El estallido de la guerra por la invasión de Rusia a Ucrania concentró el interés de los medios en aquella, con lo que apareció una pausa mediática en la convención constitucional, la cual continuó con las votaciones sobre distintos artículos que se pretenden incorporar en la propuesta de texto de nueva constitución. Sin embargo, en ella continúa la aplicación de un articulado caracterizado por la mayoría de extrema izquierda, la que no refleja el balance político que existe actualmente en el país, a la luz de los resultados de los últimos concursos electorales que se observaron en materia presidencial y parlamentaria. Se trata de un texto que no representa a la mayoría, no es moderado ni recoge una visión de largo plazo para la organización política y económica de la sociedad en que vivimos.

En el intento de imponer las ideas de un segmento, que se basa en una mayoría circunstancial, han aparecido importantes grupos de la sociedad que critican duramente el trabajo de lo que se ha ofrecido hasta aquí y advierten el carácter extremo y totalitario de muchas propuestas, tales como el derecho a la propiedad privada, la libertad de expresión, la existencia de justicia paralela, la organización del estado, el intento de eliminar el Senado. Esto encubre el propósito de obtener más poder para los grupos extremos, menos libertad para aquellos que no comparten ese tipo de sociedad y una seria amenaza a la democracia representativa que se ha construido en Chile en las últimas décadas. Aparece, además, la amenaza de falta de gobernabilidad para un gobierno que recién empieza.

De ahí la decepción de amplios segmentos que aprobaron la idea de un cambio constitucional que no solo aportara las bases para un país distinto, con más estabilidad y equidad, sino que también proyectara el país al desarrollo en los próximos 40 años. El inicio de las votaciones en general y particular que en distintos temas están presentando los comités de la convención constitucional dejan marcado el carácter antidemocrático y claramente totalitario de una mayoría extrema que controla esa entidad, mayoría que se construyó en forma circunstancial en un plebiscito originado en el llamado Acuerdo por la Paz, del 15 de noviembre de 2019. El origen, por tanto, de la convención constitucional es la amenaza de violencia que azotaba el país en esa fecha.

Claramente los términos que dieron lugar a ese acuerdo no han sido cumplidos, porque en ciudades y regiones del país las actividades se desarrollan aún bajo la amenaza de la violencia, con el esfuerzo estéril de las autoridades para detenerlo y sin la decidida acción de los grupos políticos de izquierda democrática, que recién tímidamente comienzan a balbucear su rechazo al tenor marxista y violento de lo que se trata de instalar como medio representativo de la organización de la sociedad. No es la casa para todos, como se prometió el 15 de noviembre de 2019, sino más bien un traje a la medida para la vociferante mayoría que controla la convención constitucional.

La trayectoria de la economía continúa mostrando desequilibrios, particularmente la inflación, cuyas expectativas se encuentran desancladas, lo que significa que continúan alejándose del rango meta por la falta de apoyo de la política fiscal. Será, por ende, una de las más urgentes tareas del nuevo ministro de Hacienda formular un programa fiscal consistente con expectativas de inflación a la baja.

La guerra en Ucrania plantea nuevos desafíos a este objetivo, por el impacto en el precio del petróleo y los sucesivos que ocurren: desde la bencina a los costos del transporte y a los demás bienes, entre ellos los alimentos. Por lo tanto, el control de la inflación desde las políticas domésticas, monetaria y fiscal, es clave, en un escenario de bajo crecimiento, con el efecto adicional de desaceleración de la actividad económica mundial a causa del conflicto bélico. 

Será interesante observar el IPOM de marzo junto con las cifras de cuentas nacionales, que se entregarán en forma separada, para una proyección más precisa de la inflación esperada como asimismo el crecimiento del PIB y de la inversión para el presente año.

*Alejandro Alarcón es economista

Deja un comentario

Cancelar la respuesta