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Publicado el 22 octubre, 2020

Alejandro Fernández: ¿Apruebo o Rechazo? Una duda razonable

Director Ejecutivo Fundación Pacto Social Alejandro Fernández

De lado y lado encontraremos personas que quieren recuperar el orden y la paz social, fortalecer el Estado de Derecho, así como también resolver los distintos problemas sociales que aquejan a las personas de nuestro país. Esto no es simple ingenuidad, sino todo lo contrario. Es tener sentido de realidad y evaluar los riesgos de cada opción. Ingenuidad es pensar que alguno de estos caminos significará una solución fácil.

Alejandro Fernández Director Ejecutivo Fundación Pacto Social
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La decisión ciudadana que tomaremos este domingo es, sin duda, la más significativa que nos ha tocado enfrentar desde la vuelta de la democracia. En ese contexto, me sorprenden aquellas personas que tienen tan claro su voto desde noviembre del año pasado. Me sorprende cómo han podido tan rápidamente analizar la crisis política y social, estudiar la Constitución y tener un diagnóstico sobre sus virtudes y defectos, así como los posibles efectos que puede tener cada una de las alternativas del plebiscito.

Tuve la suerte de estudiar Derecho Constitucional en la universidad. He trabajado en dos gobiernos, donde me ha tocado conocer de cerca el funcionamiento del Estado y el Congreso. Además, en mi rol de secretario ejecutivo de la Comisión de Coordinación del Sistema de Justicia Penal, trabajé con otros órganos del Estado como el Poder Judicial, el Ministerio Público y Carabineros. Además, fui director ejecutivo de un centro de estudios que ha tomado muy en serio la discusión constitucional, con publicaciones sobre la materia por varios años. A partir del acuerdo de noviembre, he leído y releído alrededor de 20 libros y artículos sobre nuestra historia constitucional, propuestas de reformas, experiencia comparada y clásicos como El Federalista. Y como sé que estoy lejos de ser un experto en la materia, participo regularmente en seminarios y converso con prestigiosos académicos de diversas corrientes de pensamiento.

Sin embargo, y pese a todo, sigo indeciso. Porque detrás de la caricatura, las utopías y los pronósticos fatalistas, hay razones honestas y legítimas para optar por una u otra opción. Quien elige no iniciar un proceso de nueva Constitución no significa que quiera un país injusto y desigual, ni aquellos que sí quieren iniciar este proceso son simplemente personas que apoyan la violencia y esperan instaurar un régimen socialista.

De lado y lado encontraremos personas que quieren recuperar el orden y la paz social, fortalecer el Estado de Derecho, así como también resolver los distintos problemas sociales que aquejan a las personas de nuestro país. Esto no es simple ingenuidad, sino todo lo contrario. Es tener sentido de realidad y evaluar los riesgos de cada opción. Ingenuidad es pensar que alguno de estos caminos significará una solución fácil.

El Apruebo ofrece una ruta acordada por la clase política, cuyo destino es muy incierto y traerá costos en el corto plazo. Además, el clima político no garantiza un buen nivel de debate ni una buena propuesta de Constitución, y el resultado puede ser transformarnos en un país peor del que éramos antes del estallido.

El Rechazo, por su parte, también implica severos riesgos. En ningún caso significa volver al Chile anterior al 18 de octubre, como muchos quisieran. El cuestionamiento a la Constitución continuará -lo que ha llevado a que el Congreso y el Poder Judicial cada día la respete menos y el Gobierno no la defienda-, así como también el desprestigio y desconfianza a nuestras principales instituciones, sin las cuales resulta imposible el funcionamiento de un Estado de Derecho. De ganar esta opción la presión vuelve al Gobierno, quien tendrá la responsabilidad de conducir la crisis social e institucional. No es para nada claro que vaya a tener dicha capacidad que no mostró hace un año. Tendrá que dar respuestas a las demandas sociales ahora (“¿para qué esperar dos años?”) y de fracasar, esta vez no se vislumbran otras salidas institucionales como el plebiscito.

Por todo lo descrito, creo que es importante que consideremos de buena fe los argumentos de las otras personas y no asumamos siempre la peor versión. El lunes 26 de octubre necesitamos volver a dialogar y reconstruir las confianzas, porque de lo contrario sí tenemos garantizado un resultado: un peor país. De nosotros depende que no suceda, y para ello es un buen inicio recordar que tanto Apruebo como Rechazo son alternativas legítimas.

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