Columnas de opinión es presentado por:
Publicado el 20 de julio, 2019

Alejandro San Francisco: El hombre en la Luna (1969)

Profesor de la U. San Sebastián y la UC. Director de Formación del Instituto Res Publica. Director general de "Historia de Chile 1960-2010" (USS). Alejandro San Francisco

No solo fue un hecho impresionante, sino también masivo, producto de la transmisión televisiva inmediata, y de la repetición de las imágenes. Para una sociedad como la nuestra a comienzos del siglo XXI, es difícil imaginar lo que significaba la televisión en la década de 1960.

Alejandro San Francisco Profesor de la U. San Sebastián y la UC. Director de Formación del Instituto Res Publica. Director general de "Historia de Chile 1960-2010" (USS).
Recibe en tu correo Lo mejor de la prensa
Suscribirse

El año 1969 estaba destinado a quedar para siempre en la historia de la humanidad, con uno de aquellos hitos que ocurren solo de vez en cuando y cuyo impacto excede las fronteras de un país o de un grupo restringido. Ese hecho extraordinario –y que pocos habrían podido imaginar tiempo antes– fue la llegada del hombre a la Luna.

Ese 20 de julio fue el final esperado de un gran viaje: fue en esa jornada cuando Neil Armstrong y Buzz Aldrin  pusieron sus pies sobre la Luna, en tanto el Apolo 11 era pilotado por Michael Collins, en escenas que han quedado grabadas para siempre. Se produjo entonces el «alunizaje», concepto poco utilizado, pero que describía muy claramente lo que estaba sucediendo. Tiene razón Peter Watson cuando expresa en su Historia intelectual del siglo XX (Barcelona, Crítica, 2002), que la expresión “momento histórico” se ha utilizado muchas veces y de manera excesiva, agregando que si hay un momento que merece esa exclamación es precisamente la llegada del hombre a la Luna.

No solo fue un hecho impresionante, sino también masivo, producto de la transmisión televisiva inmediata, y de la repetición de las imágenes.

El suceso tiene varios significados que conviene tener en cuenta para comprender su trascendencia histórica. El primero simboliza el inmenso progreso de la investigación científica de la humanidad en el siglo XX. El propio Watson explica que la diversidad de avances en la segunda mitad del siglo fue muy impresionante, pero que sin lugar a dudas “los viajes espaciales y el alunizaje se hallan entre las mayores consecuciones del siglo”. Si bien en estos temas es necesario comprender que la acumulación del conocimiento es de mucho mayor data, se podría decir incluso de siglos, es evidente que en la última centuria se dieron circunstancias especiales -económicas, políticas y técnicas- que permitieron el avance del conocimiento como nunca antes había ocurrido en la historia.

El segundo factor es la publicidad o popularidad del acontecimiento. No solo fue un hecho impresionante, sino también masivo, producto de la transmisión televisiva inmediata, y de la repetición de las imágenes. Para una sociedad como la nuestra a comienzos del siglo XXI es difícil imaginar lo que significaba la televisión en la década de 1960. Hoy estamos acostumbrados a la comunicación instantánea, con múltiples redes sociales que permiten traspasar la información de un lugar a otro del planeta en cuestión de segundos. Sin embargo, en aquellos años era muy poca la gente que tenía aparatos para ver televisión en sus casas, incluso en los países desarrollados, y ciertamente las transmisiones eran «en blanco y negro». Pero la televisión gozaba de una magia especial y eso permitió extender la noticia a todo el mundo. En el caso de Chile se calcula que el acontecimiento fue visto por casi tres millones de personas (Claudio Rolle, “De Televisión Nacional a la televisión nacional”, en Fernando Acuña (editor), Los primeros 50 años de la Televisión Chilena, Santiago, Impresión Printer, 2007).

Un tercer elemento era la lucha política que existía detrás de la carrera espacial. Cada logro y los distintos avances (también los fracasos y accidentes) representaban -de alguna manera importante- una especie de inclinación de la balanza de la Guerra Fría que se daba entre Estados Unidos y la Unión Soviética, las dos grandes potencias a nivel mundial. En 1957 la lucha había comenzado con la misión del Sputnik, y continuó en los años siguientes de manera abierta o solapada, donde las comunicaciones desempeñaban un lugar decisivo en el mapa del poder. Las aventuras de Yuri Gagarin parecían dar puntos a la URSS, pero sin duda Estados Unidos dio el gran golpe en 1969. Quizá por eso tenga tanta importancia y simbolismo ver la bandera estadounidense flameando sobre la Luna, como si fuera una conquista militar al culminar una guerra.

Los astronautas gozaban de una gran popularidad. Así se pudo comprobar en 1966, cuando viajó una delegación norteamericana a Chile que incluía a Neil Armstrong. Fueron recibidos por estudiantes, con aplausos y saludos de alegría, recorrieron las calles, e incluso pudieron escuchar la ovación de más de 50 mil personas que asistían al Estadio Nacional a un partido de Colo Colo con Ferrobadbminton, donde los ídolos –no deportivos, sino espaciales– fueron presentados. También se reunieron con el presidente Eduardo Frei Montalva, quien no solo lideraba el país, sino que también el proyecto de la Alianza para el Progreso, una alternativa dentro de la Guerra Fría continental.

Los avances que han experimentado la astronomía y la investigación desde entonces, así como las numerosas misiones que se han dirigido al espacio, muestran un interés que sigue vigente.

Se ha discutido si la llegada del hombre a la Luna, y que fuera una misión norteamericana la que lo lograra, era efectivamente el fin de una era o marcaba más bien el comienzo de otra etapa en la historia del siglo XX o de la Guerra Fría. Es probable que tenga algo de ambas o que sea un momento bisagra, que une todo lo que se había hecho hasta ese momento y proyecta el inmenso camino que se puede recorrer hacia el futuro. De hecho, los avances que han experimentado la astronomía y la investigación desde entonces, así como las numerosas misiones que se han dirigido al espacio, muestran un interés que sigue vigente.

Siempre se recuerdan aquellas famosas palabras de Armstrong tras llegar a la Luna: “Es un pequeño paso para el hombre, un gran salto para la humanidad”. Era una forma sencilla de entender lo que estaba ocurriendo y tienen la potencia de reflejar muy bien lo que había ocurrido en julio de 1969. Si hoy se recuerda todavía con alegría, emoción y una mezcla de grandeza y sencillez, es precisamente por su carácter único, su importancia histórica y su trascendencia.

Las columnas de Opinión son presentadas por:
Ver más

También te puede interesar: