Un par de episodios durante las últimas  semanas que involucraron al presidente electo grafican el carácter ambivalente de éste y han contribuido a que se mantenga la incertidumbre de cuál será el itinerario político y económico de su gobierno.

Por un lado, Boric solicitó al Senado que apruebe la ley de indulto para los llamados presos de la revuelta, sin hacer ninguna precisión de aquellos respecto si están condenados o no. Esto es especialmente grave por cuanto el planteamiento recoge las presiones de las agrupaciones que se han hecho presentes en “La Moneda chica” y las declaraciones del presidente del Partido Comunista (PC), quienes buscan un indulto general.

Recientemente, el senador Huenchumilla presentó una indicación donde transforma el proyecto de indulto general hacia uno de amnistía, incluyendo un catálogo de delitos tales como homicidio frustrado, porte de implementos para incendiar, entre otros. Todo esto, se transforma en una grave señal para el orden y la paz, en momentos que en la región de La Araucanía y en la provincia de Arauco, solo en el mes de enero ya van cuatro asesinatos.

Al ser consultado por dirigentes de Chile Vamos respecto al Estado de Emergencia, el presidente electo respondió que no estaba por renovarlo en la zona macro sur.

La impunidad que se busca, además de no respetar las decisiones de otros poderes de la república, apuntan a debilitar el Estado de Derecho. También son una amenaza al mismo Boric, al utilizarse la calle para el logro de ese objetivo, lo que claramente subvierte el orden público y acrecienta la incertidumbre.

Al presidente electo se le acaba el tiempo y frente a ese dilema tendrá que optar. A él lo protege la ley y el orden, por tanto, si no detiene el anarquismo, tendrá serios problemas de gobernabilidad.

La exposición de Boric en la Enade causó muchas expectativas de moderación del próximo primer mandatario. Se refirió a la estabilidad fiscal, incluso un cierto compromiso con un 4% de déficit máximo, pero nuevamente no detalló la estructura de una reforma tributaria; habló de crecimiento e inversión, pero tampoco detalló los planes a este respecto.

Una vez nombrado el ministro de Hacienda, lo que esperamos en la profesión es que se indique a la brevedad qué se hará con la inflación creciente que enfrenta el país y cómo se contendrá el gasto público, que dificulta la trayectoria de control de la liquidez a través de sucesivas alzas de la tasa de política monetaria, incluyendo una adicional a fines de este mes, la cual puede corresponder a 125 puntos básicos por lo menos, y las siguientes que buscan enfriar el calentamiento de la economía, los planes de incentivos a la inversión y al crecimiento. Si aquello no se enfrenta, los anuncios de cambios partirán truncados desde el comienzo.

Pese a la expansión del Ómicron en el mundo, el crecimiento global está calculado en un guarismo cercano al 4% este año, ciertamente una cifra que serviría a nuestro país en su proceso de recuperación pero que requiere solucionar los problemas de desequilibrio macroeconómico incubados y enumerados anteriormente.

El nombramiento de Mario Marcel como ministro de Hacienda pone un cierto balance frente al complicado panorama político que enfrenta el Presidente electo, amenazado desde el comienzo por una crisis de gobernabilidad.

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