Finalmente, terminó el proceso político y electoral que llevó a La Moneda a Gabriel Boric, el líder de la coalición del Frente Amplio con el Partido Comunista, que triunfó de manera clara en diciembre de 2021.

Este viernes, el presidente Sebastián Piñera hizo el traspaso de mando a su sucesor, de acuerdo a lo establecido en la Constitución Política. Con ello, se inicia el gobierno de Boric, que se ha presentado con el sello del cambio generacional y la promesa de transformaciones profundas en la sociedad chilena, para lo cual ya han ido apareciendo una serie de señales y símbolos que muestran el estilo y definiciones del nuevo grupo dirigente. El gobierno –en su conformación definitiva– es más de lo que representaba Apruebo Dignidad en su origen, tras la primaria de julio de 2021, en especial por cuanto entre la primera y la segunda vuelta se produjo un acercamiento a sectores de la antigua Concertación, especialmente del mundo socialista. Esto se reflejó en la conformación del gabinete, que permitió integrar a figuras como Mario Marcel, Carlos Montes y Maya Fernández, lo que contribuye también a una mejor representación parlamentaria. 

Gabriel Boric asumió con un respaldo ciudadano importante, que es habitual en las primeras etapas de los gobiernos, pero en este caso se suma cuenta cierta “devoción” de sus partidarios, la formación de una verdadera fanaticada, algo parecido a lo que experimentó Estados Unidos con la llegada de Obama al poder. Es decir, una “Boricmanía”. Así se pudo apreciar en las calles, las redes sociales, la presencia masiva y festiva frente a La Moneda, así como en otras tantas manifestaciones de respaldo a la nueva administración en general y a Boric en particular. Se podría decir que hay grandes expectativas e ímpetu generacional, un afán de hacer muchas cosas en poco tiempo y cumplir con las promesas elaboradas desde las movilizaciones sociales en adelante. Este 11 de marzo se acabó todo ese proceso, al comenzar la etapa más difícil, burocrática y decisiva de gobernar. 

Si algo ha caracterizado a Gabriel Boric en la etapa de conformación de sus equipos y en la definición de sus prioridades, es su valoración por los símbolos. Así se ha notado tanto en la elección de su residencia, en la comuna de Santiago, como en el nombramiento de la primera edecán de Carabineros. La formación del gabinete también tuvo similar significado simbólico: sin perjuicio de que hubo una preocupación por buscar a personas preparadas y con capacidad para las distintas responsabilidades –en los ámbitos técnico y político– Boric ha enfatizado especialmente la amplia presencia de mujeres, que por primera vez son más que los hombres de un ministerio. A esto se suma otra señal: la incorporación del Ministerio de la Mujer al Comité Político, en reemplazo del Ministerio de Desarrollo Social. Todo esto es discutible desde el punto de vista político y gubernativo, pero es parte del sello de la nueva administración.

Al comenzar el gobierno, se han observado algunas cosas que rápidamente han marcado su estilo y prioridades. El primer tema se refiere al retiro de las querellas por Ley de Seguridad Interior del Estado contra quienes cometieron delitos a partir de la revolución de octubre de 2019. El problema no es la decisión puntual –que en buena medida era esperable–, sino la relación del gobierno con la violencia política, a través de la tolerancia o justificación. Numerosos miembros y dirigentes del Frente Amplio y el PC “comprendieron” o validaron los actos de violencia y destrucción posteriores a la crisis institucional (“¿Cómo quieren que no quememos todo?”) y en general no han tenido una actitud similar con las víctimas de diversos atentados. Algo similar ocurre con el terrorismo u otras manifestaciones de destrucción en la Araucanía, que también han generado poca empatía hacia quienes han sufrido destrozos, incendios e incluso víctimas fatales en los últimos años.

El segundo tema es el discurso que pronunció Gabriel Boric desde los balcones de La Moneda. En la ocasión manifestó una serie de conceptos ideológicos y políticos muy ilustrativos de su pensamiento profundo. Habló de un “Chile hecho de diversos pueblos y naciones”; manifestó que su sueño era terminar el mandato y poder decir que el país “nos protege, nos acoge, nos cuida, garantiza derechos y retribuye con justicia el aporte y el sacrificio de cada uno de ustedes”; sostuvo que “somos profundamente latinoamericanos” y que “la voz del sur” se volvería a escuchar “firme en un mundo cambiante”. Por otra parte, reivindicó que sería Presidente “de todos los chilenos y chilenas”, declaración siempre necesaria para un admirador del presidente Salvador Allende; hizo un llama a escuchar “de buena fe, sin caricaturas”, a todos, “para que el plebiscito de salida sea un punto de encuentro y no de división”; reconoció la “exitosa estrategia de vacunación” del gobierno saliente. El discurso terminó con una alusión al “compañero Salvador Allende”, como le llamó, con su famosa frase (o pronóstico, para Boric), de que se abrirían las grandes alamedas, “por donde pasará el hombre libre, el hombre y la mujer libre, para construir una sociedad mejor”. Ese discurso fue su primer acto en La Moneda, desde donde salió este sábado hacia la Catedral para escuchar la oración por Chile.

