Continúan los ecos de la elección presidencial, lo que es habitual observar después de un concurso de esa naturaleza, en cualquier país donde existe la democracia como mecanismo civilizado que permite dirimir las diferencias al interior de la sociedad.

Como hemos dicho en este mismo espacio, el volumen de la votación del candidato de la izquierda Gabriel Boric fue muy alto, lo que lleva a la conclusión que su tono moderado, después del mensaje que recibió con el resultado de la primera vuelta, fue aceptado por amplios sectores que le creyeron, y que los temores a la violencia y a la delincuencia pasaron a una consideración de segundo orden.

Por tanto el triunfo de Boric será escrutado en primer término por las altas expectativas, que él mismo generó, con una oferta de bienes y servicios suministrados por el Estado a su vez financiado con gasto público, impuestos (incluyendo el impuesto inflación) y deuda pública (impuestos futuros). Hasta aquí no se ha hablado de recaudación, pese a los fracasos observados en gobiernos de izquierda anteriores, que tras pomposos anuncios de reforma tributaria no pudieron financiar los programas públicos ofrecidos. Hay experiencia sobre eso.

Ahora pronto conoceremos el gabinete que acompañará al primer mandatario, y ya el presidente del PC nos notificó a todos, incluyendo desde luego al Presidente electo, que lo que se debe cumplir es el programa de aquella coalición, que obtuvo un 25% en la primera vuelta, que perdió las elecciones primarias, y que obligó a una vuelta de carnero mayor al candidato de la izquierda, en una metamorfosis que quedará en los libros de historia.

Una inmensa mayoría de ciudadanos, empresas pequeñas, medianas, grandes y extranjeras esperan un ministro que esté a la altura del desafío, que restablezca los equilibrios producidos en la macroeconomía, que enfrente con decisión y profesionalismo la inflación, como hasta aquí lo está haciendo solo el Banco Central.

También la inestabilidad producida por el enorme déficit fiscal, que se traducirá de continuar esa tendencia disruptiva, en que la deuda pública representará mas del 50% del PIB en 2024. Las agencias internacionales de clasificación de deuda llevarán la nota del país a una más mala, con el consiguiente mayor costo para el fisco de pago de intereses y menor acceso a los mercados de capitales extranjeros. En definitiva, menor ahorro externo para financiar la inversión en Chile.

También, se debe restablecer la trayectoria del dólar a una que no esté amenazada por la inestabilidad política, y que ha provocado una fuga de capitales mayor -calculo unos 50.000 millones de dólares en las últimas semanas-. En definitiva, una que incentive un mayor crecimiento y pueda evitar la caída de la inversión, anunciada por el Banco Central para el presente año.

El crecimiento no solo es positivo para mayor bienestar de todas las familias, sino que también genera empleos de calidad y mayor recaudación fiscal para financiar bienes públicos, como los que se están ofreciendo.

El nuevo primer mandatario tiene la palabra.

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