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Publicado el 25 de julio, 2020

Alejandro San Francisco: Crisis social y pobreza

Profesor de la U. San Sebastián y la UC. Director de Formación del Instituto Res Publica. Director general de "Historia de Chile 1960-2010" (USS). Alejandro San Francisco

El mundo será más pobre en los próximos años de lo que ha sido en los años recientes. Hay lugares donde eso se reflejará con mayor fuerza y con resultados más lamentables: uno de ellos es América Latina.

Alejandro San Francisco Profesor de la U. San Sebastián y la UC. Director de Formación del Instituto Res Publica. Director general de "Historia de Chile 1960-2010" (USS).
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En las últimas décadas, el mundo ha vivido la etapa de mayor riqueza en toda su historia, que ha permitido mejorar las oportunidades de la población, la calidad de vida de las personas, las condiciones materiales de existencia y la esperanza de vida. Paralelamente, las sociedades han superado algunos problemas atávicos que mostraban los lastres de sociedades más pobres, donde los niños caminaban a pie descalzo, pocos terminaban la enseñanza secundaria y eran todavía menos los que ingresaban a la educación superior; además la desnutrición era un problema de la vida cotidiana y la pobreza era la forma común de existencia en numerosos países del mundo.

Después de la crisis de 1929, Estados Unidos, país con una capacidad extraordinaria de renovación y creatividad, se encontró sumido en la pobreza que obligaba a migrar con dolor y a vivir una situación que creía haber abandonado en  la historia. Las páginas amargas y emotivas a la vez– de Las uvas de la ira, de John Steinbeck (Tusquets, 2010) son una manifestación elocuente de aquellos tiempos de miseria norteamericana, que nos muestran un tiempo que no debemos olvidar. Es cosa de pensar en la España de hace unas ocho décadas, cuando venía terminando la guerra civil y sufría las consecuencias del conflicto, enfrentando una situación muy grave de miseria, que prolongaba los dolores del conflicto bélico. Lo mismo ocurrió en esa misma época con la Segunda Guerra Mundial y sus secuelas, que sumieron al continente en una realidad terrible que perpetuaba los males y abría una etapa de rumbo desconocido y difícil.

América Latina, a mediados del siglo XX y en las épocas siguientes, sufrió los males del subdesarrollo endémico, una pobreza más o menos generalizada, que no solo tuvo un impacto económico, sino que también una proyección política de especial relevancia: así emergió un continente revolucionario, rebelde y deseoso de cambios, que reclamaba cambios radicales y que tenía un respaldo popular para ello. Sin embargo, la Revolución Cubana fue exitosa en su inicio, pero prolongó la pobreza con el paso de las décadas y consolidó una dictadura política, y las promesas de 1959 con el tiempo se fueron difuminando, olvidando o incluso traicionando.

En el cambio de siglo la situación había cambiado radicalmente en América Latina y en el mundo entero. La información del Banco Mundial explica que entre 1990 y el 2015 la tasa de pobreza extrema disminuyó un punto porcentual al año, desde el 36% al 10%, manteniéndose África con los índices más altos y de difícil superación, en tanto Europa prácticamente había terminado con el problema. A pesar de los avances, derivados especialmente del crecimiento económico que ha experimentado el mundo en las últimas décadas, todavía existen dos dificultades relevantes en la actualidad, que conviene revisar.

El primer problema se refiere a la baja del ritmo en la disminución de la extrema pobreza, que entre el 2013 y el 2015 bajó solo un punto porcentual. Esta desaceleración tiene que ver con la situación específica de África, que tiene problemas estructurales que le impiden mejorar sustancialmente su situación económico-social; por otra parte, cuando la pobreza disminuye a niveles muy bajos, como ha ocurrido en otros lugares del mundo, es cada vez más difícil atacar los bolsones de pobreza que quedan instalados en las sociedades por diversas razones.

El segundo problema es puntual, derivado de la situación particular que vive hoy el mundo, producto de las consecuencias económicas y sociales del coronavirus. La realidad es dramática en muchos lugares, donde millones de personas han perdido sus trabajos, en un contexto de deterioro del aparato productivo, del sistema de servicios y las actividades comerciales. La superación de la situación actual no será fácil y, por el contrario, se esperan meses y años para lograr una real recuperación de la economía y para que los cesantes vuelvan a encontrar oportunidades reales de trabajo.

En otras palabras, el mundo será más pobre en los próximos años de lo que ha sido en los años recientes. Hay lugares donde eso se reflejará con mayor fuerza y con resultados más lamentables: uno de ellos es América Latina. El continente ha tenido unos meses muy difíciles, y se percibe que los problemas del coronavirus, la cesantía y la pobreza tendrán una expresión especialmente visible y dramática. Países como Brasil han experimentado alzas tremendas en los contagios y las muertes; Argentina manifiesta alzas relevantes en los contagios y muertes,además de tener una economía paralizada, con nuevo default y otras consecuencias para su economía; Perú ha visto hundir su economía, que era una de las más prósperas de la región, y el problema se puede apreciar también en otros lugares.

El caso de Chile es especial, porque vive una situación de crisis institucional y política, a la cual se agregan las consecuencias del problema económico y social derivado de la cesantía, la pérdida de poder adquisitivo de la gente, la falta real de oportunidades de trabajo y una desconfianza creciente entre los inversionistas para ampliar las oportunidades de progreso social de la población. Más de un millón de personas han perdido su trabajo o ha cambiado su relación laboral en los últimos meses, muchos han visto disminuidos sus ingresos y otros tantos no logran entrar al mercado laboral por la situación que estamos viviendo en estos tiempos.

La clave no está en el análisis de la realidad de la pobreza y la crisis social de los países, sino en que existan diagnósticos adecuados y se adopten las medidas oportunas para superar los problemas actuales. La triste realidad del mundo –somos y seremos más pobres por algún tiempo– debe ser enfrentadas con la convicción de que es necesario salir adelante y con la certeza demostrada por la historia de que en el pasado hubo crecimiento económico, creación de riqueza, generación de empleos y ampliación de las oportunidades. Si se pudo hacer en el pasado, se puede hacer en el presente y puede existir un mejor futuro. Para ello se requieren convicciones y medidas políticas adecuadas, soluciones inteligentes, incentivos claros, emprendimiento, inversión privada y trabajo intenso, de los gobiernos y de la ciudadanía. De lo contrario, deberemos acostumbrarnos a un largo invierno antes de que vuelva a aparecer el sol.

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