Ensayos asuntos públicos es presentado por:
Publicado el 17 de julio, 2020

Alejandro San Francisco: La conferencia de Potsdam

Profesor de la U. San Sebastián y la UC. Director de Formación del Instituto Res Publica. Director general de "Historia de Chile 1960-2010" (USS). Alejandro San Francisco

Realizada entre el 17 de julio y el 2 de agosto de 1945, el objetivo de este acuerdo era terminar con la situación creada por Alemania durante la guerra, lo que condujo rápidamente a un proceso de desmilitarización y desnazificación del país; también se agregó la llamada democratización, pero la división de Alemania terminaría mostrando una realidad contradictoria al respecto. Potsdam cerró algunos temas, pero dejó abiertos otros tantos y fue precisamente en esa reunión cuando Truman reconoció a Stalin que tenía un arma de gran potencial, nunca antes utilizada y de enorme capacidad destructora.

Alejandro San Francisco Profesor de la U. San Sebastián y la UC. Director de Formación del Instituto Res Publica. Director general de "Historia de Chile 1960-2010" (USS).

¿YA RECIBES EL PODCAST “DETRÁS DE LA NOTICIA”?

Cada noche el director de El Líbero, Eduardo Sepúlveda, cierra la jornada con un comentario en formato de audio enviado por WhatsApp, donde en pocos minutos analiza los hechos que marcaron el día y proyecta escenarios para el futuro próximo.

Sí ya eres parte de la Red Líbero, solicita el podcast escribiendo a red@ellibero.cl

Sí aún no eres parte de la Red Líbero, suscríbete y ayúdanos a seguir creciendo.

SUSCRÍBETE AHORA
Recibe en tu correo Lo mejor de la prensa
Suscribirse

El fin de la Segunda Guerra Mundial

Entre el comienzo de la guerra en septiembre de 1939 y el suicidio de Hitler en abril de 1945, el mundo había sufrido una situación dramática, con una constante y casi industrial cadena de muertes y destrucción, que se había extendido no solo por Europa, sino también por otros lugares del planeta.

En esos seis años hubo millones de hombres que perdieron sus vidas en los campos de batalla, pero además hubo otras novedades especialmente terribles durante el conflicto. Sin duda el caso más grave fue la matanza de los judíos en los campos de concentración nazis, de los cuales Auschwitz representó el caso más emblemático. Las distintas sociedades sufrieron otras consecuencias gravosas, como los millones de heridos, el hambre, la destrucción de las familias, la reordenación geográfica, el desastre económico y las crisis políticas que acompañaron al enfrentamiento bélico.

Con el correr del tiempo, pareció instalarse una idea que había sido concebida inicialmente por Churchill: la guerra sería una lucha entre la civilización y la tiranía nacionalsocialista de Adolf Hitler. En un primer momento la postura del líder británico era prácticamente unipersonal, pero con los triunfos iniciales del caudillo alemán y el paso de los años la situación comenzó a cambiar. De esta manera se aseguraría la pervivencia de la libertad y la construcción de una Europa más democrática, superando las amenazas que habían comenzado el 30 de enero de 1933 con el advenimiento Hitler al poder en Alemania.

Por lo mismo, 1945 apareció como un año de esperanza, desde el momento en que se advertía que la victoria aliada y la derrota nacionalsocialista estaban muy cercanas. En ese momento comenzaron a aparecer varias preguntas y desafíos que se presentarían cuando se consolidara el triunfo: qué hacer con Hitler, cómo juzgar a los culpables de la guerra y de las matanzas, cómo afrontar la reorganización territorial y poblacional de Europa, de qué manera se expresaría efectivamente la paz después de años de conflictos y si la liberación de los países ocupados por los nacionalsocialistas los conduciría en realidad a la democracia o sería solo una quimera que no tendría final feliz. Los años posteriores al conflicto mostrarían muchas sorpresas en diversas direcciones.

Todos esos desafíos debían ser enfrentados por las sociedades que habían sufrido los perjuicios durante la guerra, pero también por los líderes de las naciones que habían dirigido la victoria: Inglaterra, la Unión Soviética y Estados Unidos. Eran ellos los que tenían el poder y el prestigio político para dirigir la reconstrucción mundial después de la guerra.

