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Publicado el 09 de diciembre, 2018

Alejandro Martini: Bailando al ritmo de los terroristas y de la izquierda

Sebastián Piñera recibió el apoyo del 62,4% de votantes de La Araucanía, personas que confiaron en su discurso y promesas relacionadas con la violencia rural, dentro de las cuales se destacaban apoyo a las víctimas, respaldo a Carabineros, frenar el terrorismo y no cometer los mismos errores de su primer gobierno. Hoy ellos se sienten lisa y llanamente abandonados por el gobierno.

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El Presidente Piñera y su gobierno decidieron retirar de La Araucanía al denominado Comando Jungla, determinación que ha sido ampliamente criticada por sus propios votantes, sobre todo en la misma IX Región, donde en las últimas presidenciales obtuvo su máximo porcentaje de votos: un 62,4%.

 

¿Quiénes exigían la salida de este grupo táctico de la policía uniformada? Fundamentalmente la izquierda, el progresismo, organismos de Derechos Humanos, activistas ultra y las comunidades radicalizadas. Ejemplos: la diputada comunista Carmen Hertz y su partido; parlamentarios del Frente Amplio; el ideologizado Instituto Nacional de DD.HH; la familia del comunero Camilo Catrillanca, en particular su padre, Marcelo, el cual estuvo prófugo de la justicia durante varios años tras ser condenado por el delito de incendio en un fundo cercano a Ercilla y que fue detenido en el 2012, tal como lo informó la prensa en su momento. También miembros de la comunidad donde ocurrieron los hechos, la Temucuicui, que ha sido noticia desde hace largo tiempo por investigaciones por robo de ganado, de vehículos y de madera; continuos bloqueos de caminos; homicidio frustrado contra un equipo periodístico de TVN; agresiones a voluntarios del Censo 2017; acusaciones de quemar iglesias; incluso su werkén, Jorge Huenchullán, fue condenado por la justicia luego de que él mismo reconociera el delito por el cual fue juzgado (en su casa fue decomisada una gran cantidad de marihuana, avaluada en un monto cercano a los 140 millones de pesos). En fin… la exigencia de estos grupos fue cumplida al pie de la letra por el Primer Mandatario, tal como un dócil cachorro obedece una orden. Fue ante los anteriormente descritos ante quienes Piñera cedió al retirar al Comando Jungla, aquél cuyos primeros miembros que recibieron entrenamiento en Colombia fueron enviados durante el gobierno de Michelle Bachelet, hoy Alta Comisionada de DDHH de la ONU y que, con total desparpajo, pide que se haga justicia en el caso Catrillanca.

 

Sebastián Piñera se está dejando presionar por una minoría violentista y por supuestos líderes mapuche que se autodesignan una representación que nadie en su pueblo les has dado.

 

Incluso la cara más visible de la CAM, Héctor Llaitul, el mismo que hace un tiempo, durante una charla en una universidad de Temuco, homenajeó abiertamente el primer ataque incendiario contra camiones perpetrado en La Araucanía, comentó que el retiro del citado grupo de Carabineros es “un síntoma del fracaso” del actual gobierno. Y cuando el vocero de un grupo radicalizado, cuyos miembros debiesen estar condenados por su actividad terrorista, se da el lujo de enrostrarle al presidente de Chile el desastroso manejo que ha tenido en La Araucanía, significa entonces que ya no se puede caer más bajo.

 

Sebastián Piñera recibió las preferencias de personas que confiaron en su discurso y promesas relacionadas con la violencia rural, dentro de las cuales se destacaban apoyo a las víctimas, respaldo a Carabineros, frenar el terrorismo y no cometer los mismos errores de su primer gobierno. En palabras simples, preocuparse, con especial atención y sin ambigüedades, de las inquietudes y demandas de sus votantes en La Araucanía, los mismos que hoy, mayoritariamente, están decepcionados y que sienten, con justa razón, que ha faltado lealtad de su parte. Algunos, incluso, se sienten lisa y llanamente abandonados por este gobierno.

 

De manera mayoritaria, los mapuche están en contra del terrorismo y no se sienten ni remotamente representados por las comunidades radicalizadas ni por grupos como la CAM ni tampoco por las demandas autonomistas.

 

La Araucanía, que tiene la mayor población mapuche de Chile, es una región predominantemente de derecha. Reflejo de ello son algunos contundentes resultados electorales: el Sí ganó con un 54% en el plebiscito del 88; Joaquín Lavín con un 57% ante Ricardo Lagos el 99; Piñera con el 54% en segunda vuelta ante Bachelet el 2005; el mismo Piñera con casi un 58% ante Frei el 2009, y la ya mencionada amplia victoria del año pasado ante Alejandro Guillier.

 

A estas cifras, hay que agregar una encuesta realizada por la Universidad Católica a mediados del 2017, la cual mostró que un 77% de los mapuche rechaza los atentados y ataques incendiarios. En otra encuesta, efectuada en la IX Región por otra universidad, los resultados arrojaron que un 71% de los mapuche desaprueban el uso de la violencia como opción de lucha. Es decir, de manera mayoritaria, los mapuche están en contra del terrorismo y no se sienten ni remotamente representados por las comunidades radicalizadas ni por grupos como la CAM ni tampoco por las demandas autonomistas de personajes tan resistidos y criticados, por su propio pueblo, como Aucán Huilcamán y otros similares.

 

Y aquí, en este punto, radica el gran error que está cometiendo Sebastián Piñera: se está dejando presionar por una minoría violentista y por supuestos líderes mapuche que se autodesignan una representación que nadie en su pueblo les has dado. Al ritmo de esa minoría, que pisotea a las comunidades pacíficas y trabajadoras; que es capaz de agredir, amenazar e incluso matar a gente de su propia sangre indígena (como en el caso del brutal homicidio de Osvaldo Antilef a manos de un grupo de comuneros liderados por un familiar de dos de los condenados por el asesinato del matrimonio Luchsinger Mackay -los cuales hoy, incomprensiblemente, están prófugos sin cumplir su sentencia a cadena perpetua); que justifica a extremistas como Héctor Llaitul; que apoya a criminales como Celestino Córdova; que aún cree en personajes ambiciosos y cínicos que usan el nombre de su pueblo para beneficio exclusivamente propio; que exige escaños reservados en el Congreso porque son incapaces de lograr simpatías ni adhesiones masivas al interior de su propio pueblo y pretenden obtener por secretaría lo que no ganan en la cancha; en definitiva, al compás de esa minoría, que además es respaldada por la ultra izquierda y el progresismo, está bailando actualmente el Mandatario de Chile.

 

Señor Presidente, por favor no más errores. Ya suficiente tenemos con la impunidad de la que goza el terrorismo y con la indulgencia de gran parte de los jueces, como para más encima permitir que se siga hipotecando el futuro de La Araucanía y, sobre todo, que sea esa minoría radicalizada la que ponga las reglas en la región.

 

*El autor es vicepresidente de la Multigremial de La Araucanía

FOTO: AGENCIAUNO

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