Ensayos asuntos públicos es presentado por:
Publicado el 12 de julio, 2020

Alejandro San Francisco: El Canto General de Neruda (1950)

Profesor de la U. San Sebastián y la UC. Director de Formación del Instituto Res Publica. Director general de "Historia de Chile 1960-2010" (USS). Alejandro San Francisco
A fines de la década de 1930, de regreso a Chile tras sus años en España, el poeta chileno Pablo Neruda definió una nueva etapa de la poesía y de su vida. Comenzó a trabajar en esta obra, que se publicó en dos ediciones, ambas aparecidas en 1950. Lo que originalmente sería una epopeya meramente nacional, terminó convirtiéndose en una especie de creación literaria para toda América Latina. El Canto General representa un momento central en la trayectoria política y poética de Neruda, consolidando su compromiso social y político, comunista y partidista, que no interrumpiría hasta su muerte.
Alejandro San Francisco Profesor de la U. San Sebastián y la UC. Director de Formación del Instituto Res Publica. Director general de "Historia de Chile 1960-2010" (USS).
Recibe en tu correo Lo mejor de la prensa
Suscribirse

El poeta: los cumpleaños y el exilio 

Pablo Neruda gustaba celebrar sus cumpleaños con fiestas y amigos, disfraces o tenidas más formales, en Isla Negra y en Santiago o incluso fuera de Chile. De esta manera, el poeta que había nacido 12 de julio de 1904 vivía cada aniversario como una fecha especial, de celebraciones y recuerdos, pero también de proyectos.

En 1950 la situación fue parcialmente diferente, porque Neruda se encontraba en el exilio y con fecha de regreso indefinida. Habían sido años difíciles, por la Ley de Defensa de la Democracia que proscribía de la actividad política al Partido Comunista, en el que militaba el poeta. Los afectados definieron de inmediato esa normativa como “ley maldita”, y al gobierno de Gabriel González Videla como una dictadura, si bien Chile vivía dentro de un régimen democrático y la ilegalidad de los comunistas había sido aprobada mediante una ley de la República sancionada por la mayoría del Congreso Nacional. Eran las complejidades de la democracia chilena, tan admirada por muchos y también criticada progresivamente a partir de mediados de siglo.

En 1948, año de aprobación de esa normativa, Neruda vivía en la clandestinidad, pero igual hubo celebraciones, como narra Aída Figueroa: “Nuestras medidas fueron inútiles el 12 de julio de 1948, día del cumpleaños 44 del poeta. Sus amigos más próximos decidieron celebrar la fecha como lo habían hecho tradicionalmente. Llenamos de guirnaldas de papel el departamento, inflamos globos. De a poco fueron llegando los invitados hasta sumar más de veinte. Ahí estuvieron Luis Enrique Délano y su mujer, Volodia Teitelboim y Raquel Weitzman, Manuel Solimano, Rubén Azócar, Álvaro Jara y otros” (en su artículo “Delia y Matilde”, en Luis Alberto Mansilla y otros, Los rostros de Neruda, Santiago, Planeta, 1998).

Esa etapa de la vida del poeta aparece narrada en el libro de José Miguel Varas, Neruda clandestino (Santiago, Alfaguara, 2003). Posteriormente Neruda partió al extranjero, donde “vivió en el exilio entre 1949 y 1952”, como señala Jorge Sanhueza, quien agrega: “Durante esos años viajó por distintos países de Europa, Asia y América, siendo recibido en cada sitio como huésped de honor del pueblo y los intelectuales. Le cupo además desarrollar importantes trabajos como miembros del Consejo Mundial de la Paz”. El texto explica además que en 1949 por primera vez Neruda visitó la Unión Soviética, donde recibió un homenaje de la Unión de Escritores Soviéticos (en “Pablo Neruda, los poetas y la poesía”, Aurora, N° 3-4, julio-diciembre de 1964). El vate aprovechó la ocasión para contar lo que ocurría en Chile y su situación política la situación chilena, apareciendo en la prensa de Moscú.