Los tres grandes: Churchill, Stalin y Truman

En la reunión de Potsdam estuvieron presentes dos personajes que habían sido grandes líderes mundiales durante la guerra: Winston Churchill y Iósif Stalin. A ellos se sumó Harry Truman, quien había asumido el gobierno en los Estados Unidos tras la muerte de Roosevelt.

Churchill había sido, desde los comienzos del régimen hitlerista, el más decidido opositor contra el nacionalsocialismo, en un momento en que esa postura no estaba asentada en Inglaterra, donde incluso había sectores importantes que se manifestaban proclives al líder nazi o bien buscaban alguna forma de colaboración o de evitar la guerra contra él. Por otra parte, en 1940, cuando el Führer derrotó a Francia y cuando Churchill recién había asumido como Primer Ministro británico, Inglaterra se levantó como la gran resistencia contra la tiranía nacionalsocialista. El propio Churchill logró transmitir una misión para su país a través de sus discursos, con objetivos grandes e incluso heroicos, que permitirían salvar a la civilización en un momento en que esta sufría una de sus amenazas históricas más serias. Para entonces, la Unión Soviética tenía un pacto con Alemania, en tanto los Estados Unidos todavía no habían ingresado a la guerra.

El caso de Stalin es, sin duda, el más complejo, por cuanto el dictador comunista había llegado a un acuerdo con Hitler en agosto de 1939 –el famoso pacto Ribbentrop-Molotov–, por el cual ambos países se repartirían Polonia. Lo que es más grave, esta decisión y la invasión del 1 de septiembre dieron inicio a la Segunda Guerra Mundial, que luego conduciría a Alemania a otras victorias que contribuyeron a sustentar el mito de Hitler por mucho tiempo. Sin embargo, la decisión del líder alemán de atacar a la URSS a mediados de 1941 produjo el quiebre entre ambos dictadores y trasladó los intereses soviéticos hacia los aliados para luchar contra Alemania. Esto condujo a Stalin a tener a nuevos amigos, con los que enfrentaría a Hitler hasta derrotarlo en 1945, cuando el Ejército Rojo ingresó a Berlín.

Por último, en el año final del conflicto había emergido Truman, quien había sido vicepresidente de Roosevelt. Sin duda era el menos conocido de los tres personajes, pero rápidamente asumiría una posición relevante y extraordinariamente poderosa, en primer lugar, por la preeminencia que alcanzó Estados Unidos al concluir la guerra. La misma noche del 17 de julio se reunió con el jerarca soviético, y resumió sus impresiones en su diario personal: “Voy a poder desenvolverme con Stalin. Es un hombre sincero, aunque más vivo que el demonio” (citado por Laurence Rees, A puerta cerrada. Historia ocultad de la Segunda Guerra Mundial, Barcelona, Crítica, 2009).

Si analizamos con detención a las tres figuras, se puede apreciar que tuvieron contradicciones, manifestaron sus desconfianzas recíprocas y un legítimo egoísmo nacional que superaba la alianza ocasional que los había reunido en la lucha contra Alemania. Como sostiene Tony Judt, a las tres grandes potencias “lo único que les unía era el enemigo común” (Posguerra. Una historia de Europa desde 1945, Madrid, Taurus, 2006). Pese a ello, y como en otras ocasiones durante la guerra, tras la derrota de Alemania las máximas figuras de cada país tuvieron que volver a reunirse, para organizar la fase final y la reorganización del continente.

Postdam, 1945

La Conferencia de Potsdam se realizó entre el 17 de julio y el 2 de agosto de 1945. La reunión tuvo lugar el palacio de Cecilienhof, de la ciudad cercana a Berlín.

