La evolución política del país en la primera semana en que el nuevo gobierno ejerce el poder ha estado marcada por la convención constitucional (CC) y algunos anuncios de las nuevas autoridades. La nueva ministra del Interior Izkia Siches anunció, por una parte, el retiro de las querellas que por la ley de seguridad interior del estado a los llamados “presos de la revuelta”, lo que ha generado una sensación de impunidad, y de desafección en cientos de miles de ciudadanos, que vieron que aquellos que robaron, quemaron y vandalizaron sus propiedades podían quedar libres e impunes, bajo el pretexto del “encuentro” de todos. A continuación, a mitad de semana, se dirigió a la comunidad de Temucuicui, invitada por Marcelo Catrillanca, uno de sus líderes. Lamentablemente fue recibida a balazos, con vías interrumpidas y vehículos quemados. Naturalmente la ministra tuvo que emprender la huida, ante tan incómoda y peligrosa  situación. La autoridad  se negó a hacer denuncias, insistiendo en su política de diálogo, en detrimento de no utilizar los instrumentos que las leyes, la Constitución y la democracia le permiten para recuperar el estado de derecho.

Pésimo comienzo para la máxima autoridad en materia seguridad pública, lo que remató al hablar de “los presos políticos mapuches”. En Chile no hay presos políticos, y ella lo debiera saber.

En cuanto a la CC, no podemos decir que la trayectoria extrema de variadas propuestas redactadas en las comisiones continúa: se han aceptado indicaciones provenientes de la centroderecha, Independientes No Neutrales y el Colectivo Socialista, como por ejemplo en el llamado nuevo sistema político, que ha intentado eliminar el Senado de la República; se cambió a Cámara Territorial, y se le están incluyendo nuevas atribuciones, que le permitirían mantener sus atribuciones revisoras y legislativas. Este nuevo ambiente cambia el tono que se había observado hasta aquí, y se ha extendido a otras comisiones, provocando la molestia de la extrema izquierda. Sin embargo, se aprobó en el plenario de la convención un articulado que permite el aborto libre, sin límites y financiado por el estado, que no representa  en forma amplia y genuinamente a la población, sino más bien a un grupo con sesgo ideológico en esta materia.

Veremos además qué ocurre con las votaciones de muchas de estas materias, con fuerte carga ideológica, en el pleno de la CC, donde se requieren 2/3 de los votos para ser incluidas en el texto de la propuesta de constitución.

La pretensión del Partido Comunista y los grupos que articula de pasar por encima de todo, con una opción refundacional, ha quedado momentáneamente, en algunos casos suspendida. Ha sido la reflexión de la centroizquierda democrática la que ha provocado este cambio, que uniéndose a la centroderecha ha provocado una pequeña luz de esperanza ante una trayectoria que se dirigía a un “mamarracho” de proposición de nuevo texto constitucional.

Respecto al ministro de Hacienda, aún no conocemos un plan de estabilidad fiscal, por cuanto la trayectoria de la inflación indica que las expectativas de aquella aún se encuentran desancladas. Creo que el solo ejercicio de la política monetaria no es suficiente para cambiar la trayectoria hacia el rango meta, y por tanto la ausencia de disciplina fiscal podría provocar inflación de dos dígitos y más. Aparecen las voces que insinúan que podemos tener más inflación a cambio de más actividad y empleo, materia que ha sido probada ser totalmente equivocada. Dicho trade-off o intercambio no existe.

En resumen, durante esta primera semana  del nuevo gobierno observamos aspectos de desestabilización en lo político y en lo económico. Por el bien de Chile espero que aquello sea corregido, aunque sospecho que estoy pecando de un excesivo optimismo.

*Alejandro Alarcón es economista.

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