La cinematográfica huida de Neruda tuvo muchas referencias en su obra, y sin duda constituyó un momento mítico de su existencia, como recordaría posteriormente. “Escogí el camino del frío. Partí hacia el extremo sur de Chile, que es el extremo sur de América, y me dispuse a atravesar la cordillera”, señaló en Confieso que he vivido. Memorias (Santiago, Seix Barral, 2017). En “El Fugitivo”, poema perteneciente al Canto General, expresa de la siguiente manera el camino hacia Argentina: “Estreché una/ y otra mano, vi un rostro y otro rostro,/ que nada me decían: eran puertas/ que antes no vi en la calle,/ ojos que no conocían mi rostro,/ y en la alta noche, apenas/ recibido, me tendía al cansancio,/ a dormir la congoja de mi patria”. Finalmente, el recuerdo ocupó los primeros pasajes del discurso al recibir el Premio Nobel, en Estocolmo, en 1971: “Mi discurso será una larga travesía, un viaje mío por regiones lejanas y antípodas, no por eso manos semejantes al paisaje y a las soledades del norte. Hablo del extremo sur de mi país. Tanto y tanto nos alejamos los chilenos hasta tocar con nuestros límites el Polo Sur, que nos parecemos a la geografía de Suecia, que roza con su cabeza el norte nevado del planeta. Por allí, por aquellas extensiones de mi patria adonde me condujeron acontecimientos ya olvidados en sí mismos, hay que atravesar, tuve que atravesar los Andes buscando la frontera de mi país con Argentina”.

Para entonces, Pablo Neruda había adoptado una posición política que comprometía su vida y su poesía, como él mismo narró en sus Memorias. Eso era el resultado de la conversión política que experimentó durante la Guerra Civil Española, que le hizo finalmente acercarse a la izquierda y terminar militando en el Partido Comunista en 1945, el mismo año que fue elegido senador y que recibió el Premio Nacional de Literatura. “Explico algunas cosas” es un poema clave para entender la nueva definición vital de Neruda, quien antes hablaba de “la metafísica cubierta de amapolas”, de “la lluvia” y de “los grandes volcanes de su país natal”, pero que había comprendido que todo había cambiado con la guerra, porque “una mañana todo estaba ardiendo”. La “sangre por las calles” había determinado su cambio de postura, que lo vincularía hasta la muerte con el Partido Comunista de Chile y con el movimiento comunista internacional, del cual fue una de las figuras más relevantes dentro de la Guerra Fría Cultural.

En el gobierno de Gabriel González Videla (1946-1952) se había producido una situación ambivalente y curiosa, contradictoria y dramática, que afectó tanto al gobierno como al PC: González Videla llegó con el apoyo comunista a La Moneda, pero muy pronto se produjo un distanciamiento con acusaciones recíprocas, que terminó con la proscripción mencionada, que se encuentra narrada en diferentes estudios, como el de Carlos Huneeus, La Guerra Fría Chilena. Gabriel González Videla y la Ley Maldita (Santiago, Debate, 2009), y el de Cristián Garay y Ángel Soto, Gabriel González Videla. No a los totalitarismos, ya sean rojos, pardos o amarillos… (Santiago, Centro de Estudios Bicentenario, 2013).  Una de las dimensiones de la controversia fue precisamente la situación de Neruda, quien era a la sazón senador y que se convirtió en uno de los principales detractores del gobernante radical, a través de la prensa y del Senado, como queda registrado en la completa edición realizada por Leonidas Aguirre Silva, Discursos parlamentarios de Pablo Neruda (1945-1948) (Santiago, Editorial Antártica, 1996).

Sin embargo, persecución política y clandestinidad no significaban un vacío creativo o la renuncia al trabajo poético: por el contrario, Neruda se manifestó en aquellos años creador y renovado, con una importante agenda política por el mundo y también con proyectos de publicaciones, entre ellos una de sus obras más importantes.

