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Publicado el 19 de julio, 2020

Alejandro San Francisco: Democracia y veleidades electorales

Profesor de la U. San Sebastián y la UC. Director de Formación del Instituto Res Publica. Director general de "Historia de Chile 1960-2010" (USS). Alejandro San Francisco

La democracia, como sabemos, es un sistema que facilita resolver de mejor manera y pacíficamente los conflictos y las divergencias dentro de la sociedad, y las elecciones aparecen como una fórmula adecuada para decidir quién estará en el gobierno y quién en la oposición en los distintos países.

Alejandro San Francisco Profesor de la U. San Sebastián y la UC. Director de Formación del Instituto Res Publica. Director general de "Historia de Chile 1960-2010" (USS).

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Hace exactamente 75 años ocurrió un hecho extraordinario en las democracias occidentales y en la historia política mundial. En julio de 1945 Winston Churchill fue derrotado en las elecciones en Gran Bretaña, y fue reemplazado en el gobierno por Clement Attlee, destacado político laborista que encabezaría una serie de cambios importantes en el orden económico.

El tema tiene especial interés, por cuanto Churchill había sido uno de los grandes héroes durante la Segunda Guerra Mundial, que decidió enfrentar a Adolf Hitler desde el primer momento –cuando muchos se manifestaban condescendientes o pactaban con el dictador alemán– y culminó exitosamente su proyecto tras derrotar al régimen nacionalsocialista, precisamente en 1945. Fue una tarea sin duda difícil, titánica, a la cual contribuyeron con el paso del tiempo tanto los soviéticos como los norteamericanos, pero fue indudablemente el líder británico quien había comenzado la tarea, que concluyó después de una larga y ardua lucha. Pese a todo ello, en las primeras elecciones que hubo tras el conflicto, Winston fue derrotado inapelablemente y por un margen bastante alto, concluyendo su gobierno de forma inesperada para muchos.

La democracia, como sabemos, es un sistema que facilita resolver de mejor manera y pacíficamente los conflictos y las divergencias dentro de la sociedad, y las elecciones aparecen como una fórmula adecuada para decidir quién estará en el gobierno y quién en la oposición en los distintos países. Por otra parte, los comicios permiten la alternancia en el poder cuando los candidatos o los votantes cambian, y es necesario cumplir lo prometido, tener algunos éxitos y mantener una comunicación fluida, que permita consolidar los apoyos de parte de la población.

En la actualidad hay dos formas principales para medir los respaldos y rechazos de la ciudadanía y su evolución a través del tiempo. La primera –y ciertamente la más decisiva e importante–, son las elecciones mismas, que ocurren cada cierto tiempo y muestran resultados reales, con lo cual determinan quién gobernará y cómo se conformarán los órganos legislativos de un país: ese es el momento en que el pueblo habla y decide. La segunda, cuya importancia ha ido aumentando con el tiempo, son las encuestas, que ilustran sobre las tendencias que se van dando en las sociedades en un momento dado: son una foto del momento, se dice habitualmente, pero analizadas consecutivamente son instrumentos muy valiosos para la comprensión de la evolución política.

En los últimos años ha sido posible advertir una tendencia que muestra resultados electorales contradictorios, en los cuales resulta habitual que triunfen los opositores y sea derrotado el gobierno de turno, lo cual permite la alternancia en el poder, pero también refleja el fracaso de los gobiernos o la mala percepción de los ciudadanos sobre una determinada administración. Así ocurrió en Argentina: Macri triunfó y sacó a Cristina Fernández, y luego los Fernández derrotaron al propio Macri; algo similar ha ocurrido en Chile en esta última década, donde Sebastián Piñera sucedió a Bachelet, esta reemplazó a Piñera, quien nuevamente asumió tras la Presidenta, en una curiosa rotativa presidencial. Otros países parecen entrar en similares alternancias.

