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Publicado el 28 de septiembre, 2019

Alejandro San Francisco: España y las elecciones, izquierdas y derechas

Profesor de la U. San Sebastián y la UC. Director de Formación del Instituto Res Publica. Director general de "Historia de Chile 1960-2010" (USS). Alejandro San Francisco

En los últimos días se ha sumado un nuevo ingrediente al escenario electoral, con la creación de un partido «pragmático» que ha decidido competir. Se trata de Más País, nacido bajo el liderazgo de Iñigo Errejón, otrora compañero de luchas de Pablo Iglesias.

Alejandro San Francisco Profesor de la U. San Sebastián y la UC. Director de Formación del Instituto Res Publica. Director general de "Historia de Chile 1960-2010" (USS).
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Las elecciones de gobierno del próximo 10 de noviembre en España han generado reacciones dispares y contradictorias, que distan de la alegría que parecía acompañar tradicionalmente a los procesos democráticos. Las razones del escepticismo -e incluso disgusto con estas nuevas elecciones- son diversas. Ciertamente influye la incapacidad para formar gobierno demostrada por la clase política, especialmente por el presidente Pedro Sánchez. Probablemente en esto radica la explicación del resultado de la encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS). El 45,3% de los encuestados sostiene que los partidos y los políticos son uno de los tres principales problemas de España, solo detrás del paro. Las encuestas son un reflejo de la opinión pública en un momento determinado, y en este caso concreto el resultado es una noticia lamentable para la democracia española, pero sin duda se origina en problemas reales.

Un segundo factor de indignación radica en la repetición aparentemente inútil de elecciones en un período muy breve. En cuatro años van a haber cuatro comicios para definir el gobierno, lo que prueba precisamente que en los casos anteriores las elecciones no han tenido el resultado más obvio de esperar. Los partidos más votados han estado muy lejos de lograr la mayoría, y eso ha facilitado tanto la censura del gobierno del Partido Popular como la falta de gobernabilidad de los socialistas. En ambos casos el resultado ha sido la incertidumbre y el regreso a las urnas.

La competencia está planteada en un sistema plural, de al menos cinco partidos que en los últimos comicios de abril pasado obtuvieron más del 10% de los votos. En esa ocasión el Partido Socialista Obrero Español logró un 28,6%; el Partido Popular llegó solamente al 16,69%, afectado por la fragmentación opositora; Ciudadanos alcanzó el 15,8%, sin lograr superar a los populares; Unidas Podemos experimentó una caída importante, llegando al 11,9%; finalmente se consolidó la irrupción de Vox, que llegó al 10,2%. A ellos debemos sumar los partidos que tienen una representación más local en algunas de las comunidades, aunque a nivel de toda España se pueda hablar de un sistema pentapartidista. ¿Cuál es el escenario para noviembre próximo?

Es muy luego para predecir resultados, queda más de un mes y debe existir despliegue de campaña. Adicionalmente, los distintos partidos han mostrado cierto interés por pactar o llegar a acuerdos parciales preelectorales. Y si bien los socialistas siguen siendo la fuerza mayoritaria, hay factores que impiden ver el final del camino. Uno de ellos es la fragmentación de las izquierdas y derechas, como no se había conocido desde el regreso a la democracia.

Pase lo que pase en las elecciones, subsiste un problema: es prácticamente seguro que ningún partido tendrá la fuerza suficiente para formar gobierno, como resulta claro que los líderes más importantes no mostrarán todas sus cartas antes del 10 de noviembre.

Por las derechas, las fuerzas políticas ya participaron en las elecciones de abril: el tradicional Partido Popular y los más nuevos, Ciudadanos y Vox. En esa ocasión, sin acuerdos, lo que significó que pese a sumar una cantidad determinada de votos, perdían representantes en algunos lugares. Hoy la novedad de Vox está más difuminada y no queda claro el efecto que tendrá la campaña del terror contra la derecha, el antifascismo y todas esas cosas que muchas veces ocultan la falta de ideas propias más que desacreditar a los adversarios de turno.

En el caso de las izquierdas, la situación tiene dos novedades. La primera, es que las negociaciones entre el PSOE y Unidas Podemos transparentaron la enorme distancia personal y la desconfianza irremontable que hay entre ambas formaciones y especialmente entre sus líderes, Pedro Sánchez y Pablo Iglesias. Las conversaciones parecieron de ficción, los resultados de ellas podrían haberse explicado con antelación: no había interés de parte de los socialistas por formar gobierno con los populistas. Es seguro que en ello influyó el carácter mesiánico y en ocasiones destructor que exhibe el líder de Podemos, desde que irrumpió en política burlándose de la casta (que muchas veces incluía al PSOE) y participando en los comicios con la decisión expresa de superar a los socialistas y liderar una fuerza de izquierda nueva, más joven y decidida, sin pactos con los poderes económicos y ciertamente liderada por Iglesias. El resultado del fracaso negociador ha sido precisamente el llamado a estas elecciones.

Sin embargo, en los últimos días se ha sumado un nuevo ingrediente al escenario electoral, con la creación de un partido «pragmático» que ha decidido competir. Se trata de Más País, nacido bajo el liderazgo de Iñigo Errejón, otrora compañero de luchas de Iglesias, de quien se distanció tanto por razones personales como de estilo político y, parcialmente, diferencias teóricas. Después de competir en Madrid, ahora han decidido hacerlo en España, con el expreso deseo de «ser parte de la solución» donde la colectividad de Iglesias perpetúa los problemas. Autodenominados progresistas, estarían abiertos a alcanzar un acuerdo de gobierno con Pedro Sánchez, que el líder socialista no miraría con el desdén que mostró a Iglesias. Es probable que así sea, pero de paso también puede influir electoralmente restando votos a Unidas Podemos y a los propios socialistas en algunos lugares, generando el movimiento de división que ya vivieron las derechas en abril.

Pase lo que pase en las elecciones, subsiste un problema: es prácticamente seguro que ningún partido tendrá la fuerza suficiente para formar gobierno, como resulta claro que los líderes más importantes no mostrarán todas sus cartas antes del 10 de noviembre. Es decir, los españoles llegarán a las urnas sin saber que harán sus líderes en caso de obtener un resultado y otro, con quién pactarían y en qué circunstancias. Ahí radica uno de los problemas del sistema político español y no simplemente en la incapacidad de los dirigentes. Quizá las entrevistas y debates electorales podrían preguntar y obligar a responder con más claridad sobre las acciones poselectorales de los partidos, para evitar tener nuevamente el show donde se conversa sin negociar, la desconfianza supera al interés por pactar y la falta de gobierno parece volverse una tradición que podría tener costos para España que, con seguridad, muchos quieren realmente evitar.

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