La publicación del Canto General

A fines de la década de 1930, de regreso a Chile tras sus años en España, Neruda definió una nueva etapa de la poesía y de su vida. Se instaló en Isla Negra, sede de su residencia hasta su muerte, y desde ahí comenzó su nueva creación, según explica en Confieso que he vivido: “El subjetivismo melancólico de mis 20 poemas de amor o el patetismo doloroso de Residencia en la Tierra tocaban a su fin. Me pareció encontrar una veta enterrada, no bajo las rocas subterráneas, sino bajo las hojas de los libros. Puede la poesía servir a nuestros semejantes? Puede acompañar las luchas de los hombres? Ya había caminado bastante por el terreno de lo irracional y de lo negativo. Debía detenerme y buscar el camino del humanismo, desterrado de la literatura contemporánea, pero enraizado profundamente en las aspiraciones del ser humano. Comencé a trabajar en mi Canto General”. Con ello, comenzaba a consolidar el camino iniciado en España, en una clara ruptura con su primera creación poética, manifiestamente personal, autorreferente, cargada de amor y melancolía.

Sin duda, se trataba de una obra de largo aliento, ambiciosa en su concepción y larga en su contenido, que se definía por “la idea de un poema central que agrupara las incidencias históricas, las condiciones geográficas, la vida y las luchas de nuestros pueblos, se me presentaba como una tarea urgente”. El Canto General se publicó en dos ediciones, ambas aparecidas en 1950. La primera de ellas se publicó en México, en marzo, y contaba con ilustraciones de los artistas David Alfaro Siqueiros y de Diego Rivera, y solo se imprimieron 341 copias, que se compraban por suscripción.

La edición chilena apareció en abril y tuvo una compleja historia, derivada en buena parte de la clandestinidad en la que se gestó. Se hizo con un manuscrito que dejó Neruda antes de salir de Chile, y contó con grabados de José Venturelli, quien recibió el texto de parte de Luis Corvalán, destacado dirigente comunista que en ese momento lideraba la propaganda del PCCh. Otro colaborador fue Américo Zorrilla, quien trabajaba para el periódico El Siglo, y que narró posteriormente las dificultades con el papel, la diagramación, la producción y la encuadernación del libro (“La edición clandestina de Canto General”, Araucaria de Chile, N° 8, 1979). Finalmente, la edición apareció con 5.000 ejemplares, en una obra de 468 páginas.

La composición de los poemas había demorado casi una década, lo que se explicaba por tratarse de una obra inmensa, que contiene 15 cantos o secciones, con 347 poemas y más de 15 mil versos, como resumen Aída Figueroa y Edmundo Olivares en Mi amigo Pablo. Vida y obra de Pablo Neruda (Santiago, Grupo Editorial Norma, 2003). Lo que originalmente sería una epopeya meramente nacional –y que había nacido con un Canto General de Chile, incluido en la versión final–, terminó convirtiéndose con el tiempo en una especie de creación literaria para toda América Latina, como se aprecia desde el primer poema de la obra.

Neruda sostenía que el libro había conseguido una armonía que permitía fundirla en una sola gran obra. Sin embargo, algunos críticos difieren de la apreciación del poeta, como sostiene Adam Feinstein: es difícil estar de acuerdo con el autor del Canto General, considerando que los aspectos personales y los épicos del poema no siempre pueden mantenerse vinculados sin problemas. Esto quedaría demostrado, en el análisis de Saúl Yurkiévich, por la existencia de un lenguaje irracional y mítico, propio de Residencia en la Tierra, frente a otro muy racional y enraizado en la historia política concreta (así aparece explicado en el libro de Feinstein, Pablo Neruda. A passion for life, Londres, Bloombury, 2004).

La epopeya de América

El nacimiento del libro, en Chile y México, confirmaba la dimensión americana del Canto General, lo que también comenzaba a notarse desde el primer poema, titulado precisamente “Amor América”, que en cinco versos transita por toda la geografía continental:

“Yo estoy aquí para contar la historia.