Una situación parecida se puede apreciar en el caso de España, donde el Partido Popular fue reemplazado por el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y luego por una coalición de los socialistas y Podemos. Sin embargo, las elecciones en Galicia y el País Vasco comienzan a mostrar algunas cosas interesantes, en alguna medida imprevistas –al menos en la extensión que tuvieron– y revierten resultados que parecían consolidarse en el crecimiento de la izquierda española. Los números obtenidos por Podemos en Galicia fueron desastrosos y significan un retroceso relevante que podría tener consecuencias políticas delicadas, hoy atemperadas por el verano europeo, pero que seguramente renacerán una vez que regrese la actividad normal a partir de septiembre. Esto, sin duda, afectará a un gobierno que ya fue cuestionado por su manejo del coronavirus y cuya fortaleza política y social se ve disminuida con estos resultados.

La pandemia del coronavirus ha sido una dura prueba para las democracias y ha permitido expresiones de populismo en diversos países del mundo. Es posible prever, para los próximos meses, contradicciones y rebeldías asociadas a la crisis económica y social sobreviniente, lo cual sin duda significará nuevos desafíos para los gobiernos y los sistemas políticos. Los resultados serán distintos según los países y de acuerdo a otras circunstancias: si es que tienen elecciones en el corto plazo o en varios años más, según cómo hayan enfrentado la pandemia en términos hospitalarios y de salud en general, así como también en relación a las percepciones de la sociedad sobre el manejo de las diferentes situaciones de parte del respectivo gobierno.

Un caso paradigmático es el de Estados Unidos, que tiene elecciones en noviembre del presente año. Hasta hace unos meses había dos aspectos que caracterizaban la lucha por la Presidencia en el gigante norteamericano. Primero, Donald Trump aparecía con serias posibilidades para ser reelegido como gobernante, especialmente debido a los resultados de la economía en los últimos años. Segundo, cuando comenzaron las primarias del Partido Demócrata, Bernie Sanders emergió con gran fuerza y Joe Biden parecía que no lograría despegar. Hoy la realidad muestra a un Trump depreciado políticamente –en parte por su frivolidad para enfrentar el coronavirus– mientras Biden emerge como el más posible próximo Presidente de los Estados Unidos, ante el apoyo prácticamente unánime del establishment demócrata a su postulación.

Otro ejemplo interesante es el de Brasil, si consideramos que Jaír Bolsonaro fue elegido con una contundente votación y que hoy se encuentra cuestionado y con divisiones al interior del propio gobierno. En América Latina también se pueden apreciar problemas en diversos lugares: la situación económica de Perú es dramática, mientras hace unos meses el presidente Vizcarra aparecería con gran popularidad; en Argentina hubo un gran apoyo inicial al presidente Alberto Fernández, pero ya han comenzado los cuestionamientos a las sostenidas políticas de confinamiento que afectan al país, sumido en la pobreza, en crisis económicas e irresponsabilidad fiscal. Y así otros tantos países y gobiernos deberán enfrentar olas de alzas y bajas en los respaldos, que son frutos de las veleidades populares, pero también de los cuestionamientos al trabajo político o bien de apoyo a las tareas bien realizadas.

La situación en Chile es particularmente delicada, por cuanto los problemas actuales no son meramente políticos, sino también sociales, económicos, e incluso institucionales. En los próximos meses el país enfrentará elecciones para definir el eventual proceso constituyente, después habrá comicios para elegir alcaldes y también habrá el 2021 elecciones presidenciales y parlamentarias. Los resultados están abiertos y parece lógico que así sea: los presidentes Michelle Bachelet y Sebastián Piñera asumieron con sólidos resultados y gran apoyo electoral en 2013 y 2017 respectivamente, pero ambos marcaron menos de 20% de respaldo popular durante varios meses en sus respectivos gobiernos. Nadie tiene asegurada la mantención de los afectos del pueblo, así como se requiere una consistencia muy grande para evitar caer en la tentación de dejarse llevar por las encuestas, la voz de la calle o la última oferta del populismo.

Después de todo, la democracia permite decidir con los votos sobre los gobernantes, pero la política es muy dinámica y cada día parece existir un plebiscito sobre la gestión de los diferentes gobiernos. Por lo mismo, hay que estar especialmente atentos y las administraciones deben saber responder con prontitud, capacidad técnica y sentido político, en un escenario cada vez más complejo.

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