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Publicado el 11 de marzo, 2019

Alejandro Alarcón: La reforma previsional

Economista Alejandro Alarcón

Debe aumentarse sustancialmente la cotización para consolidar el sistema, siendo un punto muy importante conocer el impacto del aumento en la tasa de cotización que tendrá en el mercado laboral y por ende sus efectos en la tasa de desempleo.

Alejandro Alarcón Economista
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Hace pocas semanas el Presidente Piñera envió al Parlamento un proyecto que busca reformar el sistema previsional que rige para la mayoría en Chile desde el año 1981. Este modelo de capitalización individual se basa en que quienes son la parte de la fuerza de trabajo y, por ende, reciben una compensación por ello, deben ahorrar en una cuenta individual, que a su vez se invierte en el mercado de capitales, de tal forma que los fondos ahorrados se devuelven al momento de jubilar. Por el contrario, en un sistema de reparto, que existió en Chile antes de la apertura del sistema de capitalización, quienes integran la fuerza de trabajo pagan impuestos que se acumulan en su mayor parte en compañías estatales, quienes reparten la recaudación una vez que los individuos jubilan.

En el último tiempo se ha producido un debate en el país, donde algunas organizaciones políticas y algunos partidos políticos han promovido la idea de terminar con el sistema de capitalización individual, proponiendo la eliminación de las empresas privadas que administran los fondos capitalizados (AFP) y la restitución de un sistema de reparto, que en el pasado quebró.

El sistema de capitalización surge porque en una gran parte de las sociedades del mundo no existen incentivos claros para ahorrar para la vejez y presupone que el Estado se hará cargo de los jubilados, sobre todo aquellos más pobres. Esta es la razón por la cual en aquellos países donde no existen sistemas de capitalización hay enormes déficits públicos asociados al financiamiento de la previsión social. Asimismo, al no estar los beneficios de la jubilación ligados al esfuerzo de las personas en un sistema de reparto, diversos grupos de interés en la sociedad buscan administrar esos fondos para beneficiar a determinados grupos. Por otra parte, en los sistemas de capitalización individual aumenta el ahorro doméstico y, por lo tanto, aumenta la inversión, lo que conlleva a que los países exhiban mayores tasas de crecimiento sostenibles en el tiempo.

¿Por qué entonces hay críticas? Primero, por motivos ideológicos de sectores de la sociedad que descalifican al capitalismo y buscan organizar al país en torno a teorías socialistas. Segundo, porque existen ciertos parámetros que han probado ser insuficientes para producir rentas de jubilación razonables en algunos segmentos de la sociedad. Las dos razones fundamentales aquí son la baja tasa de cotización individual (10%) y las llamadas “lagunas”, que implican que muchos trabajadores ahorran periodos insuficientes para un volumen de ahorro importante a ser utilizado en la vejez.

Es precisamente en el mercado inmobiliario donde se pueden generar nuevas ideas para financiamiento complementario de la vejez.

El proyecto de ley que conocemos pretende aumentar la cotización individual, en un principio hasta un 14% con cargo a los empleadores, pero en los últimos días ha ido germinando la idea que el aumento debe ser hasta un 18%, también con financiamiento de los empleadores y, en línea con los estándares de la OCDE. Probablemente este será uno de los temas más debatibles en el Parlamento, pero a mí me parece que debe aumentarse sustancialmente la cotización para consolidar el sistema, siendo un punto muy importante conocer el impacto del aumento en la tasa de cotización que tendrá en el mercado laboral y por ende sus efectos en la tasa de desempleo.

Por otra parte, los fondos acumulados en las AFP han servido para financiar la vivienda de millones de chilenos a través del financiamiento hipotecario. Eso les ha permitido financiar el sueño de la casa propia y un porcentaje sustancial de aquellos, una segunda vivienda para descansar. Es precisamente en el mercado inmobiliario donde se pueden generar nuevas ideas para financiamiento complementario de la vejez. En otras latitudes se ha desarrollado la hipoteca inversa, que permite transformar un patrimonio en rentas destinadas a la vejez. Para ejemplificar, pensemos en un matrimonio que contrata con una entidad financiera una hipoteca inversa de su bien raíz, que puede estar completamente pagado o no, de tal manera que la entidad cancela una renta de arriendo a los jubilados hasta que completan su periodo de vida. Por cierto que los incentivos deben provenir de exenciones tributarias para aquellas rentas y, sobre todo, permitir a los fondos de inversión que emitan títulos a favor de estos activos de manera que las mismas AFP puedan invertir en ellos y, por ende, mejorar su rentabilidad. Este sistema ya se utiliza en Inglaterra, Europa y EEUU. En Chile es todavía un producto incipiente, pero sin duda la transformación de patrimonios en flujos para los jubilados mejorará sus ingresos notablemente.

El peor error para Chile y su gente sería volver a un sistema de reparto. Hay que mejorar el sistema de capitalización, para obtener mejores jubilaciones y en el intertanto, el Estado tendrá que apoyar a aquellos que tienen pensiones bajas.

 

 

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