Es evidente que la acción de gobierno de Boric enfrentará numerosos problemas, algunos que son propios de la gestión del Ejecutivo y otros asociados a la llegada específica de la izquierda al poder. El primero se refiere a las expectativas que ha generado el programa de gobierno de Apruebo Dignidad, que en resumen ha planteado más igualdad, mejor salud, pensiones y educación, y reformas en otras tantas áreas, que representan anhelos siempre presentes en la sociedad chilena. Si bien se han logrado avances, es seguro que hay y existirán limitaciones; llegarán algunos éxitos, pero quizá no con la velocidad que el diputado Boric y sus partidarios demandaban a los gobiernos anteriores; la gratuidad universitaria exigida por el movimiento estudiantil en 2011 y 2012 con seguridad no será realidad en los cuatro años del gobierno que comenzó este viernes 11 de marzo. “Otra cosa es con guitarra”, dice la sabiduría popular.

Un segundo factor problemático para el Ejecutivo es que se trata del gobierno con la minoría más clara en el Congreso Nacional desde el regreso a la democracia. Apruebo Dignidad tiene apenas 37 diputados y 6 senadores, y si se suman los 28 diputados y 13 senadores del Nuevo Pacto Social), las cifras llegan a 65 de 155 miembros de la Cámara y 19 de 50 del Senado. No es claro cuál será la posición de la Democracia Cristiana (lo más probable es que se sume a las reformas) o si habrá grupos dentro de ella. En cualquier caso, para aprobar cualquier ley –la famosa reforma tributaria, por ejemplo– se requerirá un importante trabajo prelegislativo. Para esto tiene algo de camino avanzado, pues la centroderecha en general se ha manifestado favorable a subir los impuestos a los chilenos (con el consiguiente aumento del tamaño del Estado), pero hay que ver el contenido específico de las nuevas normas y su justificación.

Un tema impensado durante la campaña presidencial, pero que ha emergido con fuerza en las últimas semanas, es la guerra de Rusia contra Ucrania. Además de su dramático costo humano, se han comenzado a sentir algunos efectos del conflicto bélico en otros lugares del mundo. Diversos analistas han afirmado que las consecuencias sobre la economía chilena serán claras y negativas: un alza de la inflación (en buena medida por el precio del petróleo), un menor crecimiento económico y otras derivadas. Por lo mismo, es necesario estar atentos, tomar las previsiones del caso y prevenir antes que lamentar.

Además podríamos mencionar las prioridades de gobierno. Algunas encuestas señalan las que las urgencias de la población son temas como la lucha contra la delincuencia, el problema de la inmigración ilegal y el mejoramiento de la salud. Los dos primeros temas no forman parte del corazón del proyecto de la izquierda gobernante, aunque Boric ha tenido una evolución al respecto y mencionó estos asuntos en su discurso del 11 de marzo en La Moneda. Seguramente el gobierno avanzará en áreas como la agenda feminista, reformas a la policía y los cambios en el régimen tributario. Pero no será posible eludir el drama de la delincuencia, que se ha instalado en la realidad cotidiana con una fuerza que parece no tener vuelta atrás.

Finalmente, está el trabajo de la Convención Constituyente, que ha ido avanzando en su plan de demolición del orden vigente, para construir un régimen político y económico-social inédito en la historia de Chile. Gabriel Boric valoró el trabajo que está realizando el órgano y espera un resultado positivo. Para ello requiere tener una administración económica y una estabilidad social que permita ver a la nueva carta como un bien deseable y que cuente con apoyo mayoritario. Sin embargo, hasta donde ha avanzado el trabajo constituyente, todo indica que no será la “casa de todos”, sino de la mayoría coyuntural que se formó en las elecciones respectivas. La correlación de fuerzas de la Convención es muy distinta a la del Congreso Nacional, de las elecciones presidenciales de noviembre y diciembre de 2021 y de la realidad chilena en general. Ya veremos lo que sucede en el plebiscito de salida. El extremismo, o los excesos y confusiones de la nueva carta fundamental serán un problema para Chile y también para el gobierno.

Se acabaron las campañas y la larga transición desde las elecciones al cambio de mando. Hoy Gabriel Boric es Presidente de la República de Chile, como se denomina todavía el país. Por lo mismo, ha comenzado su etapa apasionante y dura en “la casa donde tanto se sufre”, donde las lunas de miel son cada vez más cortas. Boric y su gobierno han comenzado una nueva etapa en la historia nacional, que sin duda estará llena de contradicciones, con éxitos políticos y también con fracasos propios del ejercicio del poder.

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