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Publicado el 02 de marzo, 2019

Alejandro San Francisco: Centenario de la Internacional Comunista

Profesor de la U. San Sebastián y la UC. Director de Formación del Instituto Res Publica. Director general de "Historia de Chile 1960-2010" (USS). Alejandro San Francisco

Podemos imaginar el sentido histórico y alegría de los asistentes, la convicción de ser parte de una época revolucionaria de la historia de la Humanidad en la que los miembros de la Tercera Internacional serían los protagonistas, como grandes promotores del cambio social y la construcción de la nueva sociedad en el mundo.

Alejandro San Francisco Profesor de la U. San Sebastián y la UC. Director de Formación del Instituto Res Publica. Director general de "Historia de Chile 1960-2010" (USS).
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Cuando triunfó la Revolución Bolchevique en 1917, Lenin y sus correligionarios entendieron de inmediato que no estaban frente a un acontecimiento aislado, sino que era el inicio de un proceso más universal. Sin embargo, la situación interna todavía no estaba consolidada: Rusia seguía presente en la Gran Guerra, con un resultado desastroso, y también existía una guerra civil que impedía la consolidación del poder de los bolcheviques. A todo ello se sumaba la necesidad de organizar efectivamente el primer régimen comunista de la historia, tarea nada fácil por lo inédita, por la extensión del territorio ruso y la diversidad de su población, además de los problemas políticos, económicos y sociales que persistían en la antigua sociedad de los zares.

Pese a todo eso, apenas un par de años después, los bolcheviques decidieron organizar la Tercera Internacional Comunista (o Komintern, como sería conocida internacionalmente), cuya primera reunión se desarrolló en Moscú entre el 2 y el 6 de marzo de 1919; en los años siguientes tendrían lugar el Segundo Congreso (19 de julio al 7 de agosto de 1920); el Tercer Congreso (22 de junio al 12 de julio de 1921), y el Cuarto Congreso (noviembre de 1922). Los documentos principales y discursos de Lenin se pueden consultar en la completa recopilación La Internacional Comunista. Tesis, manifiestos y resoluciones de los cuatro primeros congresos (1919-1922).

Desde mucho tiempo atrás Lenin abrigaba el deseo de superar las políticas defendidas por la Segunda Internacional, convencido en la necesidad de que el movimiento socialista tuviera un liderazgo comunista soviético, con la certeza de que los objetivos solo eran alcanzables por la revolución violenta y la posterior dictadura de los revolucionarios. Así lo expuso el líder bolchevique con claridad, por ejemplo, en El Estado y la Revolución (escrito en 1917 y 1918). En esa misma obra aparecía como el intérprete más genuino de Marx, rechazaba la conciliación de clases así como la posibilidad de la revolución pacífica, aspectos doctrinales que serían fundamentales en la nueva organización comunista internacional. Al comenzar marzo de 1919, afirma Robert Service, «Lenin y Trotski estaban exultantes», al ver que el sueño de la Tercera Internacional se hacía realidad (ver Camaradas. Breve historia del Comunismo). En la ocasión participaron algunos representantes de partidos socialistas europeos, incipientes formaciones comunistas y también otros bolcheviques que presumían representar a grupos comunistas de otros países.

En la reunión hablaron algunos de los oradores más famosos de los bolcheviques, como Trotski, Zinoviev y Bujarin, aunque sin duda la figura principal fue Lenin. Este, en su discurso inaugural, comenzó rindiendo un homenaje a Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht, comunistas alemanes que habían muerto en enero del mismo año en la sublevación espartaquista en Alemania. A continuación señaló que la burguesía estaba aterrorizada ante el avance del movimiento revolucionario del proletariado, que además había encontrado su propia fórmula política de ejercer el poder: la «Dictadura del proletariado».

La explicación la complementó en su «Discurso sobre las tesis acerca de la democracia burguesa y la dictadura del proletariado», que mezclaba aspectos doctrinales y prácticos. Lenin propuso tres temas que consideraba decisivos: primero, la importancia de la tarea que tenía que los comunistas de Europa Occidental explicaran a las masas «el significado, la importancia y la necesidad del sistema de los soviets»; segundo, manifestó que la difusión del sistema soviético en países como Alemania e Inglaterra «es una prueba esencial de que la Revolución proletaria vencerá»; y tercero, sostuvo que la conquista de la mayoría comunista en los soviets «es la principal tarea en todos los países donde el poder soviético aún no ha triunfado».

En el discurso de clausura, Lenin manifestó esa fe en el futuro que le era característica, un claro voluntarismo y la certeza en la victoria final. Junto con establecer que la dictadura del proletariado sería un paso importante para la victoria definitiva del comunismo, concluía señalando: «La burguesía del mundo entero puede seguir empleando la violencia, puede continuar su política de expulsar y meter en la cárcel e incluso de asesinar a los espartaquistas y  a los bolcheviques; nada de eso los salvará. Esas medidas abrirán los ojos a las masas, las ayudarán a liberarse de los viejos prejuicios democrático-burgueses y las templarán en la lucha. La victoria de la revolución proletaria está asegurada. Ya se divisa la formación de la República Soviética Internacional». Todo esto se daba en un contexto, debemos recordar, de crisis de las democracias liberales y de las monarquías, lo que volvía los ojos a nuevas alternativas políticas.

Podemos imaginar el sentido histórico y alegría de los asistentes, la convicción de ser parte de una época revolucionaria de la historia de la Humanidad en la que los miembros de la Tercera Internacional serían los protagonistas, como grandes promotores del cambio social y la construcción de la nueva sociedad en el mundo. Por lo mismo, una de las consecuencias de la reunión de Moscú fue adoptar una serie de resoluciones -entre ellas la de crear la Internacional Comunista- que fijaran el camino a seguir: «la necesidad de la lucha por la dictadura del proletariado exige la organización uniforme, común e internacional de todos los elementos comunistas que piensen del mismo modo», más imperioso si consideraban que en ese momento algunos intentaban «restablecer la antigua Internacional oportunista y reunir a todos los elementos confusos y vacilantes del proletariado». También fue muy interesante en términos doctrinales y de acción política el documento «Plataforma de la Internacional Comunista», referida a la situación mundial; la conquista del poder político por parte del proletariado, que «significa el aniquilamiento del poder político de la burguesía»; una disquisición sobre democracia y dictadura; la expropiación de la burguesía y la socialización de los medios de producción; además de fijar el camino de la victoria.

En los años siguientes se iría produciendo una consolidación del movimiento comunista internacional, con una fórmula que implicaba que muchos rompieran con sus partidos de izquierda -generalmente socialistas- para formar partidos comunistas propiamente tales. Adicionalmente, en la práctica, los comunistas tendrían a los socialdemócratas como grandes enemigos, lo que contribuiría a socavar las democracias europeas de la década de 1920. En otro plano, la sovietización del comunismo en distintas partes del mundo -también en Chile- otorgó unidad política y una colaboración que se mantendría durante varias décadas en diferentes lugares del mundo. La historia, sin embargo, sería bastante diferente a la que trazaron con gran voluntarismo los bolcheviques en 1919.

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