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Publicado el 17 de noviembre, 2019

Alejandro San Francisco: España, gobierno de izquierdas

Profesor de la U. San Sebastián y la UC. Director de Formación del Instituto Res Publica. Director general de "Historia de Chile 1960-2010" (USS). Alejandro San Francisco

Las elecciones del 10 de noviembre generaron un nuevo escenario político: si hace unos meses los socialistas y Unidas Podemos extremaron las posiciones, haciendo inviable un acuerdo de gobernabilidad, hoy la realidad española hace prácticamente inaceptable no intentar con seriedad un pacto entre sus líderes Pedro Sánchez y Pablo Iglesias. Esto, aunque sus partidos hoy tengan menos diputados que tras las elecciones de abril y después de los duros ataques y descalificaciones recíprocas entre ambos líderes después de las pasadas negociaciones.

Alejandro San Francisco Profesor de la U. San Sebastián y la UC. Director de Formación del Instituto Res Publica. Director general de "Historia de Chile 1960-2010" (USS).
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Las elecciones del pasado domingo 10 de noviembre van a marcar un antes y un después en la política española contemporánea. El hecho de que fueran los cuartos comicios en cuatro años es el reflejo de las dificultades para formar un gobierno estable y dar continuidad al sistema político, en una época de grandes transformaciones y complejidad en la vida de las naciones. Por eso, en un primer análisis, recurrir a la solución democrática parece una fórmula sensata y positiva.

Un primer aspecto que llama la atención en los resultados electorales es la continuidad en los números entre izquierdas y derechas, respecto de las elecciones del pasado 28 de abril del presente año. El resultado análogo de inmediato condujo a cuestionar la decisión de Pedro Sánchez de haber convocado a estas nuevas elecciones, tras la incapacidad mostrada por él mismo hace solo algunos meses para lograr acuerdos estables de gobierno. ¿Era necesario hacer estas nuevas elecciones? Solo el tiempo lo dirá y ya veremos cómo termina este proceso.

Un segundo factor interesante es el cambio en la correlación de fuerzas al interior de los distintos sectores políticos. La principal transformación se ha dado en las derechas, con el notorio crecimiento de Vox, desde ahora la tercera fuerza política mayoritaria de España, con 52 diputados (desde los 24 que tenía tras las elecciones de abril). Esto contrasta con la impresionante caída de Ciudadanos, que hace algún tiempo incluso esperaba superar al Partido Popular y en estos comicios estuvo cerca de desaparecer, al llegar a un modesto 6,8% de los votos, logrando elegir apenas 10 diputados, frente a los 57 que tenía con anterioridad. Muchos apostaron por lo que era un partido centrista, liderado por Albert Rivera, que emergió con gran fuerza y un estilo novedoso: sin embargo, ha sido superado por Santiago Abascal, el líder de Vox a quien muchos descalificaron y acríticamente lo situaron en la extrema derecha, sin detenerse a analizar su raigambre social ni la existencia de una (eventual) extrema izquierda en el escenario político de España. El tema requiere un análisis más profundo, sin duda.

El tercer elemento digno de revisar es la recuperación del Partido Popular, que subió desde 66 a 89 diputados, bajo el liderazgo de Pablo Casado. Si bien todavía resulta insuficiente para lograr las mayorías que tuvo en el pasado o para volver a La Moncloa, es interesante como el tradicional conglomerado -que gobernó bajo los liderazgos de José María Aznar y Mariano Rajoy- ha logrado superar los desafíos que se le presentaron por el frente, el Partido Socialista, y también por los costados, con la irrupción de Ciudadanos y Vox. Eso exigió mostrar una capacidad de renovación política y generacional, así como estar más atentos a los errores y abandonos cometidos en los últimos años desde el gobierno o la oposición. La competencia interna le ha hecho bien al PP y hoy es un partido rejuvenecido y más vital que hace unos años.

Finalmente, existe un factor nuevo en las izquierdas de España que, en principio, es el sector político llamado a gobernar. El domingo 10 rápidamente se generó un nuevo escenario político postelectoral: si hace unos meses los socialistas y Unidas Podemos extremaron las posiciones, haciendo inviable un acuerdo de gobernabilidad, hoy la realidad española hace prácticamente inaceptable no intentar con seriedad un pacto entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias. Esto, aunque sus partidos hoy tengan menos diputados que tras las elecciones de abril -el PSOE bajó de 123 a 120 diputados, mientras Unidas Podemos también experimentó una caída. Adicionalmente, el acuerdo debe producirse después de los duros ataques y descalificaciones recíprocas entre ambos líderes después de las pasadas negociaciones.

