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Publicado el 20 de febrero, 2019

Alejandro Martini: Cómo matar el turismo en la zona lacustre

Este verano ha estado lejos de tener un saldo positivo. Y mientras sigamos así, no previendo las cosas, nada cambiará y el próximo verano vendrán menos visitantes. Sin turismo, Villarrica y Pucón prácticamente mueren.

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A esta altura de febrero ya no es novedad que durante esta temporada veraniega 2019 ha habido una evidente y considerable baja de turistas en la zona lacustre de La Araucanía, sobre todo en Villarrica y Pucón, lo cual ha ocasionado importantes mermas en las ventas del comercio, en los arriendos y la hotelería en general. Motivos para esta disminución hay varios. Algunos se generaron antes del inicio del verano mientras que otros durante la temporada.

Partamos por estos últimos. Sin duda que los cortes de luz han influido significativamente y en más de un sentido: se han cancelado reservaciones de cabañas y hoteles, ha habido turistas que han optado por irse antes del término de sus vacaciones porque la falta de luz ha colmado su paciencia y fundamentalmente se ha visto afectada el área gastronómica. Se han conocido casos de locales que han debido cerrar sus puertas en ciertos horarios, otros que han funcionado a media máquina, y otros que derechamente han perdido sus productos a causa del descongelamiento de éstos. A lo anterior hay que sumar la falta de agua, sobre todo en zonas rurales, donde ésta se extrae con motobombas, que sin electricidad obviamente no encienden. Y así otros problemas por la intermitencia del servicio. Asimismo, en tiempos en que a través de las redes sociales las noticias vuelan, resultó fácil que potenciales visitantes se enteraran de estos constantes y prolongados cortes de luz y decidieran preferir otros destinos.

Otros motivos que pueden explicar la baja de turistas son la contaminación del Lago Villarrica, atentados y ataques incendiarios relacionados a la causa mapuche y la mala fama que se ha hecho la zona lacustre por el mal estado de gran parte de sus caminos.

Lo del lago era predecible. Es lógico que los turistas no quieran venir de vacaciones a un lugar que se declaró como “saturado”. Y si no solucionamos ahora el problema, el Villarrica terminará convirtiéndose, sin exagerar, en un pantano que nadie querrá visitar ni menos conocer.

Con respecto a los atentados y la violencia rural, no es nada tentador venir a una región donde un grupo minoritario de gente radicalizada llama públicamente a movilizaciones y actos al margen de la ley, como tomarse caminos y predios, lanzar piedras a los vehículos (está el caso del chofer de un bus que  perdió la visión de uno de sus ojos por un criminal impacto en su rostro, a fines del 2018), además de ataques incendiarios constantes. Estos últimos, si bien son escasos en la zona lacustre, se produjeron cerca, como el que recientemente ocurrió en Panguipulli, donde un grupo, que se individualizó pro causa mapuche, incendió una bodega de lanchas y botes.

Lo del mal estado de los caminos es un problema que en algún momento iba a pasar la cuenta. Durante al menos los últimos cinco años las rutas de la zona lacustre fueron prácticamente un caos para todos, principalmente en verano. Los tacos eran pan de cada día y eso agota la paciencia de cualquiera. Pongámonos en el lugar de los turistas, por ejemplo, uno que viene de Santiago y que quiere salir de su ciudad, agotado de las congestiones vehiculares y que pretende “descansar”, pero que para llegar de Villarrica a Pucón demora, en determinados horarios durante el verano, entre una hora y a veces hasta 90 minutos en un camino de apenas 24 kilómetros. Ni hablar lo que sucede en la ruta hacia Licán Ray o hacia Caburgua, tacos casi interminables. Esto último, como propaganda, ha sido nefasto. El “boca en boca” puede resultar una horrorosa publicidad y, en el caso de la zona lacustre, durante los últimos años ha sido así, pese a todos sus muchos atractivos, los que, lamentablemente, se ven opacados o eclipsados por esta suma de problemas.

Asimismo, no debemos omitir los precios que se cobran (hotelería, gastronomía, supermercados, comercio), aunque esto último no es un tema específico de Villarrica y Pucón, sino de Chile en general: salir de vacaciones en nuestro país es caro, incluso viajar a ciertos lugares del extranjero cuesta lo mismo o más barato.

¿A quién culpamos por todo lo anterior? Por el tema de la luz, a las respectivas compañías de electricidad. Por la saturación del lago, a las autoridades de todos los colores políticos, tanto regionales como comunales (que, entre paréntesis, siguen autorizando construcciones, desmedidamente, a orillas del Villarrica), a empresarios inescrupulosos, a muchos habitantes de la misma zona que no cuidan el lago. También a los medios de comunicación locales, algunos porque omiten o le bajan el perfil al tema, y otros porque tal vez no fueron lo suficientemente insistentes o firmes a la hora de exponerlos.

Con respecto a los atentados y la violencia rural, los gobiernos, el actual y los anteriores, han sido tremendamente indulgentes con los violentistas, así como también los jueces. Y como van las cosas, pareciera ser que los grupos radicalizados tienen ya “chipe libre” para hacer y deshacer a su antojo. 

Finalmente, por el mal estado de los caminos y las congestiones vehiculares, acá la pelota se la chutean entre las autoridades locales y vialidad. Ninguno se ha hecho responsable durante los últimos años. ¿Se soluciona el problema con la doble vía Villarrica/Freire? Algunos apoyan el proyecto, otros se oponen. En todo caso, no sirve de nada tener doble vía si seguimos ahuyentando turistas como sucedió esta temporada.

En definitiva, este verano ha estado lejos de tener un saldo positivo. Y mientras sigamos así, no previendo las cosas, nada cambiará y el próximo verano vendrán menos visitantes. La fama de ser un destino atractivo irá en franco descenso y, a la larga, terminaremos matando el turismo y pasaremos a ser lo más parecido a unos pueblos fantasmas. No es una exageración: sin turismo, Villarrica y Pucón prácticamente mueren; sin comercio y sin ventas la gran mayoría estaría endeudado o derechamente quebrado. Asumimos que nadie quiere eso y que la gran mayoría desea que las cosas mejoren, pero enfrentando los problemas y no escondiendo la basura debajo de la alfombra. Todos debemos cooperar, todos tenemos cierta cuota de responsabilidad y hay que empezar por reconocerlo.

FOTO: HANS SCOTT /AGENCIAUNO

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