Los grandes líderes mundiales realizaron varios encuentros o cumbres durante la guerra, para conocerse, evaluar y planificar. Entre el 14 y el 24 de enero de 1943 se realizó la conferencia de Casablanca, en la que estuvieron presentes Churchill, Roosevelt y los líderes franceses Henri Giraud y Charles de Gaulle (Stalin no pudo asistir por la situación bélica que enfrentaba su país en ese momento); entre el 28 de noviembre y el 1 de diciembre de ese mismo año los líderes de las tres grandes potencias se habían reunido en la conferencia de Teherán. En el último año, entre el 4 y el 11 de febrero de 1945 se había realizado la conferencia de Yalta, reunión que había congregado a Winston Churchill, Franklin D. Roosevelt y Iósif Stalin, representantes de las tres grandes potencias que dirigían la fase final de la guerra contra Hitler. También habían existido otras reuniones: una conferencia en El Cairo, que reunió a Roosevelt, Churchill y Chiang Kai-shek, por la República China, para evaluar el futuro de Asia una vez que concluyera la guerra. Y hubo otra reunión importante en Moscú, en agosto de 1942, entre Churchill y Stalin (sin el presidente nortemaricano).

En el caso de la reunión de Potsdam, se encontraron en la primera etapa Churchill, Stalin y Roosevelt, pero en la última fase el representante británico fue reemplazado por Clement Atlee, quien lo había derrotado en las elecciones que tuvieron lugar precisamente a finales de julio.

El Acuerdo de Potsdam buscaba terminar con la situación creada por Alemania durante la guerra, lo que condujo rápidamente a un proceso de desmilitarización y desnazificación del país; también se agregó la llamada democratización, pero la división de Alemania terminaría mostrando una realidad contradictoria al respecto. El país tendría que pagar reparaciones muy inferiores a los cálculos de los daños que había provocado. Adicionalmente, los territorios anexados por Alemania durante el régimen hitleriano volvieron a su origen, si bien no con exactitud en todos los casos. Además habría un análisis sobre los alemanes que se encontraran residiendo en territorios de Hungría, Checoslovaquia y Polonia, porque existía el interés de devolverlos a su país. En el caso de Polonia, su frontera se movería levemente hacia el oeste, aunque la división definitiva se resolvería posteriormente. En un tema que se estimaba de la mayor importancia, los criminales de guerra nazis serían perseguidos.

Como suele ocurrir en este tipo de reuniones, los asistentes aprovecharon la ocasión para reafirmar sus vínculos y para manifestar su confianza en lograr una paz justa y duradera. El problema, sin embargo, no se manifestaba tanto en la probabilidad de una guerra inminente, sino en la redefinición del mapa político de Europa, que comenzó a caracterizarse por una presencia dominante de la Unión Soviética en el centro y el este europeo, que después se manifestaría en el establecimiento de regímenes comunistas. Ya a comienzos de año, tras Yalta, Polonia pareció abandonado, sin encontrar respaldo en las potencias occidentales, mientras Stalin estaba convencido de que debía ocupar el territorio y aprovechar su presencia en esos lugares, en parte por los sacrificios humanos que había significado la guerra para su país, el que más muertos había tenido en el conflicto.

Por lo mismo, las negociaciones generalmente resultaban beneficiosas para los soviéticos, mientras los británicos se sentían incapaces de detener a Stalin, como manifestó Churchill en alguna ocasión durante esos meses; o bien no querían tener más problemas en Europa y preferían volver a casa, posición representada por Truman. Molotov escribió a los embajadores de la URSS que la conferencia de Potsdam había terminado “con resultados bastante satisfactorios para la Unión Soviética”. Dimitrov sostuvo exactamente lo mismo: “estas decisiones son para ventaja nuestra” (en Geoffrey Roberts, “Stalin’s wartime vision of the Peace, 1939-1945”, en Timoty Snyder y Ray Brandon, eds., Stalin and Europe. Imitation and domination, 1928-1953, Oxford University Press, 2014).

Churchill, en sus memorias del conflicto, reflexionó así sobre la mencionada conferencia: “Antes de que nos reuniéramos, yo esperaba de todo corazón que los estadounidenses no se retiraran de los extensos territorios de Europa central que habían conquistado porque esa era la única carta que les quedaba a los aliados, cuando cesaron los combates, para poder conseguir un acuerdo equitativo”. Sin embargo, concluía el Primer Ministro británico, los norteamericanos no se daban cuenta de la situación y ni ponderaban adecuadamente que los “estados satélites” fueron rápidamente ocupados por tropas rusas (ver Winston Churchill, La Segunda Guerra Mundial, Madrid, La Esfera Libros, 2002, Volumen II). Es decir, todo servía a los intereses soviéticos.

