Columnas de opinión es presentado por:
Publicado el 22 de septiembre, 2019

Alejandro San Francisco: A 30 años de ¿El fin de la historia?, de Fukuyama

Profesor de la U. San Sebastián y la UC. Director de Formación del Instituto Res Publica. Director general de "Historia de Chile 1960-2010" (USS). Alejandro San Francisco

El pensamiento de Fukuyama tuvo dos modificaciones importantes desde que escribió este ensayo. La primera fue comprender que desarrollar un estado moderno es mucho más difícil de lo que estimaba en 1989; la segunda fue la introducción del concepto de decadencia política, que implica que las sociedades no necesariamente van adelante en su modernización, sino que pueden volver atrás.

Alejandro San Francisco Profesor de la U. San Sebastián y la UC. Director de Formación del Instituto Res Publica. Director general de "Historia de Chile 1960-2010" (USS).
Recibe en tu correo Lo mejor de la prensa
Suscribirse

Entre los sucesos importantes de ese histórico 1989, hay uno que pertenece al mundo intelectual, pero que sin duda ha tenido consecuencias y discusiones políticas en las décadas siguientes. Me refiero a la publicación del artículo “The end of History?”, de Francis Fukuyama. El texto, aparecido en la revista The National Interest -en el verano boreal de ese año- rápidamente atrajo la atención de personas dentro y fuera de los Estados Unidos, generando un evidente atractivo así como polémicas encendidas. No era para menos: el norteamericano de origen japonés no solo formuló la pregunta, sino que llegó a concluir en su artículo que la historia había llegado a su fin. De esta manera, la década de 1980 no representaba solamente el fin de un momento histórico determinado, sino el fin de la historia como tal. Para sostener su tesis Fukuyama utiliza categorías de Hegel, recogidas a través del ruso-francés Alexander Kojeve.

Durante el siglo XX el liberalismo había tenido contradictores ideológicos relevantes a nivel internacional. Primero fue el fascismo, derrotado en los hechos y en las ideas en la Segunda Guerra Mundial. Posteriormente fue el comunismo, ideología atractiva y que también anunciaba su propio fin de la historia tras la victoria del proletariado. Aunque durante mucho tiempo fue una lucha equilibrada y de final incierto, para la década de 1980 la situación había cambiado radicalmente. Las dos grandes potencias comunistas habían iniciado su respectivo abandono del marxismo original: China, al iniciar reformas económicas que dejaban atrás el estatismo, abrazando fórmulas “liberales”; la Unión Soviética, bajo Mijail Gorbachov, comenzó su Perestroika y Glásnost que, si bien con final abierto, en la práctica decían adiós a décadas de sistema comunista en la Unión Soviética. El tema de fondo es que el marxismo leninismo era una ideología que no entusiasmaba a sus defensores que, en realidad, habían dejado de creer en ella.

Lo que vino después es relativamente conocido, aunque era imprevisible a mediados de 1989: a los pocos meses, el Muro de Berlín fue derribado y las tesis de Fukuyama parecían confirmarse. En Chile, poco después la democracia apareció restaurada y la economía de mercado, lejos de retroceder, se consolidó.

Como suele ocurrir, hubo detractores que se opusieron a Fukuyama por distintas razones. Algunos por diferencias ideológicas, otros porque tenían diferencias de carácter fáctico con él. El primer tema era el central para el autor del polémico artículo, por cuanto el orden práctico ya tendría su momento.

En cuanto a su artículo original, Fukuyama recordó que su artículo fue presentado como una pregunta y no como una afirmación, un punto de partida para la discusión.

Este 19 de septiembre tuve la oportunidad de participar en un interesante coloquio organizado por Iván Garzón y Jorge Giraldo, junto a un grupo de académicos de ciencia política, historia, filosofía y economía. El encuentro se tituló precisamente “A 30 años de The en of History? de Francis Fukuyama”, y tuvo lugar en la Universidad EAFIT, de Medellín. Comenzó con un saludo y reflexión del propio Fukuyama, grabado en video. Junto con señalar que en algunos aspectos fue mal comprendido, también advirtió temas que quedaron pendientes en su análisis. Aprovechó de explicar la evolución y complemento de sus ideas en los libros que escribió posteriormente: The end of History and The Last Man (1992), The Origins of Political Order: from Prehuman Times to the French Revolution (2011) y Political Order and Political Decay: from the Industrial Revolution to the Gobalization of Democracy (2014).