Si se consolida el pacto PSOE-Unidas Podemos en La Moncloa tendremos un escenario con una nueva generación gobernando, que es posterior a Franco y coetánea con la transición.

La situación actual permite anticipar la formación de un gobierno de izquierdas para España, lo que significa grandes desafíos y algunos peligros en el camino. La invitación de Pedro Sánchez a Pablo Iglesias es novedosa, se hace desde una mayor humildad y también con la clara necesidad de llegar a puerto. En algún momento Sánchez calificó a Iglesias como alguien que generaba “pesadillas” entre los españoles -no le faltaban argumentos para sostener eso- y el líder populista también tuvo duros epítetos contra el socialista. Ahora, la lógica de la democracia, y sobre tododel poder, está reforzando los incentivos a pactar políticamente y a dar inicio a una inédita fórmula de gobierno. Ciertamente, también hay un lugar fundamental para el realismo político, un factor que siempre ayuda a la toma de decisiones, que son más ideológicas cuando se está lejos del poder y más pragmáticas cuando lo exige la necesidad de formar gobierno o llegar a acuerdos que antes causaban resquemores.

Así lo ha dado a entender claramente Pablo Iglesias -quien asumiría como vicepresidente de Pedro Sánchez- en estos últimos días, manifestando su nueva posición a los correligionarios de Unidas Podemos: «Tendremos que ceder muchas cosas», fue una de las declaraciones del hasta ayer intransigente líder que rechazaba a «la casta« y los acuerdos cupulares, agregando que tendrán en este camino «muchos límites y contradicciones». Bienvenidos a la política real. Además aprovechó la ocasión para lanzar sus tradicionales invectivas a sus adversarios políticos más relevantes: «Los partidos de la derecha y los brazos mediáticos del poder económico van a golpearnos muy duro a cada paso que demos, por pequeño que sea». En su primer discurso tras las elecciones nombró en varias ocasiones a la extrema derecha, en un claro intento por forzar la unidad de las izquierdas, pero también en una muestra de un discurso débil que necesariamente requerirá mayor complejidad.

Iglesias actúa en la conciencia de estar en una «tarea histórica e ilusionante de participar en un Gobierno que equilibre la balanza en favor de la mayoría». Es una forma tradicional que ha ocupado para distinguir su posición respecto de quienes tienen poder económico, de los que gobiernan y mandan, de la casta, renunciando de alguna manera a las tradicionales divisiones de derechas e izquierdas. Sin embargo, la afirmación debe ser relativizada, considerando que las mayorías españolas están bastante equilibradas, que las izquierdas no tienen capacidad por sí mismas de lograr un gobierno estable en España.

De hecho, la suma de ambas agrupaciones llega solo a 155 escaños, de los 176 que se requieren para formar gobierno. A esto habría que sumar los dos diputados de Más País, de Iñigo Errejón. Pero con esto no alcanza. De ahí que Sánchez haya realizado rápidamente algunos guiños a Ezquerra Republicana de Cataluña, lo que implica asumir el riesgo de pactar con grupos que lideran el que quizá es el principal problema que enfrenta España en la actualidad, como es el independentismo catalán. No sabemos cómo terminará esta potencial alianza.

Es probable que desde aquí a fin de año España tenga gobierno, un gobierno de izquierdas, que ha prometido incrementar los impuestos y garantizar derechos sociales. Un gobierno que además se encontrará con una economía ralentizada y con problemas, con gastos muy por sobre los ingresos y con una tendencia al déficit fiscal que se extiende por años. Un gobierno que no tendrá necesariamente la fortaleza que se requiere en estos tiempos y que con seguridad no se extenderá más de un par de años. Un gobierno que, por último, estará conformado por los ocasionales aliados de izquierdas, que en realidad compiten políticamente entre ellos.

En cualquier caso, es preciso tener en cuenta que la política española ya cambió. Si se consolida el pacto PSOE-Unidas Podemos en La Moncloa tendremos un escenario con una nueva generación gobernando, que es posterior a Franco y coetánea con la transición; además será parte de esta nueva tendencia española al pluripartidismo que superó esa tendencia de dos grandes partidos, como fueron el PSOE y el PP durante años. Una España en un mundo que ha cambiado y donde necesita volver a ponerse en marcha una democracia sólida, pero con problemas que requieren una solución seria y permanente.

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