Desde la paz del búfalo

hasta las azotadas arenas

de la tierra final, en las espumas

acumuladas de la luz antártica…”

La misma visión global se aprecia en algunos versos dedicados a los conquistadores y a la independencia del continente, que aparece en “América insurrecta (1800)”, a los caudillos hispanoamericanos o en el poema “México (1940)”. Asimismo, se puede observar “Las satrapías”, que comienza mencionando a Trujillo, Somoza y Carías, como verdaderos buitres de los norteamericanos (si bien termina con una vinculación a la realidad de Chile); también unos versos a Centroamérica y ciertamente “América, no invoco tu nombre en vano”.

Una expresión especialmente majestuosa se expresa en “Alturas de Machu Picchu”, una de las obras más reconocidas de Neruda y que fue popularizada musicalmente por el grupo Los Jaivas. El poeta había subido a caballo a las famosas ruinas que ubicadas en Perú, y quedó sobrecogido: “Me sentí infinitamente pequeño, cuenta en sus Memorias, en el centro de aquel ombligo de piedra; ombligo de un mundo deshabitado, orgulloso y eminente, al que de algún modo yo pertenecía… Me sentí chileno, peruano, americano. Había encontrado en aquellas alturas difíciles, entre aquellas ruinas gloriosas y dispersas, una profesión de fe para la continuación de mi canto”. Esa fue la génesis de las “Alturas de Machu Picchu”.

Compromiso partidista, execraciones y alabanzas

La historia de Chile y la política nacional también forman parte del Canto General, con una visión decididamente partidista, militante, sin ambigüedades ni intentos de objetividad, sino con la convicción del converso y la determinación del poeta nacido al calor de la Guerra Civil Española.

El poeta reparte condenas a dictadores, sátrapas y colaboradores con Wall Street, mientras recogen alabanzas los líderes populares, las figuras soviéticas y los revolucionarios de distintas épocas, partiendo por el máximo líder de la gran potencia comunista: “Stalin alza, limpia, construye, fortifica,/ preserva, mira, protege, alimenta,/ pero también castiga”, señala sobre el dictador soviético, a quien el poeta admiraba con devoción. En otra parte señala: “En tres habitaciones del viejo Kremlin/vive un hombre llamado José Stalin./Tarde se apaga la luz de su cuarto./El mundo y su patria no le dan reposo”. Este poema debe ser leído con otro que escribiría en 1953, titulado “En su muerte”, precisamente por el fallecimiento del gran dictador soviético.

Para el caso chileno, una de las creaciones más hermosas es “Lautaro (1550)”, especialmente cuando se refiere al proceso de educación del cacique para ser “digno de su pueblo”. Posterior a 1810 emerge con fuerza propia la figura de José Manuel Balmaceda, según la interpretación dominante en la historiografía y en la política de la izquierda chilena a mediados del siglo XX, que lo mostraba como un gobernante antiimperialista, que se había enfrentado a Mr. North, el “rey del salitre”, y por ello había sufrido una guerra civil de parte de la oligarquía chilena. Recabarren, fundador del movimiento obrero y del Partido Comunista, no podía estar ausente, con su incansable trabajo en el norte chileno, a pesar de las dificultades y persecuciones: “Pero sobrevivió la resistencia./La luz organizada por las manos/de Recabarren, las banderas rojas/fueron desde las minas a los pueblos,/fueron a las ciudades y a los surcos”.

La odiosidad mayor está dirigida contra Gabriel González Videla, como era previsible, a quien califica como “el traidor de Chile”: “Es González Videla la rata que sacude/su pelambrera llena de estiércol y de sangre/sobre la tierra mía que vendió…/ Todo lo ha traicionado”. Es un poema que tiene más valor histórico que poético, y que recuerda a algunos de España en el corazón, como “El general Franco en los infiernos”, o los de Incitación al Nixonicidio y alabanza de la Revolución Chilena (1973), así como también las páginas finales de sus Memorias, con esas duras invectivas contra Eduardo Frei Montalva.