Por su parte Truman, como resume irónicamente Rees, al terminar la conferencia de Potsdam partió resuelto a no regresar jamás a Europa, y efectivamente nunca volvió. Aunque no le gustaba la naturaleza del régimen comunista, pensaba que Stalin era un hombre que se podía confiar. Además, en ese momento, su mayor preocupación era terminar la guerra contra Japón, ocupando la bomba atómica que haría historia.

Corolario

Potsdam cerró algunos temas, pero dejó abiertos otros tantos, sea para el final de la guerra –que era inminente– como para la organización política y geográfica de Europa en la posguerra. Habían sido tantos los movimientos y luchas durante la Segunda Guerra Mundial, que era imposible resolver todo en una reunión de pocos días. Adicionalmente, como han demostrado muchos estudios, en diversos lugares de Europa se vivía en la más completa anomia, con estados que se desintegraban, ejércitos que pasaban a ocupar los territorios, liberaciones que significaban nuevas esclavitudes y una serie de abusos y venganzas que terminarían por convertirse en un verdadero infierno para las nuevas víctimas. Terminar la guerra no había significado necesariamente la llegada inmediata de la paz.

Fue precisamente en esa reunión de Potsdam cuando Truman reconoció a Stalin que tenía un arma de gran potencial, nunca antes utilizada y de enorme capacidad destructora. El dictador soviético ya estaba en conocimientos de la bomba atómica, debido a su sistema de espionaje, por lo que solo señaló que esperaba que Estados Unidos hiciera buen uso de esa arma ante los japoneses.

La situación de Francia era ciertamente compleja, por cuanto había sido históricamente una gran potencia, y la temprana derrota en 1940 había terminado con esa condición, que de alguna manera trató de restaurar una vez concluido el conflicto. Sin embargo, para entonces era evidente que existían tres grandes fuerzas en el mundo de la posguerra: la Unión Soviética, Estados Unidos e Inglaterra, y ninguna más.

Por último, la amistad manifestada en Potsdam, los acuerdos y las confianzas entre los líderes mundiales escondían parcialmente el conflicto paralelo que estaba emergiendo en en el mundo y que se expresaría con gran fuerza durante décadas y con dimensiones en diversos continentes, como sería la Guerra Fría. Este fue el enfrentamiento de influencias, poder y amenaza atómica entre las dos grandes potencias victoriosas del conflicto: la Unión Soviética y los Estados Unidos.

Mientras viajaba de Berlín a Washington, Truman explicó sus pensamientos sobre la gran ciudad destruida que dejaba: “desde la cual los alemanes querían dominar al mundo. Hoy es una ciudad fantasma. Los edificios, la economía y las personas están por los suelos. Haremos lo que podamos para que Alemania vuelva a ser una nación. Para que al final encuentre el camino que la saque del caos económico en el que se metió, y que la lleve de nuevo a ocupar un sitio en el mundo civilizado”.

Ese proyecto tendría lugar en los años siguientes, a través del Plan Marshall, que contribuiría a la recuperación económica de Alemania y al enorme progreso social que tendría en la segunda mitad del siglo XX, no ya mediante las armas y la guerra, sino a través de la paz y la vida en libertad.

Las columnas de Opinión son presentadas por:
Ver más

¿YA RECIBES EL PODCAST “DETRÁS DE LA NOTICIA”?

Cada noche el director de El Líbero, Eduardo Sepúlveda, cierra la jornada con un comentario en formato de audio enviado por WhatsApp, donde en pocos minutos analiza los hechos que marcaron el día y proyecta escenarios para el futuro próximo.

Sí ya eres parte de la Red Líbero, solicita el podcast escribiendo a red@ellibero.cl

Sí aún no eres parte de la Red Líbero, suscríbete y ayúdanos a seguir creciendo.

SUSCRÍBETE AHORA

También te puede interesar:

Cerrar mensaje

¿Debiese llegar a más gente El Líbero?

Si tu respuesta es afirmativa, haz como cientos de personas como tú se han unido a nuestra comunidad suscribiéndose a la Red Líbero (0.5 o 1 UF mensual). Accederás a eventos e información exclusiva, y lo más importante: permitirás que El Líbero llegue a más gente y cubra más contenido.

Suscríbete