La política no será igual, aunque no es claro todavía cuáles serán los cambios más significativos que existirán en este ámbito. En el caso chileno, además, se suman las amenazas y advertencias de retomar el estallido social y las movilizaciones que existieron a fines de 2019, lo que podría significar desde protestas masivas hasta el uso de la violencia destructora, según ocurrió en muchas oportunidades tras el 18 de octubre, con lamentables resultados para la propiedad estatal y privada y para los trabajos de miles de personas.

Por último, es necesario considerar un último factor, de carácter médico. Frente a la buena noticia de que la pandemia pasó su peor momento, cuando los contagios y las muertes fueron disminuyendo en distintos países, la verdad es que la situación todavía es muy compleja y el futuro próximo seguramente nos tiene preparadas algunas sorpresas desagradables que las sociedades deberán enfrentar con madurez e inteligencia. Como hemos visto en muchos países de Europa, durante julio los contagios han vuelto a aumentar, en una especie de segunda ola que de inmediato ha puesto nerviosas a las autoridades, en alerta a los sistemas de salud y que ha vuelto a preocupar a la población.

Los países que relajaron las medidas de inmediato empeoraron sus índices, mientras las sociedades que se muestran más irresponsables deben enfrentar mayores brotes de contagio. El epidemiólogo Adam Kucharski, uno de los mayores especialistas en el tema, ha advertido recientemente que las medidas de los gobiernos deberán adelantarse para el fin del verano europeo (y no para el invierno como se prevería). Aunque sostiene que las medidas tomadas por algunos países son duras, se manifiesta convencido de que en toda Europa los gobiernos van a tener que tomar decisiones que son impopulares. Y algunos serán más flexibles y tendrán que afrontar brotes y otros tomarán medidas que quizá sean demasiado destructivas y tendrán que reevaluarlo. Creo que va a ser un proceso de aprendizaje. España no es el único ejemplo de esto, si miras a Francia, Bélgica o Alemania, los rebrotes están ocurriendo en muchos lugares. Debemos entonces que no es cuestión de un solo país, todos tenemos que estar pendientes de lo que pasa con nuestros vecinos(vozpopuli, 29 de julio de 2020).

Siguiendo a Kucharski, el mundo hoy requiere una ciencia más colaborativa, gobiernos más confiables y efectivos y sociedades más responsables y proactivas. Sin embargo, también es necesario adaptarse a un cambio cultural que ya llegó: la vida no será exactamente igual, habrá más restricciones a las personas y dificultades económicas en los distintos países. La nueva normalidad será distinta a la que tuvimos y, con seguridad, deberemos ser creativos para superar estos momentos de destrucción de empleos, crisis económica y de oscuridad de expectativas. La tarea no es fácil, porque requiere una combinación de factores que no siempre están alineados: liderazgo político, emprendimiento y facilidades para la creación de empleo, sentido de unidad nacional y capacidad para levantarse ante las dificultades.

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