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Publicado el 18 abril, 2021

Alejandro San Francisco: Cuba: Fin de Castro, no del comunismo

Profesor de la U. San Sebastián y la UC. Director de Formación del Instituto Res Publica. Director general de "Historia de Chile 1960-2010" (USS). Alejandro San Francisco

¿Se convertirá Díaz-Canel en un nuevo Gorbachov, capaz de empujar a Cuba a una nueva etapa de su historia?

Alejandro San Francisco Profesor de la U. San Sebastián y la UC. Director de Formación del Instituto Res Publica. Director general de "Historia de Chile 1960-2010" (USS).
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Entre el 16 y el 19 de abril de este 2021 se realiza el Congreso del Partido Comunista de Cuba, sin duda una de las reuniones políticas más importantes en América Latina. La fecha no es inocua: comienza cuando se cumplen los 60 años de la proclamación del carácter socialista de la Revolución Cubana.

Se trata del encuentro del partido gobernante y partido único en la dictadura más larga de la región y una de las más duraderas del mundo, surgida en medio de esperanzas tras derrotar a la también dictadura de Fulgencio Batista en 1959. En todo el continente se sintió el impacto de los barbudos y jóvenes líderes rebeldes, y por momentos pareció que la estela revolucionaria crecería y sería exitosa en otros países, que replicarían el modelo cubano, aunque cada uno según su propia realidad.

Sin embargo, con el paso de los años el régimen se fue anquilosando. Los viejos sueños de igualdad y justicia se enfrentaron a la cruda realidad política interna e internacional: el alineamiento con la Unión Soviética y la enemistad con Estados Unidos (con el bloqueo) fueron las manifestaciones más claras de ese escenario. El sistema se desarrolló entre la burocracia y la represión, el paredón y la persecución de los opositores, la consolidación de un modelo opresivo que condenaba a su pueblo a la pobreza, así como el temor permanente del régimen a abrirse a las libertades más básicas de cualquier sistema democrático. La ansiada libertad, la democracia prometida originalmente y por cierto la justicia no llegaron para los habitantes de la isla.

La decadencia y el fin del régimen de 1959 han tenido tres momentos muy importantes en este siglo XXI. El primero fue la enfermedad de Fidel Castro, que significó entregarle el mando a su hermano Raúl, también revolucionario de la Sierra Maestra. El segundo hito fue la muerte de Fidel a fines del 2016, que clausuró toda una etapa en “el hemisferio oscuro que esperaba por fin una victoria verdadera”, como expresó poéticamente Pablo Neruda en un homenaje a la Revolución Cubana (en su libro Canción de Gesta, de 1960). El tercer momento fue el término del gobierno de Raúl Castro y su reemplazo por Miguel Díaz-Canel, en octubre de 2019, lo que significó una continuidad y cambio dentro del régimen comunista.

En este Congreso del Partido se vive un cuarto hito relevante, con la renuncia del propio Raúl Castro a la cabeza del PC cubano, en lo que podría significar un eventual giro –ciertamente imprevisible a esta altura– en el régimen comunista de Cuba, pero cuyo resultado todavía es incierto. Sin embargo, el periódico oficialista Granma (16 de abril) ha sido muy claro en precisar el sentido del Congreso: “Continuidad es el apellido de esta magna cita, que trasciende el proceso natural de tránsito de una generación a otra para convertirse en certeza perenne de que ¡Cuba Socialista Va!, hoy, y todos los años por venir”.

¿Se convertirá Díaz-Canel en un nuevo Gorbachov, capaz de empujar a Cuba a una nueva etapa de su historia, que no solo signifique cambio de caras y apellidos simbólicos, sino derechamente una sustitución del sistema que ha regido en las últimas seis décadas? ¿Habrá espacio para una democratización progresiva, o seguirán siendo reprimidas las manifestaciones de lucha por la libertad de opinión, la expresión artística o mínimos derechos políticos? Es difícil preverlo, por el hermetismo del sistema y porque no es claro cómo tomarán los sectores dirigentes el relevo generacional y dirigencial. En cualquier caso, Díaz Canel ha procurado manifestar su perpetua lealtad hacia Raúl Castro y hacia Fidel, y ha reiterado durante esta semana que Cuba vive el Congreso de la continuidad.

Los cambios en la isla se producen en un momento de claroscuros para el comunismo, pero donde es posible advertir signos de recuperación electoral, política e incluso simbólica de parte de los herederos de Marx y Lenin. Desde luego, el 14 de abril –con ocasión de cumplirse 90 años de la Segunda República Española– fue posible advertir algunas marchas que levantaron orgullosas sus carteles con las imágenes de Marx, Engels, Lenin y Stalin, como una forma de volver atrás en el tiempo y de recordar a las figuras que dieron ideología y vida a los comunistas del siglo XX. Otro tanto ocurre en América Latina, donde en Perú acaba de pasar a segunda vuelta –con la primera mayoría– un admirador de la dictadura de Cuba.

El caso de Chile también es interesante. Entre las figuras políticas mejor evaluadas y que se encuentran en los primeros lugares de las encuestas presidenciales, está Daniel Jadue, miembro del Partido Comunista y también activo promotor de la causa castrista. En las actuales circunstancias, es posible que él sea el candidato de la izquierda en una segunda vuelta presidencial a fines de este 2021. Se trataría de un hecho inédito en la historia de Chile y sin duda en un hito crucial en la historia del comunismo en el siglo XXI.

Es evidente que el mundo y América Latina son muy distintos al de 1959 y por cierto al de la Guerra Fría. Las esperanzas de entonces son muy diferentes a los desafíos de hoy. La Revolución Cubana, aunque todavía en el poder, con partido único y capacidad para manejar la agenda política interna, desde hace algún tiempo está espiritualmente muerta. Ya no cuenta con la mística revolucionaria de los jóvenes, los deseos de servir a la patria o encontrar la muerte (“Patria o muerte” era un grito de victoria tradicional), ni tampoco puede prometer un futuro que nunca llegó. Después de seis décadas se la puede evaluar por sus resultados, a la vista de quienes procuran marcharse de la isla aún a riesgo de sus propias vidas y por un mundo que cambió en una dirección muy distinta a la que anhelaron Fidel y el Che.

Ya veremos qué resulta de este nuevo Congreso del PC cubano. Por mientras, tiempo al tiempo: después de todo, esperar unos meses más, quizá años, serán sólo un etapa relativamente breve al lado de todo lo que ha ocurrido hasta hoy bajo la égida de la Revolución.

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