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Publicado el 22 de junio, 2019

Alejandro San Francisco: Bachelet en Venezuela: expectativas y decepciones

Profesor de la U. San Sebastián y la UC. Director de Formación del Instituto Res Publica. Director general de "Historia de Chile 1960-2010" (USS). Alejandro San Francisco

Cualquier ventana de esperanza que se abra para aliviar la situación de los presos políticos, para disminuir la represión o avanzar hacia una posible democratización de Venezuela es bienvenida. Ese es el sentido de la expectativa que ha generado la visita de la Alta Comisionada, aunque los resultados seguramente distarán mucho de cambiar la situación actual del país.

Alejandro San Francisco Profesor de la U. San Sebastián y la UC. Director de Formación del Instituto Res Publica. Director general de "Historia de Chile 1960-2010" (USS).
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Entre el miércoles 19 y el viernes 21 de junio Michelle Bachelet ha realizado una esperada visita a Venezuela. Se trataba de una situación largamente reclamada por los opositores internos y los detractores internacionales a la dictadura de Nicolás Maduro, que solicitaban a la Alta Comisionada de Derechos Humanos de la ONU su presencia en el sufrido país sudamericano. La postergación, que para muchos fue larga y poco explicable, llegó a su fin, y ha tenido como resultado una serie de reuniones con autoridades del régimen bolivariano, pero también con figuras opositoras, aunque no es claro cuál será el impacto definitivo de este viaje.

La Oficina del Alto Comisionado de DD.HH. de la ONU tiene como prioridades la vigencia del Estado de Derecho; la Seguridad Pública y la violencia; la discriminación; y la situación de pobreza, asociada a los derechos económicos, sociales y culturales, así como la promoción de la igualdad de género. Bachelet se manifestó disponible, previo a su visita, para “escuchar todas las voces y trabajar con todos los actores para promover y proteger los derechos humanos de todos los venezolanos”.

Venezuela vive hace varios años una crisis integral: económica y política, institucional y social, humanitaria y demográfica, local e internacional. Como resultado, hoy es un país empobrecido y dividido, una sociedad polarizada y disminuida, un régimen opresor e infatigable. Por lo mismo, cualquier ventana de esperanza que se abra para aliviar la situación de los presos políticos, para disminuir la represión o avanzar hacia una posible democratización de Venezuela es bienvenida. Ese es el sentido de la expectativa que ha generado la visita de la Alta Comisionada, aunque los resultados seguramente distarán mucho de cambiar la situación actual del país.

Lamentablemente, quedaron fuera de la visita los hospitales, donde es especialmente visible la crisis humanitaria, y las cárceles, donde se encuentran los presos políticos.

La agenda de Bachelet ha sido intensa, aunque bastante dirigida desde la administración. Incluyó una recepción en la Casa Amarilla, reuniones con los ministros de Maduro, conversaciones con el Tribunal Supremo, la Fiscalía y el Defensor del Pueblo. Sin embargo, lo más importante era su reunión con Juan Guaidó, en el Palacio Federal Legislativo de la Asamblea Nacional. Lamentablemente, quedaron fuera de la visita los hospitales, donde es especialmente visible la crisis humanitaria, y las cárceles, donde se encuentran los presos políticos.

Durante la visita, el sector estudiantil y una ONG organizaron una manifestación este 21 de junio para expresar en las calles su protesta, para hacer más visible la crisis y para exigir los derechos de la población. La ocasión ha sido propicia para mostrar el desabastecimiento, las colas para la gasolina y las dificultades existentes en el campo y en la ciudad. Esto se suma a las múltiples manifestaciones y lucha por ganar la calle, que se han sucedido desde hace varios años y que han tenido su propio saldo de cientos de víctimas, que muestra un claro desgaste, pero que sigue a pesar de todo.

El viaje también tiene un simbolismo histórico interesante, ya que Bachelet consideraba a Chávez “de manera personal”, que él siempre fue “un gran amigo, un gran colega… con profundo amor por su pueblo y América Latina”, que luchaba contra la pobreza.

La reunión con Juan Guaidó, el presidente encargado de Venezuela, tiene un gran simbolismo al otorgarle un tácito reconocimiento a quien ha liderado en los últimos meses la demanda por una transición pacífica a la democracia y ha clamado a los cuatro vientos “el cese de la usurpación”. Después de su conversación con la chilena, el dirigente venezolano explicó a la prensa: “Fue una reunión importante con Michelle Bachelet. La reunión habla de la importancia de la crisis.Hay un reconocimiento explícito e implícito de la crisis en Venezuela. Ayer, ella estuvo casi cinco horas reunida con familiares de víctimas. Está muy preocupada”. Guaidó aseguró que ella había terminado “muy conmovida” tras su reunión con los familiares “de las víctimas de la represión del régimen”. Entre las cosas negativas, el Presidente encargado señaló que le habría gustado una mayor presencia en terreno de la Comisionada, para comprobar la pérdida de la normalidad que ha provocado la crisis en el país.

Bachelet ha señalado que emitirá un informe sobre la situación venezolana el próximo 5 de julio.

En la ocasión hubo algunas buenas noticias. Por ejemplo, Michelle Bachelet se comprometió a trabajar para que fueran liberados los presos políticos, lo que resulta fundamental,considerando que el régimen desconoce la existencia de este tipo de perseguidos, aunque es una realidad que ha sido denunciada desde hace años por la oposición. El viaje también tiene un simbolismo histórico interesante, ya que Bachelet consideraba a Chávez “de manera personal”, que él siempre fue “un gran amigo, un gran colega… con profundo amor por su pueblo y América Latina”, que luchaba contra la pobreza. En esta ocasión le corresponde observar y eventualmente “condenar” al sucesor del líder de la Revolución Bolivariana.

Bachelet ha señalado que emitirá un informe sobre la situación venezolana el próximo 5 de julio. No es claro el resultado de dicho documento, aunque es difícil que pueda modificar el mapa político de la dictadura. Quizá tenga un efecto interesante que podría ser bienvenido si logra empatizar con la situación de la población y, eventualmente, dar sugerencias. Después de todo, el propio Nicolás Maduro señaló que le parecía positiva la visita de Bachelet –“tiene que ser para que Venezuela mejore. Bienvenida”– y que atendería sus “recomendaciones”, aunque sin precisar detalles. En realidad, es difícil que ocurra y que existan cambios importantes, es decir, un eventual avance hacia la democracia, un adelanto de las elecciones o una división efectiva del poder.

Es la lamentable situación que implica esa mezcla de expectativas y frustraciones que ha vivido Venezuela estos últimos años en cada marcha, en cada visita, en cada avance siempre acompañado de retrocesos.

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