Hay otros versos del Canto general con una clara connotación política: “Nosotros no rezamos”, “paseaba el pueblo sus banderas rojas”, “fuisteis a Pisagua, llevados de armados carceleros”, “fui perseguido, pero nuestra lucha sigue”, y tantos otros que son parte de la poesía nerudiana como de la historia comunista en el siglo XX chileno. Uno de los más ilustrativos se llama, precisamente, “A mi partido”, que reproducimos completamente: Me has dado la fraternidad hacia el que no conozco./Me has agregado la fuerza de todos los que viven./Me has vuelto a dar la patria como en un nacimiento./Me has dado la libertad que no tiene el solitario./Me enseñaste a encender la bondad, como el fuego./Me diste la rectitud que necesita el árbol./ Me enseñaste a ver la unidad y la diferencia de los hombres./Me mostraste cómo el dolor de un ser ha muerto en la victoria de todos./Me enseñaste a dormir en las camas duras de mis hermanos./ Me hiciste construir sobre la realidad como sobre una roca./Me hiciste adversario del malvado y muro del frenético./Me has trecho ver la claridad del mundo y la posibilidad de la alegría./Me has hecho indestructible porque contigo no termino en mí mismo”.

Debe leerse junto a la “Carta a Miguel Otero Silva”, que Luis Guastavino calificara en la Cámara de Diputados de Chile (3 de noviembre de 1971) como “la más apasionada declaración de principios poéticos que le conozco a Neruda”: Qué azul es la vida, Miguel,/ cuando hemos puesto en ella/amor y lucha, palabras que son el pan y el vino,/palabras que ellos no pueden deshonrar todavía,/ porque nosotros salimos a la calle con escopeta y cantos”.

El Canto General representa un momento central en la trayectoria política y poética de Neruda, consolidando su compromiso social y político, comunista y partidista, que no interrumpiría hasta su muerte. Con los años el compositor griego Mikis Theodorakis lo transformó en una obra musical que mantenía la letra de Neruda, y que tendría una difusión en festivales de canción política y también en ambientes culturales más amplios, aunque generalmente marcados por las divisiones ideológicas propias de la Guerra Fría y de las contradicciones presentes en América Latina y en Chile.

Por lo mismo, el Canto General publicado en 1950 es a la vez una obra valiosa y polémica, con mérito literario indiscutible, pero con un evidente sesgo político y posiciones más que discutibles, propias de una época de luchas. Neruda lo asumía en su discurso del Premio Nobel como una vida personal humildemente partidaria, que asumió viendo “gloriosos fracasos, solitarias victorias, derrotas deslumbrantes”, en medio del “escenario de las luchas de América”.

Las columnas de Opinión son presentadas por:
Ver más

APOYA AL LÍBERO

A diferencia de muchos medios de comunicación en EL LÍBERO hemos mantenido nuestra web y noticias sin costos para todos. Creemos que hoy, más que nunca, es necesario que la mirada de EL LÍBERO llegue a más personas y cubra más contenido.

Si quieres ayudarnos a lo anterior hazte miembro, hoy mismo, a la Red Líbero, por 1 U.F. mensual (o 0,5 U.F. para los menores de 40 años) con lo que estarás realizando un aporte fundamental para que podemos ampliar nuestra labor.

HAZTE MIEMBRO

También te puede interesar:

Cerrar mensaje

APOYA AL LÍBERO

A diferencia de muchos medios de comunicación en EL LÍBERO hemos mantenido nuestra web y noticias sin costos para todos. Creemos que hoy, más que nunca, es necesario que la mirada de EL LÍBERO llegue a más personas y cubra más contenido.

Si quieres ayudarnos a lo anterior hazte miembro, hoy mismo, a la Red Líbero, por 1 U.F. mensual (o 0,5 U.F. para los menores de 40 años) con lo que estarás realizando un aporte fundamental para que podemos ampliar nuestra labor.

HAZTE MIEMBRO