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Publicado el 02 de febrero, 2019

Alejandro San Francisco: La era de Reagan

Profesor de la U. San Sebastián y la UC. Director de Formación del Instituto Res Publica. Director general de "Historia de Chile 1960-2010" (USS). Alejandro San Francisco

Este 2019 se cumplen 30 años de un decisivo 1989, cuando el pueblo de Alemania Oriental hizo caer el Muro de Berlín. En ese ambiente, el 20 de enero de ese año, terminó el segundo período de gobierno de Ronald Reagan, quien marcó toda una época en Estados Unidos y en la política mundial.

Alejandro San Francisco Profesor de la U. San Sebastián y la UC. Director de Formación del Instituto Res Publica. Director general de "Historia de Chile 1960-2010" (USS).
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La política actual tiene mucho de populismo y amenazas, estrechez de miras y economicismo. Felizmente esto significa la desaparición de las luchas ideológicas de la Guerra Fría, con todas sus consecuencias militares y políticas, que se midieron en miles y millones de muertes, así como también en una tensión permanente.

Curiosamente, esa época llegó a su fin con figuras políticas mundiales de gran categoría, entre los que sin duda cabe mencionar a Margaret Thatcher y Ronald Reagan, a Mijail Gorbachov y, por qué no, a Juan Pablo II. Ellos fueron, por lo demás, actores fundamentales precisamente en el fin de la Guerra Fría, cada uno dejando su impronta y estilo en sus respectivas funciones. Conviene recordar esos momentos, especialmente si consideramos que este 2019 se cumplen 30 años de ese decisivo 1989, cuando el pueblo de Alemania Oriental hizo caer el Muro de Berlín, todo un símbolo del cambio de época.

En ese ambiente, el 20 de enero de 1989, terminó el segundo período de gobierno de Ronald Reagan (1911-2004), quien marcó toda una época en Estados Unidos y en la política mundial. El líder republicano había llegado a la Casa Blanca en 1981, después de cuatro años de gobierno de Jimmy Carter, a quien consideraba pusilánime en materias de política internacional y débil en la actividad económica interna de Estados Unidos.

Reagan, por el contrario, gustaba de tener posiciones determinadas, que explicaba con frases cortas, para que sus compatriotas pudieran comprenderlo de manera fácil. Así resumió su postura en un tema fundamental antes de llegar al gobierno: “Mi idea de la política hacia la Unión Soviética es simple, alguien diría simplista. Es esta: ‘Nosotros ganamos, ellos pierden’”. Ya en la Casa Blanca expresaría muchas veces las contradicciones del mundo occidental libre frente al totalitarismo soviético, que resumió con una frase irónica y contundente: en los países comunistas las cárceles están llenas y las despensas están vacías.

Se han cumplido 30 años del fin del gobierno de Reagan, un buen momento para recordar una época decisiva en la historia del siglo XX, de aquel 1989 que entregó mucho material para los grandes procesos de la humanidad.

No cabe duda que el momento más recordado en este sentido -en su doble dimensión de disputa ideológica y gesto político- fue el discurso de Reagan en la Puerta de Brandenburgo, en 1987. En esa ocasión, dirigiéndose directamente al Premier soviético, el líder norteamericano señaló: “Secretario General Gorbachov: si usted busca la paz, la prosperidad para la Unión Soviética y para la Europa del Este, si persigue la liberalización, venga a esta puerta. Señor Gorbachov, derribe este Muro”. Años después, como sabemos, este deseo se cumplió, aunque no por decisión del jerarca soviético, sino por la extraordinaria e imprevisible movilización popular del 9 de noviembre de 1989.

Debe haber sido un día muy feliz para Reagan, quien había dejado el poder sólo unos meses antes. El 14 de enero dirigió un discurso radial a sus compatriotas, anunciando que él y Nancy -su mujer- se irían al rancho después de 8 años en Washington, un período que entendía más allá de su vida personal: era la continuación de la historia de un pueblo y una causa. En esa ocasión señaló, emocionado: “La esperanza de la libertad humana -la búsqueda de esta, la concreción de esta- es la saga americana. Y varias veces he recordado a un primer grupo de colonos que hicieron un viaje por el Atlántico en un pequeño barco, cuando su líder, un pastor, pensó que su aventura podría fracasar y que se convertirían en una anécdota, un pie de página para la historia. Pero quizás, también, con la ayuda de Dios, podrían encontrar un nuevo mundo, una ciudad sobre la colina, una luz para las naciones. Esas palabras y ese destino aún nos siguen interpelando”.

En 1985 Reagan fue reelegido con una victoria asombrosa: más de 54 millones de votos (17 millones sobre su contrincante) y un 58% del electorado.

Ronald Reagan fue exitoso política y electoralmente. En 1981 llegó a la Presidencia de los Estados Unidos después de obtener una clara victoria sobre su antecesor Jimmy Carter, con una diferencia de casi 9 millones de votos. En 1985 fue reelegido con una victoria asombrosa: más de 54 millones de votos (17 millones sobre su contrincante) y un 58% del electorado, habiendo vencido en todos los estados, menos en algunos lugares entre ellos Minessota, la tierra de su rival demócrata Walter Mondale. Además, en 1989 entregó el mando a George W. Bush, quien había sido su vicepresidente.

Con todo, su mayor victoria fue el triunfo de las democracias occidentales y la economía libre sobre el comunismo, como han destacado muchos analistas. En esto no hay simplemente una cuestión fáctica, un dato histórico, sino que Ronald Reagan intentó siempre explicar las diferencias de los dos sistemas que disputaban el mundo en clave política y moral. Esto, porque la democracia permite ejercer libremente el poder a los ciudadanos y porque la economía libre ayudaba a sacar lo mejor de las personas (el éxito era solo una consecuencia, no la causa que justificaba el sistema).

Se han cumplido 30 años del fin del gobierno de Reagan, un buen momento para recordar una época decisiva en la historia del siglo XX, de aquel 1989 que entregó mucho material para los grandes procesos de la humanidad.

 

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