El pensamiento de Fukuyama tuvo dos modificaciones importantes en todos esos años. La primera fue comprender que desarrollar un estado moderno es mucho más difícil de lo que estimaba en 1989; la segunda fue la introducción del concepto de decadencia política, que implica que las sociedades no necesariamente van adelante en su modernización, sino que pueden volver atrás. Terminó llamando a no ser pesimistas “sobre la actual recesión global de la democracia”, frente al alza del populismo y los autoritarismos. En cuanto a su artículo original, Fukuyama recordó que su artículo fue presentado como una pregunta y no como una afirmación, un punto de partida para la discusión. 

El debate académico de Medellín tuvo muchos temas y presentó posturas contradictorias incluso en las tesis contrarias al pensador norteamericano, así como ante algunas de sus conclusiones. Por otra parte, hubo algunas críticas repetidas contra las actuales democracias y las economías de mercado vigentes en el mundo, además de discusiones culturales de carácter filosófico, histórico y politológico. De igual manera aparecieron reflexiones sobre algunas de las amenazas más visibles que enfrenta la democracia en la actualidad, entre ellas el populismo.

Creo que este tipo de iniciativas son una excelente oportunidad para aproximarse nuevamente a autores y documentos que han influido en el debate contemporáneo. Además es una nueva ocasión para analizar los factores que han llevado a un cierto tedio democrático, incluso a pensar en una crisis del sistema.

Es necesario mostrar que la democracia es un buen sistema hoy y que puede prestar un gran servicio hacia adelante.

Frente a ello, me parece que es necesario mirar las cosas en perspectiva. Por un lado, parece claro que no se ha levantado todavía una alternativa doctrinal o ideológica capaz de competir con la democracia como mejor forma de gobierno, con alcance universal, desde la perspectiva de las ideas (aunque tampoco en el orden práctico). Por otro lado, el populismo, las protestas, la falta de participación electoral y la crisis de los partidos muestran una época en que la democracia cuenta con menos adhesiones, carece de mística y parece transitar entre la rutina y una eventual decadencia.

Frente a esta realidad, las democracias y las economías de mercado podrían caer en la autocomplacencia -“no existe una forma mejor de organización política” o “hemos derrotado a todos nuestros adversarios”-, en vez de pensar seriamente en sus dificultades actuales y la forma de superar sus problemas y salir adelante. Para ello no basta con comparar su éxito frente a sistemas fracasados hace 75 o 30 años, sino que es necesario mostrar que la democracia es un buen sistema hoy y que puede prestar un gran servicio hacia adelante. Lo mismo ocurre con las economías de mercado, creadoras de riqueza, prosperidad y mejoramiento en las condiciones de vida de la población, pero siempre expuestas a la crítica y al malestar ciudadano, aunque no exista alternativa ideológica mejor. El caso de Chile parece ilustrativo en ambos aspectos, pues tanto el régimen político como el desarrollo económico-social presentan contradicciones y desafíos que no han sido contestados con la inteligencia, persuasión y convicción que se requiere.

La postura más auténtica y sensata exige capacidad de reinventarse, perfeccionar la praxis política y tener la capacidad de mostrar eficiencia y resultados. Paralelamente, las democracias y las economías de mercado requieren una adhesión intelectual de la población; de lo contrario es posible que las personas busquen sustitutos y no teman perder lo que se da por ganado.

La historia sigue su curso, aunque no sea en clave estrictamente hegeliana: sin embargo, es un hecho que las sociedades tienen problemas y esperanzas, sueñan con un futuro mejor y no les basta que comparen los éxitos relativos de la democracia y el mercado con los fracasos de todas las fórmulas alternativas.

Después de todo, el debate iniciado hace treinta años nos puede servir como punto de partida para la discusión, pero los desafíos actuales se refieren a las próximas tres décadas y las posibilidades reales de una vida mejor para millones de hombres y mujeres en distintas sociedades del mundo. Y esa tarea no es para un debate intelectual, sino para definir el presente y el futuro, con inteligencia y capacidad de superar los obstáculos surgidos al calor del populismo y la indignación

Las columnas de Opinión son presentadas por:
Ver más

También te puede interesar: